Industria agroalimentaria. La I+D+i, plan estratégico para salir de la crisis

Quisiera aprovechar la magnífica oportunidad que me brinda esta Guía de la Tecnología Alimentaria, subrayando la importancia que la industria agroalimentaria desempeña tanto por el lugar principal que ocupa en el centro de la cadena agroalimentaria, como por la relevancia de sus macromagnitudes, no solo a nivel nacional sino también en el ámbito europeo.

La industria agroalimentaria es la principal actividad de la industria manufacturera europea, representando el 16% de su facturación total y un valor superior a 956.200 millones de euros. La industria agroalimentaria de la Unión Europea procesa más del 70% de los alimentos producidos en la misma (Food Drink Europa – Datos 2010). Cuenta con unas 274.000 empresas en la UE-27, siendo la mayoría de ellas pymes con menos de 250 trabajadores (un 99,1% del total), que dan empleo a 4,1 millones de personas y representan el 48,7% del total de la producción y el 63% del conjunto de puestos de trabajo que genera el sector agroalimentario en la UE.
Por otro lado, la industria agroalimentaria española ocupa el cuarto puesto en cuanto a volumen de producción tras Alemania, Francia e Italia y ligeramente por delante de Reino Unido. Como ocurre en otros sectores industriales, las grandes empresas tienden a operar a escala global, mientras que las pequeñas-medianas suelen operar en ámbitos geográficos más reducidos.
En España, la industria de productos de alimentación y bebidas es la primera rama industrial, según la última Encuesta Industrial de Empresas del INE, a 31 de diciembre de 2010, representando el 19,9% de las ventas netas de producto, el 17% del empleo industrial, el 15,3% de las inversiones en activos materiales y el 15% del valor añadido. Las agrupaciones de actividad con una mayor contribución al total de la cifra de negocios del sector industrial en 2010 fueron Industrias extractivas, energía, agua y residuos (con un 21,7% del total) y alimentación, bebidas y tabaco (18,2%). Por su parte, las que ocuparon a un mayor número de personas fueron alimentación, bebidas y tabaco (17,2% del total) y metalurgia y fabricación de productos metálicos (15,7%).
Estas cifras, como indicaba anteriormente, nos dan una idea de la dimensión, pero es preciso acentuar que por la función que meritoriamente desempeña en el sector agroalimentario, la convierte en un sector clave de cualquier país. La industria es el principal cliente de sectores agrícolas, ganaderos, pesqueros, agua, envases, aditivos, colorantes, y un largo etcétera. La industria agroalimentaria requiere de servicios tan importantes como logística, distribución, transporte, marketing y publicidad…
Se trata de un eslabón fundamental dentro de la cadena de los productos alimentarios, aporta valor y aumenta el abanico de posibilidades de distribución y consumo, a nivel nacional y cada vez más a escala internacional. Pero, además de todo lo anterior, que no es poco, desarrolla su actividad en muchas ocasiones en el propio medio rural, ofreciendo oportunidades y desarrollo, difíciles de valorar exclusivamente desde el punto de vista cuantitativo, añadiendo unos tangibles e intangibles elementos que sin duda son clave para el desarrollo del tejido rural y vertebración del territorio.
Desde el Gobierno y desde el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, se considera por tanto a la industria agroalimentaria, estratégica y prioritaria, a la hora de adoptar las decisiones y las medidas que atañen al conjunto del sector agroalimentario. No puede ser de otro modo, atendiendo al papel que desempeña, sus fuertes interrelaciones con otros sectores y su capacidad de arrastre sobre el conjunto de la economía, especialmente en la creación y mantenimiento del empleo, su contribución al comercio exterior y los servicios que presta a los consumidores.
Nuestro sector industrial alimentario se caracteriza por estar constituido por pequeñas y medianas empresas, que han experimentado a lo largo de los años un acentuado proceso de estructuración, profesionalización y adaptación, ofreciendo productos que cumplen con los mejores estándares de calidad. Su presencia en todas las zonas geográficas de España y la función que desempeña en todos y cada uno de los subsectores agroalimentarios, justifican que las medidas de apoyo, modernización, y por supuesto de investigación, desarrollo e innovación, sean de alta prioridad. Todo ello por entender, que es preciso apoyar los esfuerzos que realizan las empresas del sector en su afán por incrementar su productividad, y con ella, su competitividad ante los nuevos retos de la globalización, la seguridad alimentaria y la volatilidad de precios.
Quisiera recordar en este punto, las ya conocidas previsiones de la Organización de Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO), la población mundial pasará de los 7.000 millones de personas que hoy habitan el planeta, a 9.100 millones en 2050; y de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), que apuntan que la producción agrícola mundial necesita crecer un 70% antes de 2050 para cubrir las necesidades y los cambios en los modos de consumo, de una población que en un 70% se considera será urbana y que dispondrá de un mayor nivel de rentas. Un desafío enorme para todas las economías del mundo.
Este desafío ofrece una magnífica oportunidad para el desarrollo y crecimiento de la industria de los alimentos, en un mercado cada vez más internacionalizado de productos. La deslocalización y distanciamiento creciente de los lugares de producción, compra y consumo a escala mundial y la preeminencia de la logística y de la distribución, son cuestiones dignas de tener en cuenta, máxime cuando para un creciente número de consumidores, muchos alimentos, más que bienes materiales, han pasado ya a ser considerados servicios.
La agricultura debe por tanto hacer frente a los nuevos desafíos del siglo XXI. Se trata de satisfacer las necesidades de alimentos; mejorar la eficiencia, uso y protección de los recursos naturales; mitigar y adaptarse al cambio climático; aumentar la producción, calidad y seguridad de los alimentos y la salud de los consumidores. Es decir, tenemos que producir más y mejor, y para hacerlo de manera sostenible hay que producir más con menos, sin perder de vista el objetivo de la industria alimentaria, por ende, ofrecer productos alimentarios saludables, variados, ricos desde el punto de vista nutritivo, atractivos para los consumidores, sean de donde sean y sean como sean.

