“Queremos ser un referente de información en situaciones de crisis alimentarias”

José Ignacio Arranz, hasta hace poco meses director general de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, se estrena ahora como director general del Foro Interalimentario, una asociación sin fines de lucro conformada por empresas del sector alimentario, y cuyos objetivos son ofrecer una plataforma para informar y formar a los consumidores del universo de la alimentación, así como también promover buenas prácticas de producción y un mayor empeño en I+D+i

Ha llamado la atención su paso de la AESAN al Foro Interalimentario. ¿A qué se ha debido este cambio?
–Según ley que crea la AESAN, el director general tiene un periodo de gestión de cuatro años. La verdad es que a mí me resultaba atractivo acercarme a la cuestión alimentaria desde otras ópticas y perspectivas. El caso específico del Foro Interalimentario me ofrecía una situación particularmente favorable, porque es una asociación sin ánimo de lucro; no es una entidad que compre o venda ni está sometida a una red de alerta o a una resolución administrativa. Yo aquí no voy a defender los intereses particulares de unas empresas. El Foro Interalimentario quiere realizar una acción transversal mucho más generosa para con la sociedad, en el sentido de ofrecer una plataforma sólida de un grupo de empresas que trabaja bien y se compromete a hacer cosas más allá de lo que obliga la legislación. Y, desde allí, tratar de hacer llegar a la sociedad toda una serie de mensajes que permitan al consumidor conocer mejor el universo de la alimentación.

¿Qué líneas de trabajo, que realizaba en la AESAN, piensa continuar en esta nueva posición?
–Yo creo que no hay coincidencia lineal, pero si conceptual. Todo el bagaje de la AESAN lo tendré al servicio de este objetivo: acercar la ciencia a la población y  formar e informar mejor a los consumidores. Pero, evidentemente, no hay líneas de trabajo comunes.

¿Qué balance puede hacer de su labor en la AESAN?
–Es una pregunta difícil. Yo soy quizás uno de mis peores críticos. El balance, sin embargo, lo considero positivo por varias razones, basadas más en los procesos que en los resultados. La Agencia ha realizado muchas actividades importantes,  que están llamadas a crear estabilidad. Entonces, desde ese punto de vista, sería prematuro pedir resultados. Pero, por citar tres o cuatro cosas, yo creo que el afianzamiento del la estrategia NAOS, la recuperación para España del Laboratorio Comunitario de Referencia de Biotoxinas Marinas –con un nivel de excelencia reconocido en toda Europa–, y todas las mejoras funcionales y estructurales en la red de alerta alimentaria demuestran que se ha realizado un buen trabajo.

 

¿Cuáles no pudieron ser conseguidos?
–Me hubiera gustado dejar la Agencia con una mejor dotación en lo cuantitativo y con un presupuesto más amplio.

El Foro Interalimentario es de reciente creación, por lo que usted cuenta con una institución a la que puede darle forma y ampliar sus contenidos. ¿Cuáles son sus principales objetivos y cómo piensa llevarlos a cabo?
–Tenemos unos fines fundacionales: acercar la ciencia a la sociedad en materia alimentaria e informar a los consumidores. Eso, llevado a la práctica, se traduce en un plan estratégico a 3 y 5 años, del cual yo señalaría tres grandes ejes: ser un referente para la sociedad y la Administración en ciencia y en información; presentar y exportar las buenas prácticas de trabajo de las empresa del foro, para que sean un modelo a seguir porque, en lo referente a la seguridad alimentaria, calidad y respeto al medioambiente, éstas trabajan en cotas más altas de lo que pide la legislación, y queremos que eso se extienda; ser un referente de información y equilibrio en situaciones de crisis alimentarias. Podemos ayudar a industrias y a la Administración a resolver o canalizar un problema que pudiese incidir en la salud de los ciudadanos.

¿Cuántas empresas conforman dicho Foro y cuántos nuevos asociados estiman que pueda tener para 2009?
–Ahora mismo somos 15 empresas, que se mueven en el ámbito de la carne (vacuno, conejo, cerdo, aves), del huevo, de jamones y embutidos, de platos preparados y, también, en la distribución de los alimentos, como es el caso de Mercadona y sus interproveedores. Estas empresas están ubicadas en casi todo el territorio nacional. Estamos hablando, por tanto, de un grupo de compañías que dan trabajo directo a 65.000 personas y que su actividad en el año 2007 supuso aproximadamente el 1,6% del PIB español.
Otro de los ejes del plan estratégico es ir, de una forma gradual, hacia la ampliación del Foro con la incorporación de nuevos socios. Queremos crear un foro del pescado y los productos de la pesca, con el objetivo de alcanzar los mismos niveles funcionales. Para el año 2009 tal vez tengamos a 25 empresas asociadas; no llegaremos a 30. Pero, más que sumar compañías, queremos hacer aproximaciones sectoriales.

