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“El crecimiento empresarial es fundamental para la sostenibilidad del sector”

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Isabel Bombal Díaz, directora general de Industria y Mercados Alimentarios del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, explica en esta entrevista las potencialidades de la industria agroalimentaria española, los esfuerzos que realiza la Administración para redimensionarla, el apoyo a la I+D+i y la oportunidad que representa la Presidencia Española en la Unión Europea para apoyar un aumento de la competitividad de nuestra industria en este mundo cada vez más globalizado.


 

Felicitaciones, antes que nada, por su nombramiento como directora General de Industria y Mercados Alimentarios. ¿Cuáles van a ser las líneas maestras que va a desarrollar en este cargo?

 

-Las líneas maestras están marcadas por la Presidencia Española en la Unión Europea. Ahora mismo, nos vamos a centrar en las prioridades para la presidencia que, en el marco de mi Dirección General, se basan en la competitividad de la industria agroalimentaria, que incluye distintas líneas de actuación. Ahora mismo en Bruselas hay una gran actividad con el grupo de alto nivel de la competitividad de la industria, con la presentación de la comunicación de la Comisión para el mejor funcionamiento de la cadena. Y, luego, para transferir aspectos colaterales que, aunque no dependen exclusivamente de nuestra proposición ni de nuestra competencia, sí que lo trabajamos con otros ministerios, como es lo relativo al etiquetado y la información al consumidor.

Por otro lado, está la política de calidad de productos agrícolas, que también está en fase de elaboración de propuesta legislativa en Bruselas y que va a suponer grandes cambios pues definirá toda la política de calidad, tanto diferenciada como comercial. Y luego están los aspectos básicos, como la internacionalización, la investigación y la innovación, las relaciones entre competitividad y competencia, el crecimiento en dimensión y tamaño de las industrias, la profesionalización y la comunicación y visibilidad.

 

¿Cómo son en este momento las relaciones entre la industria alimentaria y el MARM? ¿Qué quedaría por mejorar?

-Son unas buenas relaciones de trabajo conjunto, como no podría ser de otra forma. Creo que en la Administración estamos precisamente para servir a los ciudadanos. En mi caso concreto, parte de nuestros clientes (en el sentido más moderno del término) son las industrias agroalimentarias. Por tanto, las relaciones son de colaboración y trabajo en conjunto. Evidentemente, no siempre tenemos los mismos puntos de vista, pero sí tenemos una relación muy fluida, de trabajo permanente y constante con los distintos interlocutores, entre los que también están la FIAB, asociaciones sectoriales y cooperativas agrarias. Al final estamos en el mismo barco: queremos mejorar la situación del sector agroalimentario. Ellos y nosotros.

 

¿Cuál es la salud de la industria alimentaria en nuestro país?

-La industria es un sector absolutamente estratégico que, además, ha puesto de manifiesto su fortaleza y su enorme potencial en estos momentos de crisis y dificultades económicas. Es el sector industrial que mejor está respondiendo a la crisis en España. Además, supone el 17% del producto industrial y un 17% del empleo, con más de 500.000 trabajadores directos. La balanza comercial también es positiva y, aunque está pasando por momentos difíciles como el resto de los sectores, estamos tratando de ayudar a fortalecer las potencialidades para que salga reforzado de toda esta situación. Es un sector con muchas posibilidades, estratégico y potente.

 

Están ayudando al sector. ¿Se refiere a su salida al exterior? ¿Qué medidas están tomando?

-Por muy distintos aspectos. Para ayudar al sector debemos trabajar en muchos ámbitos que, al final, constituyen la política agroalimentaria. En este sentido, hay que identificar las dificultades y las potencialidades, para solventar las primeras e impulsar las segundas. Entre las debilidades están la escasa formación en algunos aspectos y en algunos casos de pequeñas y medianas empresas; el crecimiento en tamaño, la capacidad de negociación. Todo eso se impulsa con planes de formación, ayudas y subvenciones que permitan el desarrollo. Impulsar la competitividad, el acercamiento a la Legislación Agroalimentaria y la de Competencia, inversión de muy distinto tipo en el sector, orientación hacia el mercado y ayudas a la internacionalización. Es un compendio muy complejo, pero podríamos decir que, en conjunto, nuestro trabajo realmente es ayudar con políticas y ayudas que tenemos para que el sector mejore y se posicione como uno de los principales de la industria agroalimentaria a nivel internacional.

 

Uno de los problemas es su falta de dimensión. ¿De qué manera el Ministerio puede ayudar a fortalecer estas empresas? ¿Mediante la concentración empresarial?

-Ésa es una salida. Otra, con la formación y la concienciación. El cambio de mentalidad también es muy importante. Fomentar con distintas iniciativas el crecimiento empresarial es fundamental para la sostenibilidad del sector, porque, a fin de cuentas, lo que prevalece es precisamente esta visión a largo plazo. Una de las líneas de actuación es el crecimiento y tener una dimensión adecuada para lograr una sostenibilidad a largo plazo.

 

Las marcas del distribuidor están teniendo incrementos en sus ventas, en perjuicio de otras empresas que invierten más en I+D+i. ¿Esta nueva situación podría hacer disminuir la investigación?

-Evidentemente, es cierto que existe una gran preocupación del sector de la industria agroalimentaria, precisamente por la disminución posible de la competitividad o de la inversión en I+D+i. Nosotros vamos a hacer todo lo posible para que esta inversión se mantenga, incentivando la I+D+i para que sigan saliendo productos novedosos al mercado de forma competitiva.

 

¿Qué está haciendo el ministerio para apoyar la I+D+i en el sector alimentario?