 

La competitividad implica innovación
Desde hace décadas, trabajamos con productos, maquinaría y técnicas, procesos y sistemas, que nos permiten producir cada vez más y mejor. Hay que seguir en esta línea, obteniendo mayores rendimientos económicos y gestionando de forma eficiente los recursos naturales, en particular el agua y la energía y, asimismo, es preciso valorizar los residuos y subproductos alimentarios y no alimentarios que se producen en cada uno de los eslabones de la cadena agroalimentaria.
Es oportuno recordar que la innovación es todo cambio que basado en conocimiento genera valor y que las innovaciones pueden ser tecnológicas, gerenciales u organizativas y comerciales y que si queremos ser competitivos tenemos que incorporar a nuestras empresas los resultados de la investigación y las innovaciones que ofrece el mercado, incluidos sistemas y procesos de producción y fabricación más eficientes y nuevos modelos de negocio más ágiles y sostenibles que permitan mejorar la competitividad y rentabilidad de nuestras empresas. Hay que buscar por tanto aquellas soluciones “ad hoc” que atiendan las necesidades que reclama cada industria.
En la presentación de la Conferencia sobre Investigación e innovación en agricultura, celebrada en Bruselas el pasado 7 de marzo, El comisario Dacian Ciolos manifestó que “hoy en día, estamos preparando un sector que, en el siglo XXI, tendrá que ser sostenible e innovador con el fin de ser competitivos e integrarse en la sociedad”. Es por ello que la PAC en el horizonte de 2020, destaca el carácter indispensable de la innovación para garantizar el futuro de la agricultura de la Unión.
Buena prueba de la importancia de estas cuestiones, se encuentra entre las propuestas realizadas por el Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, el pasado 1 de febrero en su comparecencia en el Congreso de los Diputados, al referirse al Programa de Investigación e Innovación, con el claro objetivo de convertir los sistemas de producción e industrialización de nuestras producciones agrarias y alimentarias en referente europeo e internacional, porque en momentos de crisis la innovación y la investigación, son puertas desde la cuales se accede a nuevas vías de comercialización, mayores márgenes productivos y mayor creación de empleo. Simultáneamente, nuestra secretaría general de Agricultura y Alimentación, se ocupa de potenciar el acceso a la formación de profesionales, los canales de información dirigidos al sector, una mejor coordinación administrativa y una red de seguimiento de la calidad más eficaz, reforzando la trazabilidad a lo largo de la cadena, la unidad de mercado en materia de comercialización y el control de la calidad.
En el caso del sector cooperativo, de gran peso en el sistema agroalimentario español y un pilar básico del entramado productivo, industrial y comercializador, queda mucho por hacer. Como se sabe, está compuesto por cerca de 4.000 entidades Cooperativas y Sociedades Agrarias de Transformación (SATS), con una facturación de 17.405 millones de euros en 2011, más de un millón de socios y cerca de 100.000 empleos directos.
La Ley de mejora de la estructuración de la oferta, en el marco de la cadena alimentaria, y la integración de las entidades asociativas, son reformas estructurales de gran calado en el ámbito cooperativo. Se pretende reducir su número y aumentar su tamaño con medidas que fomenten la concentración de la oferta en origen, mediante grupos de comercialización de base cooperativa y dimensión suprautonómica, capaces de operar en toda la cadena agroalimentaria y en los mercados nacionales e internacionales. Un instrumento capaz de mejorar la renta de nuestros agricultores y de consolidar el tejido industrial alimentario en nuestras zonas rurales.

