Industria agroalimentaria. Aspectos tecnológicos e innovadores

La industria alimentaria española es un sector de suma importancia tanto por sí mismo como por ser un eslabón clave en otras actividades industriales. De ello y de la atención que presta su departamento, nos habla en  este artículo su directora general, Isabel Bombal: “desde el Ministerio queremos estar presentes en todos los foros nacionales e internacionales donde se analicen estas cuestiones y vamos a seguir apoyando y defendiendo las iniciativas y proyectos de I+D+i”.

Todos somos conscientes de la importancia que tiene la industria agroalimentaria desde el punto de vista económico. Conviene siempre recordar que en España, la industria de productos alimentarios y de bebidas, es la primera rama industrial de todo el sector, representando el 20% de las ventas netas de productos, el 22 % de consumo en materias primas, el 16,6 % de empleo industrial, el 12,4 % en inversiones de activos materiales y el 15,5 del valor añadido. Pero hay otros elementos a tener en cuenta y que trascienden las cifras y los porcentajes y que hacen de éste un sector prioritario en la toma de decisiones, ya que actúa como eslabón de otras actividades productivas, manteniendo el tejido rural, y ofreciendo calidad social y económica.
El sector agroalimentario es uno de nuestros sectores más estratégicos, en su mayor parte constituido por pequeñas y medianas empresas que poseen una gran importancia económica y social, aún más en estos tiempos, a través, particularmente, de la creación de empleo. La razón de que este sector esté situado en los últimos años en la cabecera de los sectores más competitivos, es sin duda, la capacidad de adaptación y de mejora continua.
Tratándose de un sector muy condicionado por diversos factores, desde los típicos climáticos y naturales que determinan la disponibilidad de los alimentos, la volatilidad de precios, las regulaciones relativas a seguridad, higiene y calidad alimentarias, los cambios sociales que determinan los hábitos de los consumidores y que exigen cada vez más alimentos funcionales, menos perecederos, elaborados, etc., la dependencia energética, los mercados internacionales, la situación económica y, por supuesto, la preservación del medio ambiente, y teniendo en cuenta las características propias del sector, disperso, y con un gran predominio de las pymes, convierte su apuesta por la calidad alimentaria y por la profesionalización del sector, en factores clave para los empresarios agroalimentarios y para las Administraciones Públicas. Es fundamental fomentar la competitividad de las mismas, y esto depende, en cierta manera, de las inversiones y esfuerzos realizados y a realizar y que sin duda pasan por la apuesta que, desde las Administraciones y el sector, estamos haciendo por todo lo relativo a I+D+i.
Una de las características de las empresas agroalimentarias, es precisamente su grado de atomización y dispersión a lo largo y ancho de todo el territorio español. Los esfuerzos dirigidos a la mejora de la competitividad y al aumento del valor añadido de los productos agrarios, pasan necesariamente por realizar esfuerzos paralelos y conjuntos para la generación y transmisión de conocimiento, para incorporar las innovaciones tecnológicas a las explotaciones agrarias; lo que sin duda, redunda en una mayor racionalización de los procesos de producción, transformación y comercialización, aumentando el volumen, diversificando la oferta de productos, repercutiendo directamente en su dimensión empresarial, en la atracción de los jóvenes al sector y en la profesionalización del mismo. En definitiva aporta unas ventajas competitivas que hacen a estas empresas más eficientes y rentables.

 