-En primer lugar, existe una serie de ayudas relacionadas con la I+D+i que se dan para los distintos tipos de empresas agroalimentarias existentes. Después, nosotros también apoyamos con los centros tecnológicos, para canalizar y coordinar las actuaciones de estos centros (para que no se solapen unos a otros) y conseguir las mayores sinergias posibles. De hecho, con todos los recortes presupuestarios que ha habido, todo lo correspondiente a I+D+i prácticamente no ha sufrido modificaciones. Para nosotros, la I+D+i es uno de los elementos estratégicos que tiene que desarrollar la industria alimentaria, porque hay todavía una capacidad de inversión muy inferior a la que tenemos en otros países europeos. Y esto, a largo plazo, resta competitividad. Estamos en un mundo globalizado en el que la inversión en I+D+i va a marcar la diferencia de las empresas competitivas y de las empresas que se van a caer por su propio peso. Ahora mismo estamos entre los países con menor intensidad inversora, por distintos temas: cultura empresarial, de la imitación de productos y la vida muy corta de los productos debido, precisamente, a la imitación, y también de la dimensión de las empresas. Normalmente, las PYMES tienen una capacidad de inversión muy inferior a la que pueden tener las grandes multinacionales, y aquí tenemos un tejido productivo basado en ellas. Si incidimos en estos tres aspectos, con formación, con ayuda para incentivar y para favorecer a todas las PYMES (y no solamente con un desarrollo individual en cada empresa), podremos contribuir a la inversión en investigación en los próximos años. Hay una serie de elementos que queremos profundizar: las líneas de colaboración, tanto vertical como horizontal, no solamente entre las empresas con los centros tecnológicos, sino también en las interprofesionales. A estas últimas las apoyamos y les damos líneas de subvención. Y entre estas líneas siempre hay parte que está destinada a la investigación y el desarrollo.

Además de lo dicho para I+D+i, en apoyo directo a centros tecnológicos, el MARM destinó en 2009 un importe superior a 5 millones de euros en la financiación de actividades de I+D+i en la industria, a través de convenios de colaboración con la Fundación CETAL, la Fundación Genoma y el Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA).

 

¿Qué ventajas tiene para el sector oleícola el nuevo Reglamento 182/2009?

-Este reglamento lo que hace es mejorar la situación anterior, porque incide sobre todo con carácter de competitividad al dar más instrumentos a los productores para comercializar mejor sus productos. Hasta ahora, el aceite de oliva estaba tan protegido por Bruselas que se podía decir muy poquitas cosas en el etiquetado, de tal manera que al compararse con otros productos emblemáticos, como es el vino, éste tenía más libertad, digamos, poética para indicar y captar clientes en sus etiquetas que la que tenía el aceite. Solamente se podían decir tres atributos positivos: afrutado, amargo, picante. Y, de esos tres atributos, a muchos consumidores solamente le sonaba bien el que fuese afrutado. Ahora se ha abierto la posibilidad de poner más información, de hacerlo más atractivo y, de esta forma, incentivar a que la gente se acerque a los distintos tipos de aceite de oliva que hay. Otros cambios son los del etiquetado de origen obligatorio. Es una situación que, aunque ha sido muy controvertida, entendemos que es positiva porque al fin y al cabo le da información al consumidor, por un lado, y libertad de poner bien el país de origen, bien el origen Unión Europea o bien terceros países al productor. Lo que se hace es fomentar esta distinción, sobre todo entre el aceite de la UE y el de terceros países. Se da cierta flexibilidad a los productores dando información al consumidor pero de acuerdo con su política comercial.

 

¿Cuál es el estado del sector lácteo? ¿Vendrán modificaciones en la PAC que puedan ser beneficiosas para España?

-Es un sector que ha pasando muchas dificultades este año porque, aparte de la preocupación por la crisis y la situación de precios, tiene una preocupación por la inseguridad que le supone cómo va a quedar su planteamiento a futuro en la UE. Estamos intentando solventarlo desde distintos ámbitos: existe un grupo de alto nivel de competitividad del sector lácteo en Bruselas, pero a ese grupo asiste normalmente la secretaria general.

 

En declaraciones recientes, Usted comentaba que la nueva OCM del vino permitirá mejorar su competitividad.

-La OCM del vino es también otro tema muy controvertido. Tiene luces y sombras, como todo, pero también una virtud: está enfocada al mercado. Lo que hace es abrirse, ser más flexible, teniendo en cuenta que tenemos una gran competitividad con los productos que vienen de fuera de la UE: vinos de Australia, Nueva Zelanda, Chile, California, etc. Todos estos países están entrando con productos muy potentes, que se venden muy bien y con los que hasta ahora los productos de la UE no podían competir porque había muchas prácticas, tanto enológicas como de etiquetado, prohibidas. Lo que se intenta es abrir el mercado y competir en igualdad de condiciones, pero buscando un equilibrio con la calidad y la identidad de los vinos europeos, por lo que siempre se deja potestad para ser más estrictos en los ámbitos de calidad diferenciada de la OCM con carácter general.

Una de las líneas más importantes es la de la promoción en terceros países. Para 2010 va a ser una de las políticas estrella en el ámbito de la OCM: la exportación a terceros países. De hecho, estuve recientemente reunida con el director del Observatorio de los Mercados del Vino y con el presidente del Fondo Español de Garantía Agraria, para coordinar de cara a 2010 cómo tenemos que impulsar el presupuesto para este fin, que asciende a 70 millones de euros (35 millones por Estado miembro y 35 millones por el sector). Entendemos que, para gastar todo este dinero, hay muchas posibilidades, pero tenemos que hacerlo con eficacia.

 

 

 

Publicado en el número 67 de la revista Tecnifood.

 

 

 

 

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