Según su opinión, ¿cuáles son los principales retos de la industria alimentaria?
–Hacerse creer y hacerse respetar ante los consumidores, demostrándoles las cosas que hacen bien, que la gestión es transparente y la preocupación que manifiesta es auténtica. La percepción de los consumidores sobre la industria es inestable, y con cualquier noticia potencialmente critica –como es el caso de una alerta sanitaria– vuelve a caer. El Eurobarómetro decía, en el año 2006, que la industria alimentaria cuenta con el menor grado de aceptación. El reto es ser como la mujer del César –no basta que sea honesta; también debe parecerlo–. Que los consumidores sepan qué hay detrás de la producción de alimentos.
Hablando en términos más técnicos, llevar a la practica a todos los niveles el principio consagrado en el Libro Blanco de la Seguridad Alimentaria, que dice: “de la granja a la mesa”. Y, también, convertir la trazabilidad en unos de los mejores aliados del trabajo diario.

En todos los foros se comenta que uno de los retos de la industria alimentaria es ganar dimensión. ¿Cuál es su valoración?
–Además de afianzar mercados y asegurar la idoneidad de los proveedores, yo antes me he referido a elementos más intangibles, como son los términos de excelencia, credibilidad y transparencia. Las empresas del foro sí van por ese camino.

-Después de 3 años de la aparición de la Estrategia NAOS, ¿cree que la industria alimentaria ha sabido valorar este reto y se está adaptando adecuadamente?
–A mí me cuesta trabajo hacer una afirmación que abarque al conjunto de la industria. La percepción general es que hay un entusiasmo inicial, una convicción en la adopción de determinadas posturas y, después de un principio más espectacular, ahora vamos por el camino más silencioso: por la vía de reformular los alimentos hacia perfiles de composición más saludables y por la vía de ajustar las alegaciones y los mensajes al Reglamento 1924/2006. Creo que el esfuerzo no ha decaído, a pesar de que ahora haya menos manifestaciones que antes. Espero, eso sí, que no se produzca una relajación.

¿Invierte adecuadamente la industria alimentaria en I+D+i?
–Yo creo que sí. Las empresas del Foro tienen el compromiso de ir mas lejos en calidad, en seguridad alimentaria, en tecnología y en I+D+i. Yo aquí puedo hablar con toda propiedad de lo que las industrias del Foro hicieron en 2007 en investigación y desarrollo: las inversiones en materia de respeto y sostenibilidad ambiental fueron de más de 2,2 millones de euros; en investigación y desarrollo invirtieron más de 2,5 millones de euros; en tecnología alimentaria superaron los 9,6 millones de euros. Esto es irrefutable, porque una de las condiciones en los criterios de participación es dar ese paso adelante, y precisamente en estas facetas: más seguridad, más calidad y más tecnología e innovación. Las del Foro hacen mucho. Y lo hacen adecuadamente.

¿Cómo se están adaptando las empresas a las nuevas normas de etiquetado nutricional?
–Estamos a la espera, tanto las empresas como las administraciones, de que el nuevo Reglamento aporte un formato de etiquetado más accesible al ciudadano. Hay ejercicios de voluntariedad, pero yo creo que las expectativas están en torno a las soluciones de los legisladores, para que el etiquetado deje de ser una información muy compleja de interpretar por los consumidores.

¿Cuál es su opinión sobre los tan en boga “alimentos funcionales”? ¿Qué vendrá después?
–Habrá un progreso en la funcionalidad. Estos alimentos pueden evolucionar en muchas vías: en materia de mejorar la conservación, aumentar la vida comercial de los productos, hacer más fácil el almacenamiento. Mejorar, además, su funcionalidad fisiológica.
Las tendencias vienen dadas por la sociedad. El legislador abrió la veda para hacer un tipo de declaraciones que antes estaban prohibidas, como es el caso de la disminución de riegos de contraer una enfermedad. La funcionalidad puede evolucionar en esa dirección, sin olvidar a aquella que persigue perfiles más saludables o una mejor asimilación.

¿Las nuevas legislaciones europeas sobre seguridad alimentaria, utilización de ingredientes y alegaciones son un freno o más bien un acicate para la industria?
–Siempre son buenas en aras de la leal competencia. Es necesario que los mercados se ordenen, más si son 27 los miembros de la Unión Europea. Es bueno que establezcan reglas de juego, sin caer en positivismos; que se inspiren en las evidencias científicas y ofrezcan un marco de competencia leal. Que valoren los tratamientos diferentes a problemas similares.

En todo caso, ¿cuál es su valoración sobre el reglamento CE 1924/2006 de declaraciones nutricionales?
–Ha sido una buena herramienta. Y, como pasa siempre con una nueva norma, todos tenemos ahora una nueva responsabilidad, que no es más que generar una doctrina de funcionamiento. Tal vez la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria se vea ahora agobiada por las tantas alegaciones que tiene que procesar y analizar. Sin embargo, el reglamento ha venido a ordenar un territorio que necesitaba ser regulado. La solución no era prohibir las alegaciones, pues si un alimento tiene funcionalidades siempre es bueno hacerlas publicas. El terreno necesitaba una regulación para salvaguardar los intereses del consumidor y para proteger, además, la competencia leal entre las transacciones comerciales.

Publicado en Tecnifood Nro. 60

Noticias relacionadas

Deja un comentario