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CSIC publica las conclusiones científicas sobre el brote de E.coli

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El investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, Miguel Vicente, ha coordinado un trabajo en el que se recogen las conclusiones de la reunión organizada por la Academia Europea de Microbiología en París, el pasado diciembre, para que un grupo de expertos a nivel mundial analizaran lo ocurrido en el brote de E. coli que afectó a Alemania y, posteriormente, a Francia la primavera de 2012, y propusieran  estrategias para evitar o, al menos, minimizar los efectos de otros posibles brotes.

A pesar de la rapidez con la que se secuenció el genoma de la cepa de E. coli causante del brote, que inicialmente se atribuyó de forma errónea a una partida de pepinos procedentes de España, la crisis se saldó con la muerte de 54 personas y una enormes pérdidas económicas en varios países, entre ellos el nuestro. A pesar de los esfuerzos por identificarlo, no se tiene certeza de dónde ni cómo se originó el brote epidémico y solo existen explicaciones circunstanciales. Ante el  riesgo de que pueda volver a surgir un brote similar, los científicos de la Academia Europea de Microbiología han señalado una serie de recomendaciones para minimizar en lo posible sus efectos, conclusiones que han sido recientemente publicadas en la revista científica EMBO Molecular Medicine.

A la vista de cómo evolucionaron los acontecimientos, los investigadores proponen que “se mejore la comunicación entre los científicos, los responsables políticos y los medios de difusión para que se afronten estos sucesos con una base científica fiable y adecuada a cada caso para minimizar los efectos sobre los ciudadanos y los sectores productivos”.

Los científicos explican que “la cepa O104:H4 muestra una sorprendente capacidad de adhesión al intestino y produce una toxina que provoca graves daños renales. Estos efectos por ahora sólo se pueden paliar eliminando la toxina mediante diálisis y manteniendo el equilibrio de electrolitos en sangre”. Para ello señalan que podrían utilizarse algunos antibióticos como meropenem, azitromicina o tigeciclina, ya que la cepa es sensible a ellos. En tanto que otros antibióticos, como la ciprofloxacina, “han de usarse con mucha precaución pues en dosis no inhibitorias pueden provocar un aumento en la producción de la toxina”. Asimismo, se ha comprobado que un anticuerpo comercializado como Eculizumab puede disminuir los efectos negativos de la respuesta inmunitaria que se genera en el organismo contra las toxinas de esta cepa de E. coli, pero tiene el riesgo asociado de disminuir la propia capacidad de defensa del cuerpo.

Tras evaluar los efectos de esta grave crisis, los expertos recomiendan que las autoridades sanitarias dispongan de procedimientos para que en este tipo de brotes el genotipado de las bacterias causantes se haga a la mayor brevedad posible, ya que “de él depende tanto el tratamiento como la eliminación de los focos de infección”. Se hace asimismo hincapié en la necesidad de investigar a fondo los mecanismos por los que la toxina hace su efecto para así conseguir fármacos que impidan su acción en el riñón, y en la búsqueda de nuevos antibióticos que frenen la infección.

 

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