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“Los españoles poseemos la misma capacidad de liderazgo o más que los demás europeos”

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Jesús Serafín Pérez, consejero-director general de Aguas de Fuensanta, fue elegido recientemente presidente de la patronal europea de las industrias de alimentación y bebidas, CIAA, la mayor organización empresarial de la industria manufacturera del continente. Pérez, que también preside la patronal española FIAB desde 2007 y es, desde abril, uno de los veintiún vicepresidentes de la CEOE, se ha convertido en el primer español -y también el primer representante de una pyme- que accede a la presidencia de la CIAA, que siempre había estado en manos de multinacionales

 

Nos gustaría saber en profundidad cuál es la labor principal de la CIAA.
-La Confederación Europea de Industrias Alimentarias (CIAA) es la voz de la industria europea de alimentación y bebidas, que no olvidemos es el sector más importante de la industria manufacturera, el mayor empleador y el mayor exportador. Su labor principal es la de representar los intereses del sector ante las instituciones europeas e internacionales, para contribuir al desarrollo de un marco legislativo y económico que impulse la competitividad de esta industria, la producción de alimentos sanos, seguros y de calidad, la protección del consumidor y el respeto por el medio ambiente.

¿Cuáles son las líneas maestras que pretenden imprimir durante su mandato en esta Confederación?
-No me gusta hablar de líneas maestras.  Hablamos de concentrarnos en temas relacionados con el etiquetado e información nutricional de los productos, los OGM’s, etc, pero también la competitividad de las pymes e impulso de la I+D+i y, especialmente, la obtención de un marco equitativo en las relaciones comerciales.
En el ámbito exterior, mi expectativa es contribuir desde la CIAA a que la industria alimentaria europea ejerza una influencia más importante en Hispanoamérica aprovechando el vínculo español. Debemos aspirar a un mayor protagonismo porque la alimentaria es la rama de la industria manufacturera más importante de Europa y porque está ligada a valores culturales. Esta es una concepción del sur europeo que no encaja bien en Bruselas porque la industria del norte del continente está en otra clave. Pero para nosotros es una apuesta importante.

¿Cuáles son las experiencias made in Spain que pueden y deben replicarse en Europa?
-La creación de los Centros Tecnológicos Sectoriales de I+D, su actividad proactiva en el campo de la seguridad alimentaria o el reconocimiento de nuestra cultura gastronómica en el exterior me parecen buenas experiencias a tener en cuenta.
La activa acción de la industria alimentaria española en I+D, encabezada por los trabajos de su Federación, ha sido muy notable y con carácter muy anticipativo. Cuando en la sociedad española nadie hablaba de la investigación, en la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas, FIAB, ya promovíamos Centros Tecnológicos sectoriales.
En el campo de la seguridad alimentaria, a raíz de la mayor crisis alimentaria que ha conocido el mundo y que se sufrió en nuestro país en 1981, nuestra actividad proactiva nos llevó a que fuéramos el país de referencia de la UE en la adopción de los sistemas de autocontrol en las empresas o que hayamos firmado con el Ministerio de Sanidad la Estrategia NAOS, o que apliquemos el Código de Autorregulación de Publicidad PAOS, que ha sido calificado como uno de los mejores códigos del mundo en esa materia.
Respecto a nuestro reconocimiento en el exterior, es innegable que los productos alimentarios españoles son apreciados y valorados en todo el mundo por su calidad, variedad y cualidades. El hecho de que 60 millones de extranjeros destaquen la alimentación como el elemento más destacable de nuestro país por detrás del clima no es algo que se consiga fácilmente. Eso, o que el Gobierno Español haya llegado a proponer a la Dieta Mediterránea como candidata a Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. Un reconocimiento más a las cualidades de nuestra dieta centrada en nuestras producciones más emblemáticas.

¿Servirá su mandato al frente de la CIAA para proyectar aun más la industria alimentaria española en el mundo? ¿Su elección evidencia que España está cada vez más reconocida internacionalmente?

-Detrás de mi nombramiento hay, sin duda, un trabajo bien hecho por parte de toda la gente española que interviene en el ámbito europeo, lo que supone un reconocimiento, no sólo a la industria agroalimentaria española sino a toda la industria de nuestro país.
Yo estuve a punto de no aceptar cuando me lo comentaron y, al final, pensé que no podía dejar que la industria española y el país perdieran esta oportunidad, porque el presidente tenía que salir de entre los 17 que estábamos en el consejo y allí yo era el único español. Lo acepté con responsabilidad y mucho respeto. Y convencido de que los españoles poseemos la misma capacidad de liderazgo o más que los demás europeos.
El hecho de que sea un español el que presida la patronal alimentaria europea, y de que estemos a las puertas de la próxima presidencia española de la Unión Europea espero que, efectivamente, favorezca cierto liderazgo español.

¿Qué problemáticas padece la industria alimentaria continental y qué medidas deben tomarse para contrarrestarlas?
-Nos falta invertir más en I+D, superar todas las trabas administrativas innecesarias (simplificación de la legislación) y asegurar un modelo alimentario europeo que, además, tiene mucho que explotar.

