“La colocación de producto innovador en mercados internacionales es una estrategia de éxito”

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Ignacio Garamendi, director de Desarrollo de Negocio de la IAB de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), destaca en este artículo que “la innovación no es una opción para la industria de alimentación y bebidas, sino una exigencia necesaria para hacer frente a un mercado global cada vez más competitivo”

Como primer sector industrial del país, la industria de alimentación y bebidas es un actor clave en el crecimiento económico dentro y fuera de España. Desde siempre, y especialmente en los últimos años, ha desempeñado un rol esencial en la sostenibilidad económica nacional como claro generador de empleo y riqueza, y vertebrador del territorio a través de las 30.000 empresas que conforman el sector.

Para garantizar su competitividad y su correcta respuesta a las necesidades y demandas del consumidor, el sector desarrolla su actividad atendiendo siempre al contexto que le rodea, ya sea económico, social, medioambiental, etc. En este sentido, la globalización y la crisis económica nos han dejado unas nuevas reglas de juego sin referencia sobre el pasado. Los mecanismos de supervivencia y de crecimiento de las empresas ya no se basan exclusivamente en criterios operativos financieros, sino que han introducido una relación directa entre el papel fundamental de la innovación, la creación de valor innovador a través de la cooperación y la mejora del rendimiento empresarial.

Está plenamente demostrado que la innovación plantea ventajas competitivas claras, más aun cuando se trata de competir en mercados globales e internacionalizados donde el riesgo de commoditización está presente. Las economías menos avanzadas que se basan en recortes de márgenes y costes tienden a este riesgo.

La crisis ha cambiado las reglas del juego y nos ha demostrado que la colocación de producto innovador en mercados internacionales es una estrategia de éxito para adaptarse al cambio, en la medida que la empresa se adapta a un consumidor globalizado que dinamiza el mercado

La visión de la inversión cortoplacista suele entender la I+D como un recorte de beneficios, sobre todo porque es difícil medir el impacto a largo plazo en las inversiones individuales de I+D. Sin embargo, el cambio que hemos sufrido demuestra que sí es posible maximizar el retorno de la inversión, optimizar los recursos humanos disponibles y mantener el riesgo financiero, al tiempo que impulsamos y favorecemos el clima necesario para desarrollar la innovación.
La crisis ha afectado a las innovaciones, especialmente de empresas pequeñas, en muchos casos altamente innovadoras. Estas han acusado las dificultades de apoyo financiero que necesitan para seguir manteniendo vivo su pipeline de proyectos, cuando realmente son las empresas más innovadoras las que se mantienen mejor en niveles de competitividad, rendimiento económico y productivo.

Cuando una empresa realiza esfuerzos para invertir en I+D, genera a corto plazo grandes flujos de conocimiento que serían imposibles por otra vía: conocimiento de alto valor, calidad y utilidad. Al mismo tiempo, grandes oportunidades al acceder a mercados internacionales con productos competitivos e innovadores.

Es por ello que las empresas que invierten en I+D+i tienen mayor presencia en los mercados internacionales a través de nuevos diseños de producto con incrementos de valor y calidad, mientras que aquellas que no lo hacen tienen mayor penetración en mercados locales y se empeñan generalmente en reducir costes y buscar mejoras en procesos de producción.

Por lo tanto, competir en un mercado global, demuestra que el perfil del consumidor también está cambiando. Por un lado, aparece un consumidor que apuesta por precios bajos y otro que pide productos innovadores (singles, seniors, personas con diversas patologías, etc.).

El acercamiento entre el mundo académico, científico, empresarial y de la administración es ya una realidad, en parte gracias a herramientas como la Plataforma Food for Life-Spain, de la FIAB. Donde antes descubríamos amenazas, hoy encontramos oportunidades para una colaboración eficiente y dinámica

El consumidor hoy está dispuesto a pagar más si detecta el beneficio real de la innovación y del producto. Esto abre el mercado a nuevos escenarios de competencia y a tecnologías diferenciadas, y al mismo tiempo, se genera conocimiento y demanda para la creación de nuevos productos.

En conclusión, la crisis ha cambiado las reglas del juego y nos ha demostrado que la colocación de producto innovador en mercados internacionales es una estrategia de éxito para adaptarse al cambio, en la medida que la empresa se adapta a un consumidor globalizado que dinamiza el mercado. Sin embargo, el consumidor individual también es parte del cambio y cada vez tiene más implicación el ciudadano y la sociedad como elemento decisor. Por ello, estamos afrontando el reto de la comunicación en la innovación.

Es clave que la sociedad sea consciente del liderazgo innovador de la industria de alimentación y bebidas como sector y debemos transmitirlo más allá de lo atractivo de un envase o del marketing del producto. Una oportunidad que genera un gran valor añadido y un apasionante camino en el que estamos implicados como industria.

La industria de alimentación y bebidas ha sabido detectar los cambios en el escenario en el que desarrolla su actividad, y ha consolidado su compromiso con la I+D+i asumiendo su responsabilidad en este aspecto también con la sociedad.

El acercamiento entre el mundo académico, científico, empresarial y de la administración es ya una realidad, en parte gracias a herramientas como la Plataforma Food for Life-Spain, de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB). Donde antes descubríamos amenazas, hoy encontramos oportunidades para una colaboración eficiente y dinámica con el objetivo común de promover el desarrollo de nuevas tecnologías, ideas y técnicas que contribuyan al progreso y desarrollo de la sociedad.

La innovación no es una opción para la industria de alimentación y bebidas, sino una exigencia necesaria para hacer frente a un mercado global cada vez más competitivo y comprometido con el progreso y la sostenibilidad. Esta tarea se completará cuando consigamos hacer de la innovación un activo transversal, donde la suma del esfuerzo y colaboración de todos los eslabones de la cadena alimentaria ayuden a hacer del sector un entorno dinámico y generador de economía del conocimiento.

Ignacio Garamendi, director de Desarrollo de Negocio de la IAB de FIAB

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