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“Para mejorar la competitividad hay que facilitar el acceso a la innovación”

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Francisco Mombiela Muruzábal, director general de Industrias y Mercados Alimentarios del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM), desgrana en esta entrevista la situación actual de la industria alimentaria española que necesita “una cultura empresarial enfocada a la inversión en I+D+i” para equipararnos con la media de los países europeos

Con este nombramiento, ¿qué retos se ha planteado a corto y largo plazo?
-En la agroindustria española se detectan una serie de necesidades que deben cubrirse: Fomentar la transparencia en la información sobre el mercado alimentario.
Mejorar el conocimiento sobre la estructura de los diferentes eslabones de la cadena alimentaria.
Mejorar las relaciones entre los diferentes componentes de la cadena, desde el productor hasta el consumidor.
Mejorar la competitividad de nuestra industria agroalimentaria.
Para el fomento de la transparencia en la información sobre el mercado alimentario, se continuarán y reforzarán los estudios que el MARM viene realizando: Panel de Consumo (doméstico y extradoméstico), Observatorio del Consumo y la Distribución Alimentaria y el Barómetro del clima de la Confianza del Sector Agroalimentario.
Además, se ampliará la información existente sobre niveles de precios, mejora de la información en tiempo real sobre precios de las operaciones en los Mercas.
También se divulgarán en foros apropiados los resultados para que cada componente de la cadena saque sus propias conclusiones. Para mejorar el conocimiento sobre la estructura de los diferentes eslabones de la cadena alimentaria, se continuarán las colaboraciones con organizaciones representativas de los sectores de la distribución alimentaria, las industrias alimentarias, las cooperativas agrarias y Mercasa. Para mejorar las relaciones entre los diferentes componentes de la cadena, desde el productor hasta los consumidores, es necesario que cada componente conozca el negocio del otro y así elaborar sinergias y ahorrar esfuerzos en críticas poco documentadas.
A la vez, se ha de mejorar el marco jurídico que ampara las relaciones contractuales e interprofesionales y facilitar la aplicación de estos mecanismos. En su nueva estructura, el MARM cuenta con una unidad que se encargará específicamente de los aspectos relacionados con la mejora de la estructura de la cadena agroalimentaria, así como de las relaciones entre sus componentes. Además, se integra en la Dirección General de Industria y Mercados Alimentarios el Observatorio de Precios de MARM, como herramienta esencial para la interlocución con el sector. Para mejorar la competitividad de nuestra industria agroalimentaria, es necesario: mantener o incrementar su cuota de mercado de manera sostenible; facilitar el acceso a la innovación (para lo que estamos impulsando la creación y desarrollo de Centros Tecnológicos Alimentarios, así como la difusión y la transferencia de la investigación pública a los sectores productivos), y alcanzar dimensión suficiente para poder acceder a los mercados internacionales, mantener estructuras eficientes, tanto productivas como de recursos humanos y poder invertir en innovación. Hay que destacar que España es uno de los 8 países que participan en el Grupo de Alto Nivel sobre la Competitividad de la Agroindustria, creado recientemente por la Comisión con la finalidad de realizar propuestas sobre las líneas directrices para la mejora de la competitividad de la agroindustria europea.

¿Cuál es el nivel competitivo de la industria agroalimentaria española? ¿Y con respecto a Europa?
-Las ventas netas de la industria alimentaria ascienden a 78.726 millones de euros, lo que representa un 16,2% del total de la industria española, habiendo crecido un 53,6% respecto a las ventas netas del año 1995, que estaba en los 47.401 millones de euros.
Otro dato importante a destacar es el correspondiente a la inversión en activos materiales que, con un valor de 4.205 millones de euros, representa un incremento del 139% respecto al valor registrado en 1995 (1.535 millones de euros), resultante de las grandes inversiones efectuadas en el sector agroalimentario en los últimos años. El valor añadido bruto de la industria alimentaria y la productividad también han experimentado un fuerte crecimiento, ascendiendo el primero a los 18.698 millones de euros, con un crecimiento del 50% respecto al registrado en 1995, que era de 11.171 millones de euros. La productividad (valor añadido bruto/ocupado) ha aumentado un 47,3 % en el mismo periodo, alcanzando un valor en 2007 de 48,93 miles de euros. Con respecto a Europa, en cuanto al valor de la producción de la industria alimentaria, España ocupa el quinto lugar por detrás de Alemania, Francia, Reino Unido e Italia.