 

Fortaleza exterior
La internacionalización de nuestra industria agroalimentaria y, la potenciación del comercio exterior, son también prioridades del Gobierno para esta legislatura. Una vez más, la actual crisis económica, ha puesto de manifiesto la fortaleza de nuestro sector agroalimentario en materia de comercio exterior, si bien existe todavía un amplio margen de mejora en cuanto a consolidación y ampliación de los mercados, una tarea que día tras día y sin descanso, es necesario abordar. Constatamos a diario las oportunidades que existen para incrementar nuestra base exportadora, tanto en variedad, como en cantidad de productos y países de destino.
El sector agroalimentario ha venido demandando, tradicionalmente, un mayor y mejor apoyo de las Administraciones para facilitar su salida al exterior. Para ello, es necesario fortalecer la coordinación y colaboración, buscando sinergias y mejor eficiencia en el uso de los recursos económicos y humanos puestos a disposición de nuestras empresas y mediante diferentes instrumentos, por parte de la Administración General del Estado y de las Comunidades Autónomas, para la promoción de nuestros productos e internacionalización del sector.
Por todo ello, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, de acuerdo con los compromisos expresados por el ministro Miguel Arias Cañete, en sede parlamentaria, está trabajando en el marco del Grupo Interministerial de Apoyo a la Internacionalización de la Empresa Española, GTII, que depende del Ministerio de Economía y Competitividad, en la definición de las prioridades para la elaboración del “Plan Estratégico para la Internacionalización de la Industria Agroalimentaria Española”.
En el contexto europeo, el Ministerio participa activamente y desde su inicio, en el Foro de Alto Nivel sobre Competitividad de la Industria Agroalimentaria que simboliza el compromiso de la Comisión Europea para aunar esfuerzos con los que hacer frente a los nuevos desafíos en un mundo global. Este Grupo, ha diseñado 30 recomendaciones y establecido una hoja de ruta para realizar acciones concretas. Entre otras, se encuentran, el diseño de políticas industriales sostenibles y medioambientalmente compatibles, la promoción de la eficiencia energética, el fomento de un mejor uso de las TIC, aumentar los esfuerzos en investigación e innovación, mediante una mejor utilización de los instrumentos disponibles en el contexto de la política europea de investigación e innovación y apoyar el desarrollo de nuevas tecnologías.

