Mayor dimensión: un reto para la industria alimentaria

Aunque los pronósticos eran sombríos, el sector alimentario resistió el comienzo de la debacle económica y no ha mostrado restrocesos en 2009. Las empresas que han invertido en innovación y han aprovechado el momento para fortalecerse, estarán mejor preparadas para el ejercicio 2010

Cuando, a mediados de 2008, la crisis económica comenzó a parecerse a una realidad que terminaría afectando a todos los sectores productivos, se pensó que la industria alimentaria que, durante 2007, había sufrido un ligero traspiés al contraerse su producción un 0,71% a precios corrientes y un 8,9% en volumen (descontando el deflactor implícito), no quedaría inmune a la recesión.
No obstante las incertidumbres, y a falta de datos correspondientes a 2009, que permitirían conocer con mayor precisión los alcances de la contracción económica en este sector industrial, según las cifras recogidas en el Informe Económico Anual de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas, FIAB, las ventas netas de productos de la industria alimentaria durante 2008 ascendieron a 83.204 millones de euros, lo que supone el 16,40% del total de ventas netas del total de la industria y el 7,61% del PIB español. En 2008 se registró un incremento nominal (es decir, en valor) del 1,4% respecto a 2007, muy por debajo del aumento del 4,3% registrado el año anterior.
La industria alimentaria española contaba con 31.106 empresas en 2008, frente a 31.492 en 2007 (lo que representa una disminución el 1,23%), cifra que contrasta con el aumento del 2,56% registrado en el número de empresas activas en el total de la economía y el leve incremento del 0,5% en la industria. De ese total, 29.947 (96,24%) son pequeñas empresas (con menos de 50 empleados), dentro de las que se encuentran 24.779 microempresas (menos de 10 empleados) que suponen el 79,66%. Posteriormente, 902 (2,9% del total alimentario) se consideran medianas empresas (entre 50 y 200 empleados); 197 compañías (0,63%) tienen entre 200 y 500 empleados y las restantes 70 empresas (0,23%) cuentan con más de 500 trabajadores.
En términos de producción, el sector creció un 1,4%, tras experimentar una contracción del 5,7% en 2007. Por su parte, se observa una tasa de crecimiento en euros constantes (es decir, descontada la inflación), del 1,3%, frente al 0,1% experimentado en 2007.
Durante 2008, el Índice de Producción de la Industria de Alimentos y Bebidas, que nos ofrece otra aproximación alternativa de la evolución conjunta de la cantidad y de la calidad de la producción del sector (eliminando la influencia de los precios), registró una tasa de variación media anual del -0,58%, frente a la caída del 0,33% observada en 2007. Este comportamiento contrasta con el experimentado por el Índice de Producción del Total Industrial, cuya media anual registró un descenso del 6,58% en 2008, tras un aumento del 2,32% en 2007.
Por otra parte, el nivel del Índice de Producción de la Industria de Alimentos y Bebidas (111,8; siendo 2000=100) continúa situándose por encima del índice correspondiente al total industrial (101,6), lo que revela un mayor crecimiento sostenido durante los últimos años. Asimismo, se constata una evolución más expansiva en los últimos años de auge económico y un comportamiento menos contractivo durante el inicio de la actual fase recesiva, revela el informe.
Estos datos, por supuesto, no son totalmente esperanzadores, por cuanto este sector económico es mucho más opaco a las caídas (o subidas) de la economía en general, al tratarse de un segmento vital para el desenvolvimiento de un país. Además, la demanda de alimentos ha mostrado crecimientos muy ligeros en los últimos años, por lo que las alteraciones en la demanda se manifiestan principalmente en los hábitos de consumo, lo que genera ventajas o desventajas directas a ciertas empresas, si bien el conjunto del sector no se verá afectado notoriamente. Un ejemplo de ello son las marcas del distribuidor, que están copando espacios a medida que los consumidores toman más en cuenta el factor precio a la hora de adquirir un producto, y ya superan en algunas categorías el 40% del total de las ventas por volumen, cifra nada desdeñable.

Cambio en el consumo
En un informe de reciente aparición, la consultora TNS Worldpanel ha recopilado los datos de los mercados de gran consumo durante los primeros nueve meses de 2009, y ha confirmado la atipicidad del panorama actual en el sector: el mercado ha crecido un 2,5% en volumen, pero se ha reducido un 1,6% en valor, debido al descenso en los precios.
“A este aumento del 2,5% en el volumen de productos comprados han contribuido de forma decisiva tres factores. El primero es el aumento de la población del 2,1% respecto al año anterior. En segundo lugar, el consumidor ha roto su tendencia en la reducción progresiva de las visitas a las tiendas, para acudir a ellas un 1,2% de veces más. Y en tercer lugar, la crisis ha obligado a muchas familias a salir menos, y eso implica que consumen más en casa. Respecto al año pasado, las familias han realizado un 2,1% más de ingestas de alimentos en el hogar, lo que implica aumentar el consumo de alimentación y de productos de limpieza y cuidado del hogar”, aseguran desde esta consultora.
Sin embargo, a pesar de todos estos factores que están impulsando el consumo de estos productos en el hogar, otras fuerzas contrarrestan y consiguen invertir el signo del crecimiento en valor (-1,6%). “Con la llegada de la crisis, el consumidor se lanzó a la búsqueda de soluciones para racionalizar su gasto. Para conseguirlo, aumentó su recurso a la marca del distribuidor, que ha alcanzado en estos momentos el 34,2% de la cuota de mercado de estos productos en valor. También acudió en más ocasiones a las tiendas discount, lo que ha impulsado la cuota del mercado de este canal hasta el 11%. Como respuesta a este cambio de patrón de consumo, la oferta ha respondido actuando de forma generalizada sobre el factor precio, bien sea de las marcas del distribuidor o de ofertas provenientes de marcas de fabricantes. La espiral entre la demanda y la oferta ha ocasionado que el precio pagado en alimentación y droguería haya caído un -3,5% respecto al año anterior”.
Ante esta nueva situación, que no tiene visos de remitir por el momento, la industria alimentaria no puede permanecer impasible y, por lo tanto, debe ser proactiva para adecuarse a esta tendencia, tratar de acoplarse a los nuevos deseos de los consumidores y mantener sus fortalezas, tratando de limar al mismo tiempo las debilidades que esta crisis sacará a relucir.
Es en las actuales circunstancias cuando se hace necesario revisar la dimensión de las empresas. Entender que para salir adelante es indispensable apuntalar las fortalezas y reducir al máximo las debilidades. Esto no quiere decir, necesariamente, que una empresa tenga que ser grande, sino que uniéndose a otras puedan formar plataformas de soporte a la producción, distribución y exportación de los productos. La unión y la cooperación son herramientas vitales para salir airosos.

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