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Codificación y marcaje, hacia la meta de cero errores

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La adecuada información de una etiqueta y su atractivo pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de un producto en el lineal, del mismo modo que la correcta codificación y marcaje de los productos puede suponer un gran ahorro para los fabricantes y distribuidores, ya que se estima que las pérdidas generadas anualmente por la imposibilidad de leer los códigos es de 16 millones de euros.
Además de valorar que los productos luzcan adecuadamente la información que los identifica y que el consumidor busca en ellos, la industria alimentaria cada vez concede mayor importancia a los equipos de codificación, marcaje y etiquetaje, por lo que su rendimiento implica en la propia dinámica de toda la línea de producción. Es decir, de la capacidad y buen funcionamiento del sistema de codificación y marcaje puede depender el ritmo de toda la cadena productiva, ya que si esta labor no es tan rápida como debiera o requiere frecuentes paradas por incurrir en errores o por la necesidad de cambios de los consumibles, puede frenar la cadencia de toda la actividad de fabricación.
Por este motivo, en una industria que requiere cada vez más de sistemas y procesos automatizados, es primordial que los proveedores aporten soluciones que cubran sus requerimientos en materia de normativa, fiabilidad, velocidad y prestaciones, desarrollando equipos más veloces y con cero errores.
Un elevado grado de eficacia del sistema es una exigencia que aún se ha acentuado más en un momento de dificultades económicas en el que las empresas no están dispuestas a asumir el coste de los errores, tanto en la propia producción, debido a las paradas para rectificar, como en la distribución, debido al rechazo de productos mal codificados, que no se pueden leer o mal etiquetados (etiquetas deterioradas, despegadas, incorrectas, etc.).
El coste en tiempo y dinero de la ineficacia en codificación no es precisamente pequeño. Según los datos de la Asociación Española de Codificación Comercial, anualmente se leen en España 23.250 millones de artículos en el punto de venta, un 2% de los cuales presentan errores de lectura y precisan una media de 23 segundos para resolver la incidencia, lo que se traduce en pérdidas de 3 millones de horas al año en el punto de venta, implicando un coste innecesario de 21 millones de euros en salarios, pérdidas que repercuten en toda la cadena de suministro. Para el proveedor, las pérdidas imputables a la mala calidad de los códigos de barras son aún mayores,  ya que en el 1% de los casos el consumidor deja el producto en la línea de caja, lo que supone 16 millones de euros  en pérdida de ventas anuales. A ello hay que añadir que en el entorno logístico, se registra un 17% de errores en las lecturas en almacén.
Una vez detectada la dimensión del problema, Aecoc, con el apoyo de los principales distribuidores del país, como Carrefour, Consum, DIA, El Corte Inglés o Mercadona han puesto en marcha el Plan Nacional de Calidad en Simbología, cuyo objetivo es identificar las causas que dificultan o impiden la correcta lectura de los códigos y ejecutar un plan de acción para eliminar estos errores. Los errores más comunes son: calidad de la impresión (17,5%); truncamiento (13,8%); factor de aumento (10,9%); ubicación (9,4%); engrosamiento (8,7%); retractilado (8%); dimensiones (8%); empleo de color rojo (6,5%); codificación incorrecta (5,8%); afinamiento (5,1%), y márgenes claros (3,6%).
Conocidos estos datos, Aecoc ha editado una Guía de Calidad en Simbología, dirigida a ayudar a generar códigos 100% legibles, mediante la enumeración de los puntos críticos en la generación del EAN-13 y las soluciones propuestas ante los mismos:
En relación al diseño:
-Dimensiones. Se debe elegir el tamaño que ofrezca una total garantía de lectura y que estará determinado principalmente por dos factores, el tipo de impresión y el material sobre el que se imprime. La elección nunca se ha de realizar basada en aspectos de diseño del envase. El patrón estándar (factor de aumento 1) del código de barras es de 37,29 x 25,91 mm y el tamaño puede variar entre un valor máximo (factor de aumento 2) y un valor mínimo (factor de aumento 0,8), siendo válido cualquier valor entre ambas cotas, siempre que se respete la proporcionalidad. Las cotas se miden entre las llamadas señales de encuadre, dentro de las cuales debe reservarse espacio para el código de barras y los márgenes claros a la derecha e izquierda del símbolo.
-Márgenes claros. Siempre han de respetarse los espacios en blanco antes y después de las barras de inicio y final del símbolo. Si estos espacios se invaden con  textos, ilustraciones, etc. o se sitúa el símbolo demasiado cerca de la esquina del envase, se impedirá la correcta lectura del código.

 

Tiene a su disposición el informe completo en la edición impresa de la revista Tecnifood núm.85 (enero/febrero de 2013).

 
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