 

Acelerar la innovación
La I+D+i constituye uno de los caminos para dar respuesta a los grandes retos estratégicos del Estado en materia económica, y en particular, para la salida de la crisis económica y la generación de empleo.
El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, es consciente de la necesidad de acelerar la innovación del sector agroalimentario. Para ello, está elaborando el Programa de Innovación e Investigación del Sector Agroalimentario cuyos principales objetivos son: aumentar la producción, la productividad, el valor añadido y el empleo y mejorar la eficiencia en el uso de los recursos, mediante la investigación, la innovación y los nuevos desarrollos de procesos, productos, servicios y negocios.
Resulta obvio decir que cuanta más innovación y antes se haga, mucho antes se incrementará nuestra competitividad y capacidad exportadora, las rentas de los agricultores y la calidad de vida del mundo rural. En un mercado global, incierto por complejo, debemos apostar por fortalecer la aplicación de pautas de inteligencia económica y competitiva, con herramientas que permiten conocer con suficiente anticipación las tendencias y acontecimientos en la ciencia, la tecnología y la sociedad, e incrementar la influencia internacional de nuestro país.
En materia de innovación la Dirección de Agricultura de la Comisión Europea, se refiere sin citarla a la Open Innovation, cuyo principio básico es una fuerte colaboración entre todos los agentes implicados, algo que en España cabe celebrar, considerando la magnifica respuesta recibida en nuestra Secretaría General a la encuesta realizada a las Comunidades Autónomas, Plataformas tecnológicas, Interprofesionales, Industrias, Cooperativas, Organizaciones y otras entidades del sector.
Hablando de colaboración, la Comisión Europea es consciente de la necesidad de intercambiar y complementar el conocimiento existente a escala de la Unión Europea, de interconectar las actuales redes de innovación, y de establecer una mejor vinculación entre ciencia y prácticas agrícolas. Nuestro país ha defendido con determinación que la innovación se efectúe con un enfoque intersectorial asociado a la cadena de suministro y es aquí donde la industria alimentaria desempeña un papel crucial, como intérprete de las necesidades y demandas del consumidor.
Con este espíritu de colaboración, se ha concebido la metodología del Programa de Innovación e Investigación del Sector Agroalimentario, que de forma resumida pretende alinear la demanda y la oferta de I+D+I por parte del sector agroalimentario, es decir, las necesidades de los agricultores, empresas y resto del sector, con el conocimiento científico-tecnológico disponible a escala nacional o internacional.
El Programa tiene también previsto definir las prioridades que podríamos denominar estratégicas en materia de I+D+i en el marco de las Estrategias de Ciencia y Tecnología y de Innovación y del Plan Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación 2013-2016, y también del futuro Programa Marco de la UE, Horizonte-2020 y del nuevo Reglamento de Desarrollo Rural de la PAC, que pretende en materia de innovación, mejorar la productividad e impulsar la transferencia de conocimiento. La denominada EIP, productividad y sostenibilidad agrícolas, pretende un sector agrario competitivo que garantice el suministro de alimentos a largo plazo, e incrementar los vínculos entre la investigación y las partes interesadas.
En cuanto a financiación de la I+D+i, en la comunicación “Un presupuesto para la Europa 2020”, se asignan 4.500 millones de euros para la investigación y la innovación en los ámbitos de la seguridad alimentaria, la bioeconomía y la agricultura sostenible.
Deseo dar un mensaje de apoyo y colaboración por parte del Ministerio y de la Secretaría General, a todas y cada una de las iniciativas que fomenten la investigación, el desarrollo tecnológico, la innovación y su difusión y, en función de los recursos presupuestarios, apoyo a la financiación. Publicaciones como esta magnífica Guía de la Tecnología Alimentaria, contribuyen de forma rigurosa a dar a conocer buena parte de las cuestiones, retos y oportunidades anteriormente expuestos, que estoy segura sabrá como siempre lo ha hecho superar el sector.

Isabel García Tejerina,
secretaria general de Agricultura y Alimentación

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