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La crisis actual es una oportunidad para mejorar

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La situación económica mundial, las variaciones en el precio de las materias primas y el cambio en los hábitos de consumo deben ser vistos por las empresas del sector como un acicate para ganar dimensión y fortalecerse, a pesar de que las cifras actuales muestren signos inequívocos de estancamiento

Si durante el año 2006 se estaba apreciando ya un ligero estancamiento en las cifras de producción y ventas de la industria alimentaria española, 2007  mostró un claro aviso de que la situación económica comenzaba a pasar factura a un sector muy permeable a los cambios de ciclo. El aviso se ha materializado en la actual coyuntura que vive nuestro país.
Durante el año 2007, las ventas de la industria alimentaria totalizaron 78.164 millones de euros, según los datos disponibles presentados por la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas, FIAB, en su informe económico anual.
La producción, a precios corrientes, mostró una caída del 0,71%, si bien el descenso en volumen fue mayor (descontando el deflactor implícito) al quedar en 8,9%,  un cambio de viento pues en los cinco periodos anteriores había experimentado incrementos. Estas cifras representaron el 14,07% del total de ventas del sector industrial español.
La tasa de variación media anual del índice de producción de la industria de alimentos y bebidas, que es otra de las aproximaciones que se pueden realizar para conocer la evolución conjunta de la cantidad y calidad de la producción del sector, pues elimina la influencia de los precios, fue de -0,33%, cuando en 2006 había aumentado un 0,26%. Este comportamiento, según el informe antes reseñado, contrasta con el Índice de Producción del Total Industrial, que mostró en este mismo periodo una media de incremento del 2,32% (había aumentado un 3,7% en 2006).
Estos datos demuestran que la industria alimentaria española no es ajena a las situaciones de incertidumbre que se vienen sucediendo desde hace aproximadamente un año, y que hacen especial énfasis en sus variables económicas. La información estadística antes mencionada retrata de forma parcial la actual coyuntura, pero no permite dibujar de una forma precisa la situación a la que se dirige.
Las cifras, no obstante, indican que existe una desaceleración en la actividad económica, una creciente inseguridad de los consumidores respecto al futuro y una notable inestabilidad en la evolución de los costes de muchas materias primas, fundamentalmente las energéticas, que ya se vislumbraba desde mediados del 2007. Es difícil, por lo tanto, establecer en este momento previsiones para el año 2009.
En cualquier caso, desde la FIAB aseguran que la industria alimentaria no es el sector que más sufrirá en circunstancias como las actuales. “La demanda de los productos alimentarios lleva estancada más de una decena de años y estas alteraciones están provocando cambios en los hábitos de consumo, lo que genera ventajas o desventajas inesperadas a las empresas pero, como conjunto del sector, su volumen de ventas y su cifra de negocios no se encontrarán muy afectadas”, confirman desde la Federación. A fin de cuentas, la gente seguirá consumiendo alimentos.
Lo que está cambiando es la forma de consumirlos.   Esto ya se percibe en el fuerte crecimiento que están experimentando las marcas del distribuidor. Se creía, en el año 2006, que estos productos habían tocado techo al copar un 30% del mercado final de ventas minoristas. Pero las alteraciones iniciadas en los meses pasados han motivado que estos productos, que se encuentran en el segmento de precios bajos, hayan recibido un fuerte impulso y estén ya próximos al 40% del citado mercado. Este fenómeno está generando un replanteamiento drástico de la estrategia en muchas empresas del sector.
La consultora TNS confirmó recientemente esos cambios en los patrones de consumo. Las personas se han visto obligadas a ajustar su elección de marcas, el lugar en el que compra y la frecuencia con que lo hace.
La marca del distribuidor, en el primer semestre de 2008, alcanzó un 31,8% de cuota del mercado de alimentación y bebidas (sin incluir frescos perecederos), frente al 28,6% que consiguió en el mismo periodo de 2007. Eso representa una ganancia de más de 3 puntos de cuota de mercado en un solo año, asegura la consultora. Por otra parte, durante el primer semestre de 2008, el canal discount concentró el 17,2% del gasto de las familias en las partidas de alimentación y bebidas (sin frescos perecederos), frente al 16,1% de cuota de mercado que recogió en 2007.
Finalmente, otra consecuencia de la crisis es que el consumidor ha dejado de reducir su frecuencia de compra. Durante el primer semestre de 2008 acudió 33,8 veces a comprar productos de alimentación y bebidas, una cifra ligeramente superior a las 33,5 que lo hizo en el primer semestre de 2007, pero que representa un importante cambio de tendencia respecto a los últimos años. Eso le permite cargar en su cesta los productos que realmente necesita, reduciendo un 2,9% el volumen de compra.

Existen salidas
Las soluciones idóneas para hacer frente a esta situación actual son siempre individuales y las deben adoptar cada uno de los empresarios y sectores involucrados. Las organizaciones sectoriales pueden contribuir a crear un entorno que favorezca que las decisiones que se adopten sean más eficaces. “En una situación tan confusa como la actual, donde las variables presentan tan gran volatilidad, es necesario que las empresas sean lo más flexibles posible, tanto en su organización productiva, como en su toma de decisiones, para que las mismas puedan adoptarse con resultados eficaces”. Esta la visión que tiene la FIAB de la coyuntura actual.
“En ese contexto, incidir en la investigación y desarrollo, tanto de productos, como de procesos, pueden ayudar a lanzar al mercado nuevos productos más baratos por utilizar nuevas materias primas de coste inferior”, explican sus portavoces. La mejor gestión de la cadena logística permitirá ahorros de costes, que también se reflejarán en los precios.
Junto con la I+D+i, es necesaria la formación en todos los niveles de la empresa, desde los trabajadores menos cualificados hasta los puestos de gestión. “En situaciones complejas como la actual, sólo los mejores equipos humanos pueden salir fortalecidos”, aseguran, antes de hacer un permanente llamamiento a la dimensión, condición imprescindible para que las empresas del sector puedan tener un mayor empuje que les permita crecer y solventar situaciones adversas.
“No se trata de que todas las empresas sean grandes, sino que muchas pequeñas compañías puedan colaborar en lanzar operaciones colectivas como plataformas para la exportación, consorcios, publicidad compartida, distribución conjunta, investigación cooperativa”. En el fondo, gana la ventaja comparativa del tamaño en aquellas acciones donde la misma sea más patente. No deja de ser una paradoja que las grandes compañías sean capaces de cooperar entre ellas, y las pymes, no.

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