Mejorar la competitividad
Son indudables las innovaciones de la industria alimentaria en España en los últimos años. Afortunadamente la tecnología actual ha puesto al servicio de la industria de la alimentación una serie de mejoras, que acompañadas de la imaginación de nuestros industriales, están permitiendo lanzar cada vez más productos novedosos que, además de tener un efecto económico, enriquecen nuestra alimentación y facilitan la aproximación de los consumidores a la cocina. Queda mucha tarea por delante. Es necesario seguir realizando esfuerzos en orden a mejorar la competitividad aplicando nuevos desarrollos tecnológicos, en productos, procesos, gestión económica, gestión de recursos humanos, comercialización, logística, etc. Todo ello nos debe hacer producir cada vez más eficiente y con una mayor rentabilidad.
Las tendencias del mercado y los hábitos de consumo actuales ofrecen muchas oportunidades a la agroindustria: productos funcionales, dieta mediterránea, presentaciones y envasados complejos que mantengan las propiedades del producto y mejoren su presentación, productos típicos asociados al entorno productivo, productos gourmet y un largo etcétera en los que el I+D+i interviene para su desarrollo, y que se encuentran en un escalón distinto y diferencian nuestros productos de otros con menor inversión en I+D+i. Esta apuesta es arriesgada, pero necesaria en los mercados globalizados en los que compite nuestra industria agroalimentaria. 
Somos conscientes de las dificultades de las pequeñas y medianas empresas para invertir en I+D, y de la importancia que este tipo de empresas tiene en el conjunto de las industrias agroalimentarias. En un reciente estudio encargado por el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, titulado “Análisis de la innovación en las pymes agroalimentarias”, se pone de manifiesto que los recursos económicos dedicados por las propias empresas a la innovación han disminuido de forma significativa, como consecuencia de la crisis económica. A pesar de ello, es muy positivo constatar que se ha incrementado de forma muy relevante el número de empresas que declaran disponer de un departamento dedicado a la innovación, pasando del 10 % desde 2006 al 25 % actualmente. Esta tendencia positiva se refleja también en un incremento en el número de recursos humanos dedicado a la innovación, especialmente entre las empresas de mayor tamaño.
Sabemos igualmente que los principales problemas a los que se enfrentan las pymes para su acceso a la innovación son, entre otros, el coste elevado que supone invertir en ella, el riesgo elevado, la falta de certeza respecto al éxito, la escasez de fondos en las empresas destinado a la innovación, la incertidumbre respecto a la demanda de bienes y servicios innovadores y, siendo necesidades básicas de nuestras industrias conseguir una mayor calidad de los productos, su preocupación en mejorar en lo relacionado con los efectos beneficiosos de los productos alimenticios para nuestra salud. Todo ello ha de llevar a conseguir una mayor eficiencia de la producción, y para ello es necesario nuestro apoyo a todas las iniciativas que apuesten por la I+D+i.
En esta línea, desde el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, a través de la Dirección General de Industrias y Mercados Alimentarios, se ha impulsando y se impulsará, la creación y puesta en marcha de centros tecnológicos concebidos como instrumentos de desarrollo local, con base en el potencial agrario de su áreas de influencia y que, apoyados en los recursos de I+D+i de las universidades y de otros centros de investigación, y con aportación financiera de las distintas administraciones y de las empresas privadas, canalizan y optimizan iniciativas de industrialización, basadas en la innovación y la alta tecnología, permitiendo la colaboración entre los agentes implicados en el proceso de innovación: productores e industrias, empresas, universidades y centros de investigación, que ponen a disposición sus servicios y/o instalaciones, en orden a desarrollar sus políticas y programas de I+D.
El Centro Tecnológico es un instrumento que permite abrir esa vía de colaboración entre los agentes implicados, empresas, universidades y centros de investigación, que actúa como interfaz tecnológico entre las necesidades de I+D de las empresas y los estudios y avances de los centros de investigación y universidades, poniendo en contacto ambos polos.
Son instituciones sin ánimo de lucro, con personalidad jurídica propia, reconocidas por el Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica.
Nuestro objetivo es que la labor de estos centros, favorezca el desarrollo rural, especialmente si se sitúan en este entorno, fijen la población en estas áreas, a veces, tan afectadas por el despoblamiento, promuevan la valorización de las producciones y presten una labor de formación y obtención de una mano de obra cualificada
En la medida en que seamos capaces de lograr el objetivo de llegar a estas pequeñas y medianas empresas, que puedan tener acceso a la información generada, a la aplicación customizada de los nuevos desarrollos, estaremos contribuyendo de manera decisiva al desarrollo económico, ocupando cuanto antes el nicho de mercado de los productos tecnológicos, con sus producciones más valorizadas, generando riqueza y empleo de mayor calidad, al tiempo que actuando de motor del crecimiento de la productividad en otros sectores más tradicionales.