Uno de los retos de la industria agroalimentaria es la búsqueda de nuevos mercados. ¿Cómo se puede fomentar la salida de nuestros productos a terceros países?
-Esta pregunta está ligada a la contestación de la anterior. Mejorar la competitividad de nuestra industria es fomentar la salida de nuestros productos. Creo que para aumentar nuestras exportaciones debemos prestar especial atención a reforzar la estructura empresarial y a mejorar y ampliar el conocimiento y la imagen de nuestros productos. Más del 80% de nuestras empresas cuentan con menos de 10 empleados, su tamaño constituye una dificultad seria para poder exportar, incluso para crecer. Es posible que ésta sea una de las razones por las que tan sólo el 3% de las empresas españolas venden sus productos en el exterior y en su mayor parte en Europa. Con relación al primer punto, esta Dirección General viene realizando actuaciones que van desde la cofinanciación de los proyectos de inversión a través de los Programas de Desarrollo Regional y de acuerdo con los objetivos del Marco Nacional de Desarrollo Rural 2007-2013, en donde el Ministerio aportará unos 500 millones de euros, hasta la sensibilización y formación de los empresarios a través de jornadas y cursos. Cualquier mejora, en el sentido que sea, estará condicionada por el capital humano con el que se cuente. En cuanto al comercio exterior tenemos que el ratio valor de las exportaciones sobre la facturación del sector es del 15,2%, y la tasa de cobertura, si bien ha disminuido en los últimos años, ha pasado del 119,9% en 2003 al 109,4% en 2007. Creo que nuestras industrias están preparadas para vender en el resto del mundo pero, como ya he dicho anteriormente, es necesario vencer el problema de la dimensión, tratando de alcanzar el tamaño adecuado para exportar lo que unido a un mayor conocimiento de nuestros productos en el exterior creo que permitirá que el sector ocupe un lugar importante tanto en Europa como en otros países.

¿Está preparada la industria española para recibir el flujo creciente de importaciones?
-Antes de contestar me gustaría hacer una matización, a diferencia del saldo comercial total de España con el mundo, el saldo comercial agroalimentario ha presentado superávit durante la última década y una tendencia claramente creciente. Ahora bien, este superávit agroalimentario tiene dos componentes, un superávit de casi 5.000 millones de euros con la UE-25, y un déficit de unos 4.000 millones de euros con terceros países. Las frutas y hortalizas y el aceite son los sectores con mayor superávit, mientras que la pesca, los cereales y las oleaginosas los de mayor déficit comercial. Los flujos comerciales responden a una demanda, la sociedad española está cambiando, hoy tenemos estratos diferentes o con distinto grado de representatividad que hace años; sus gustos son diferentes; los emigrantes, los hogares de pequeño tamaño, la tercera edad son algunos de ellos. Creo que nuestra industria es consciente de esta situación y trata de adaptar su producción, cada uno debe elegir su nicho de mercado y de acuerdo con las directrices de la Unión Europea, debemos ser competitivos amparándonos en la calidad, la seguridad y la sostenibilidad, tres valores que los consumidores aprecian y están dispuestos a apoyar.

¿Y el grado de implicación de la industria en la estrategia NAOS?
-También en este caso la implicación y el compromiso son muy fuertes. Se trata de una iniciativa liderada por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, con la que las industrias se han comprometido mucho desde un primer momento, y están invirtiendo muchos recursos humanos y económicos en cumplir aquello que voluntariamente, insisto, voluntariamente, se han impuesto para colaborar en el cumplimiento de los objetivos de la NAOS. En cualquier caso, aunque la iniciativa sea del Ministerio de Sanidad, hay que entenderla como una estrategia global que requiere la participación de todas las administraciones implicadas y de todos los actores de la cadena alimentaria para ser exitosa.
Con esta convicción, mi departamento ha promovido la colaboración con el de Sanidad. Un ejemplo claro de colaboración es la campaña de promoción de frutas y verduras que hemos realizado conjuntamente y que se presentó en Alimentaria 2008.