¿Cuáles son los retos de la industria alimentaria europea?
-Una de las principales debilidades de la industria de la alimentación y bebidas, europea y española, es la dimensión de sus empresas. Aproximadamente el 90% de las empresas son de pequeña y mediana dimensión; aunque coexisten con grandes multinacionales que se han convertido en líderes en sus respectivos sectores de actividad.
Esto menoscaba su competitividad y es ahí donde deben incidir. Asimismo, la industria está expuesta a una cada vez mayor concentración de su principal cliente, la distribución, lo que perjudica notablemente sus transacciones comerciales. También se trabaja en ello. Por último, las empresas tienen que incentivar sus inversiones en I+D+i. Sin innovación no habrá futuro.

¿Qué opinión tiene sobre las nuevas legislaciones que, en materia de ingredientes y alegaciones nutricionales, está adelantando el Parlamento Europeo? ¿Cuál ha sido el papel de la CIAA en estas legislaciones? ¿Han sido consultados como organización?

-La industria española y europea de alimentación y bebidas ha impulsado y participado activamente en la elaboración de esta regulación y está a favor de ella, ya que tiene como objetivo garantizar un elevado nivel de protección de los consumidores y facilitar que éstos elijan entre los diferentes alimentos.
Es un tema crucial para nuestra industria, de largo plazo, y en el que la base científica y la prudencia son esenciales. Además, el nuevo Reglamento viene a armonizar las posibles diferencias en las disposiciones nacionales con lo que esta nueva situación nos facilita el funcionamiento del mercado interior.
La industria ha dado buena muestra de la importancia de este aspecto y de su grado de responsabilidad a través de la CIAA, con la que FIAB colabora estrechamente. Su papel en este aspecto ha sido crucial y seguiremos colaborando con las autoridades para conseguir los resultados más idóneos.

¿Habrá cambios en las relaciones entre la CIAA y la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria?
-No tiene por qué.

¿Servirá la crisis actual para reforzar aún más la magnitud de la industria alimentaria en la UE? ¿De qué manera?

-Es evidente que aguantamos mejor que ningún otro sector industrial la crisis financiera y económica. Seguimos respondiendo al mercado sin apoyos extras ni medidas urgentes como las que han recibido otros sectores del servicio y de la industria. Esto tiene que hacer pensar a nuestras autoridades europeas y que nos vean como uno de los sectores de más futuro, actuando en consecuencia.
No olvidemos que la industria de alimentación y bebidas europea abastece a más de 500 millones de consumidores, cuenta con un volumen de ventas de 913.000 millones de euros, ocupa a 4 millones de empleados y contribuye a la balanza comercial en aproximadamente 2.000 millones de euros. Necesitaremos el compromiso firme de las autoridades, nacionales y europeas, y un seguimiento continuo de las medidas que se implementen, para mejorar nuestra competitividad, para reforzar aun más la magnitud de nuestra industria en la U.E

Como presidente de la FIAB, ¿cuál ha sido el comportamiento de la industria alimentaria española en 2009, y qué perspectivas a corto plazo tiene?

-Tras los buenos resultados de 2008 en cuanto a producción, empleo y comercio exterior, en el primer semestre del año las empresas alimentarias, especialmente las pymes, han comenzado a notar el impacto de la crisis, aunque con menor intensidad que otros sectores. Concretamente, algunos sectores ligados al ocio y la hostelería han reducido su producción, una situación que conllevará a la destrucción de empleo. En la misma línea, este año vamos a acusar una pérdida de valor por el deslizamiento hacia las marcas de distribuidor y la disminución del turismo que llega a España, lo que estamos tratando de compensar con las exportaciones.
Las perspectivas a corto plazo, sin embargo, no son tan halagüeñas. La situación económica de nuestro país continua siendo complicada. El paro sigue creciendo y el consumo interno desciende. Todo parece indicar que la economía española se recuperará lentamente y algunas previsiones indican que hasta 2014 el consumo será muy bajo sin percibir apenas crecimientos. Algunos sectores como el de bebidas están empezando a registrar importantes pérdidas… La deuda que nuestro principal cliente, la distribución, contrae con nuestras industrias podría acrecentarse. Esperemos ganar en visibilidad antes las instituciones públicas y que éstas acometan medidas que nos permitan seguir creciendo y fortalecernos como uno de los puntales de la economía española.

 ¿Cuál ha sido su comportamiento en relación a otros sectores industriales?
-Como indicaba, la fuerte estabilidad del sector y el hecho de que la industria alimentaria española sea una de las más sólidas, potentes y competitivas del mundo, le han permitido mantener esa fortaleza en un momento difícil.
El pasado verano, los datos del Instituto Nacional de Estadística nos indicaban que la industria alimentaria era el sector industrial español que mejores cifras registraba en su producción, con decrecimientos en su índice de producción de tan solo un 1,7%, logrando frenar la caída de la producción industrial total que está en continuo descenso con cifras cercanas al -20%.
A la industria alimentaria le siguen de cerca industrias como la de fabricación de productos farmacéuticos, la química o la de bebidas, que el INE separa en sus estadísticas, lo que da una idea de cuáles son las actividades capaces de encabezar la recuperación del sector industrial español y de la economía en general.

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