 

Plataformas tecnológicas
Otro instrumento en el que hemos venido trabajando en los últimos años son las plataformas tecnológicas que se desarrollan para promover la creación de asociaciones público-privadas que a través de la cooperación puedan definir las prioridades tecnológicas y de investigación necesarias del sector, a medio y largo plazo, y coordinar las inversiones nacionales y europeas, así como públicas y privadas, en I+D. El objetivo de estas plataformas es hacer posible el entendimiento mutuo y crear confianza, facilitando la colaboración de Industria, Academia, Administración, pymes con grandes empresas, organizaciones de consumidores, colaboraciones con empresas europeas, instituciones financiera, que permita a la agroindustria española aumentar su competitividad en el escenario 2020
Estas iniciativas han sido creadas para cubrir toda la cadena de valor del sector agroalimentario, asegurando que el conocimiento generado a través de la investigación se transforma en tecnología y procesos y, finalmente, en productos y servicios que se utilizan en beneficio de empresas y consumidores. Por tanto, activar las plataformas tecnológicas, como herramienta de integración de las actuaciones en materia de I+D+i, tanto de la industria, como de las universidades y organismos públicos y de las Administraciones (triple hélice) para alcanzar una masa crítica que permita la adecuada transferencia de tecnología y conocimientos, tanto horizontal como verticalmente, nos parece absolutamente necesario.
Paralelamente, nuestro Departamento participa activamente en el Grupo de Alto Nivel sobre Competitividad de la Industria Agroalimentaria que simboliza el compromiso de la Comisión Europea para establecer un enfoque global sobre el futuro del sector agroalimentario de la UE para poder hacer frente a los nuevos desafíos que se le presentan.
El objetivo prioritario que se ha fijado el Grupo de Alto Nivel ha sido el de identificar los factores, tendencias y retos de futuro que tiene la industria agroalimentaria en la UE, con el fin de garantizar su competividad en el mercado global, formulando un conjunto de recomendaciones para la acción basadas en un enfoque integrado de todas las políticas y reglamentos que inciden en la Industria Agroalimentaria, con el fin de asegurar la creación de empleo y el crecimiento económico sostenible dentro del sector agroalimentario en línea con la Estrategia de Lisboa.
Este Grupo de Alto Nivel ha configurado 30 recomendaciones sobre las políticas más importantes a nivel comunitario que tienen un impacto sobre el sector agroalimentario en la UE, y ha establecido una “hoja de ruta” para la realización de acciones concretas que conduzcan a la puesta en práctica de las 30 recomendaciones mencionadas. Entre otras, se encuentran, el diseño de políticas industriales sostenibles y medioambientalmente compatibles con el objetivo de minimizar los costes y maximizar las oportunidades para la industria agroalimentaria europea, la promoción de la eficiencia energética para la industria agroalimentaria europea, el fomento de un mejor uso de las TIC en la industria agroalimentaria europea, aumentar los esfuerzos en investigación e innovación, mejorar la utilización de los instrumentos disponibles en el contexto de la política europea de investigación e innovación y apoyar el desarrollo de nuevas tecnologías.
Desde el Ministerio queremos estar presentes en todos los foros nacionales e internacionales, donde se analizan todas estas cuestiones que nos afectan directamente y, por supuesto, vamos a seguir apoyando y defendiendo todas aquellas iniciativas y proyectos de I+D+i cuyos resultados puedan ser aplicados directamente por el sector, para mejorar las fases de transformación y comercialización de los productos.
Publicaciones como la Guía de la Tecnología Alimentaria contribuyen a que todo a lo que he hecho referencia, se ponga en valor. En definitiva, todos “remamos” en la misma dirección y con la voluntad demostrada de las administraciones públicas y de todos los agentes implicados, conseguiremos hacer de nuestras industrias, empresas más competitivas, y de nuestros alimentos, el mejor exponente de nuestro medio rural y de sus gentes.

Isabel Bombal, directora general de Industria y Mercados Alimentarios

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