¿Cuál es su opinión sobre los alimentos funcionales?
-En primer lugar, habría que definir a qué nos referimos cuando hablamos de alimentos funcionales, dado que, si entendemos como tales cualquier alimento que pueda tener algún efecto beneficioso en alguna función del organismo, el espectro es mucho más amplio que el de los alimentos de diseño, ya que muchos alimentos tradicionales son funcionales de manera natural, como los alimentos que componen la dieta mediterránea.
Dicho esto, los alimentos funcionales vienen a cubrir un nicho de mercado creado por los nuevos hábitos de vida de los consumidores y por sus nuevas preocupaciones, como la dieta, la nutrición o la salud. Sin embargo, no hay que simplificar las cosas y cambiar los alimentos tradicionales por los novedosos, sino que se trata de sumar, de enriquecer. Creo que el futuro de la alimentación debe consistir en una dieta variada y equilibrada, con un modelo alimentario en el que coexistan los alimentos tradicionales con los novedosos y que responda a las expectativas globales de los ciudadanos. Para conseguirlo, estamos trabajando en muy diversos ámbitos: desde el fomento de la I+D+i, hasta los desarrollos normativos, pasando por la promoción, la información y la divulgación, entre otros.

¿Cuál es su valoración sobre la apuesta de la industria alimentaria en I+D+i? ¿Invierten suficientemente?  -El Gobierno tiene entre sus objetivos que las inversiones en innovación y desarrollo tecnológico en España se vayan equiparando con la media de los países europeos. Los últimos datos recogidos en el “Informe Cotec 2006 sobre Tecnología e Innovación en España”, reflejan una evolución positiva del sistema español de innovación, con un aumento del 9% en el gasto en I+D con respecto al año anterior, que sitúa el esfuerzo español en el 1,07% del PIB. Sin embargo, todavía es la mitad del de países como Alemania o Francia dentro de la UE. y Japón y Estados Unidos, en el contexto internacional.
El punto más débil del necesario proceso de convergencia europea que persigue España sigue siendo el retraso relativo de la participación de las empresas en el sistema de I+D+i. Sobre el total de los investigadores de cada país, en España el 31,7% realiza sus investigaciones en las empresas; en la Unión Europea el 48,4%, y en los Estados Unidos el 81,5%. Las razones que justifican esa gran distancia que todavía nos separa de los principales países de nuestro entorno: se deduce de “dos peculiaridades” de nuestro sistema, las dos negativas: una es el escaso gasto en I+D y la otra es la estructura, el peso de las empresas de los sectores tradicionales es todavía demasiado grande, es decir, hay pocas que ofrecen productos de tecnología avanzada. Esto salvo con algunos esfuerzos nada despreciables, es bastante patente en el sector alimentario. Entre los factores que determinan este retraso de la agroindustria en las inversiones en Investigación y Desarrollo destacan la baja intensidad de las tecnologías aplicables, la facilidad que existe para imitar los productos (el 82% de los nuevos productos son imitaciones y del 18% originales restantes, sólo el 4% supera el año de vida) y la existencia de unas graves e históricas deficiencias en la cultura empresarial en la importancia que se concede a la investigación y el desarrollo (los investigadores se perciben más como un coste del proceso que como una inversión para el futuro). Hacen falta directivos bien formados en gestión para que comprendan la necesidad de estas inversiones. Por otro lado, el capital-riesgo necesario en algunas de estas inversiones, la escasez de recursos humanos especializados en la investigación y desarrollo, y la complejidad y el tiempo de gestión de los apoyos públicos desanima a la agroindustria en muchas ocasiones.

¿Qué sectores alimentarios calificaría Ud. de más competitivos? ¿Cuáles son los más desarrollados tecnológicamente hablando? ¿Cuáles invierten más en I+D+i?
-En España, la industria alimentaria se sitúa entre los primeros sectores industriales que cuentan con un mayor número de distritos industriales (52), junto con el sector textil y confección (53). La industria alimentaria da lugar a un gran volumen de ocupados (59.315). En países como España, Italia, Portugal, Noruega y Holanda más del 50% del valor añadido de la manufactura se genera en concentraciones especializadas de pequeñas y medianas empresas en condiciones que permiten generar economías externas.
El nivel tecnológico en investigación y desarrollo de nuestras empresas es desigual según su tamaño. Las grandes empresas alimentarias poseen sus departamentos de I+D, mientras que las pymes tienen más problemas, ya que los beneficios de invertir en I+D suelen ser a medio y largo plazo y su rentabilidad financiera no se manifiesta de forma inmediata.

Ud. ha clausurado recientemente el Congreso Internacional de Cereales y Pan, de la Organización Internacional de Ciencia y Tecnología de los Cereales (ICC), ¿qué nos puede decir sobre el incremento de precios de las materias primas que tanto malestar está provocando en la industria alimentaria?
-El pasado 23 de mayo, la Comisión UE elaboró una Comunicación [COM (2008) 321 final] al Consejo, al Comité Económico y Social y al Comité de las Regiones, “Hacer frente al alza del precio de los alimentos. Orientaciones para la acción comunitaria”. Durante 30 años, los precios de los alimentos en Europa han bajado en términos reales. Esta tendencia ha ido cambiando desde el año 2006, pero, después de un aumento espectacular en el 2º semestre de 2007, en los primeros meses de 2008 se llegó a niveles récord en el precio de los productos agrícolas: cereales, carne y productos lácteos, principalmente. Entre septiembre de 2006 y febrero de 2008, los precios mundiales de los productos agrícolas aumentaron un 70%, especialmente en el caso del trigo, maíz, arroz y productos lácteos. En Europa, los precios del trigo y de los productos lácteos aumentaron un 96% y un 30% respectivamente. Esta tendencia ha cambiado recientemente, habiéndose registrado descensos del precio UE del trigo (-25%) y de la mantequilla (-35%). Por su parte, el precio del arroz sigue creciendo. En la UE, la inflación del precio de los alimentos llegó al 7% en marzo de 2008, reduciéndose en consecuencia el poder de compra de los hogares europeos. En España, según datos del INE, el IPC de mayo 2008 (Base 2006) del grupo Alimentos y Bebidas no alcohólicas subió un 6,7% en un año y un 1,2% en lo que va de año. En el caso de los cereales y sus derivados, la subida fue del 9,7% en un año y del 5,5% en lo que va de año. En el caso de la leche y productos lácteos, las variaciones de precio fueron del +24,8% y +10,3% en un año y del -3,7 y +1,4%% en lo que va de año, respectivamente. Según la Comunicación de la Comisión, estas subidas se deben tanto a factores estructurales, como coyunturales. Entre los factores estructurales pueden citarse la constante demanda de alimentos de más valor añadido (carne y productos lácteos) en países emergentes, como India y China, el aumento del precio de la energía, la aparición de nuevas salidas comerciales para los productos agrícolas, especialmente el mercado de biocarburantes, el descenso del rendimiento de las cosechas de cereales para uso alimentario y las variaciones climatológicas. Entre los factores coyunturales cabe citar las malas cosechas debidas a la sequía de 2006, el descenso de los stocks mundiales de cereales, la evolución de los mercados financieros, las inversiones en materias primas agrícolas debido a la bajada del dólar USA y las políticas restrictivas a las exportaciones de ciertos países netamente exportadores de cereales. Del análisis de estos factores se concluye que los altos precios de los alimentos, lejos de ser un fenómeno temporal, se mantendrán probablemente a medio plazo. Además, es poco probable que los precios de los alimentos desciendan a corto o a medio plazo a los niveles previos a la crisis.

Ante este panorama, ¿qué medidas se tomarán?
En esta situación, la Comisión UE propone desarrollar 3 ejes de actuación. En el primero de estos ejes (luchar contra los efectos a corto y medio plazo de la subida del precio de los alimentos) es donde se integran las actuaciones propuestas por esta Dirección General, de acuerdo con la política del Gobierno, a saber: vigilar la evolución de los precios y analizar el funcionamiento de la cadena alimentaria.

¿Qué nos puede avanzar sobre la presentación de la candidatura de la Dieta Mediterránea como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en la UNESCO?
-España está liderando esta iniciativa transnacional y está finalizando la redacción del proyecto junto con Italia, Grecia y Marruecos. Muchos otros países mediterráneos han mostrado su interés y su respaldo al proyecto, que irá sumando apoyos para constituir realmente un proyecto amplio y representativo de todos los pueblos mediterráneos. En septiembre de 2008, presentaremos la candidatura ante la UNESCO, y será votada en el segundo semestre de 2009 junto con el resto de candidaturas presentadas.

¿Qué problemáticas y retos destacaría que tiene que hacer frente la industria alimentaria?
-Ya he comentado que nuestra industria alimentaria se caracteriza por un claro predominio de empresas de pequeño tamaño, en otras palabras, empresas muy tradicionales, de carácter familiar, con poca disponibilidad para acometer inversiones de cierta envergadura y mano de obra no muy cualificada. Este perfil supone un problema para hacer frente a un mercado global, dinámico, donde la gran distribución impone sus normas y el consumidor cada vez es más exigente.
Ante esta situación la industria tiene que prepararse para competir, para ello necesita crecer, alcanzar una dimensión mínima que le permita ampliar su oferta, mejorar los sistemas de gestión para aumentar su productividad, dirigir sus inversiones hacia una mejora continua en calidad, seguridad e innovación, buscar su compromiso con el medio ambiente y mejorar la formación de todo el personal. Creo que para las empresas pequeñas y medianas la calidad es su mejor aliado. Sólo con ella se puede conseguir la fidelidad del consumidor, posicionarse en nichos de mercado donde las grandes no pueden o no les interesa estar, en definitiva “diferenciarse” gracias a un atributo que por sus características de cuidadosa elaboración sólo ellas lo pueden hacer.

Como director general de Industrias y Mercados Alimentarios, ¿cuáles serán las directrices del sector para los próximos ejercicios?
Entre las distintas acciones que se pretenden fomentar desde la Dirección General de Industrias y Mercados Alimentarios se encuentran:
Incrementar el tamaño de las empresas mediante diversas fórmulas (concentraciones, convenios, acuerdos de colaboración, etc.).
Incrementar la capacidad comercial y captación de valor añadido en la cadena comercial.
Establecer relaciones contractuales plurianuales entre los productores y las industrias con corresponsabilidad en la programación de las producciones en ambas partes.
Apostar por la innovación a través de la participación en diversos programas de I+D y las inversiones en parques tecno-agroalimentarios y centros tecnológicos.
Diversificar la oferta hacia las nuevas necesidades de la población (por ejemplo, productos de cuarta y quinta gama, alimentos ligados a la salud y dietética, etc).
Apostar por una política laboral de calidad en el empleo, favoreciendo la cualificación y la formación continua como instrumento para mejorar la productividad y la cohesión social de la industria agroalimentaria.
Compatibilizar la actividad agroindustrial y el medio ambiente en todos los aspectos de la cadena de producción/transformación/comercialización, así como la utilización de fuentes de energía renovables.
Todo ello debe conducir hacia un nuevo modelo de crecimiento centrado en la eficiencia del sistema. El optimismo de los expertos reside en el crecimiento del gasto de I+D empresarial y en el potencial de los programas que están poniendo en marcha la UE y el Gobierno español. El nuevo modelo debería basarse en mejores relaciones entre todos los agentes, en un papel más activo de las empresas como orientadoras del sistema y en que las “innovaciones tecnológicas” se vean acompañadas de “innovaciones no tecnológicas”.

 

Publicado en Tecnifood Nro. 59

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