Mineco: ”La investigación pública en ciencia y tecnología de alimentación en España es un referente”

María Luisa Poncela, secretaria general de Ciencia, Tecnología e Innovación

El sector español de la alimentación es un ejemplo de adaptación a los años de crisis. A ello contribuye un elevado nivel de desarrollo tecnológico, que le permitirá seguir haciendo frente a los desafíos del mercado globalizado, si bien queda como asignatura pendiente: “continuar incidiendo en la colaboración público-privada”, señala la secretaria general de Ciencia, Tecnología e Innovación, María Luisa Poncela

España ha abordado un amplio conjunto de reformas estructurales y un ajuste de los principales desequilibrios macroeconómicos que se han traducido en un cambio de tendencia en nuestra economía y en una mejora de nuestra competitividad. Informes como el Global Competitiveness Report 2013-2014 del World Economic Forum, recogen un mejor posicionamiento de la competitividad española y destacan que esta mejora será aún más notoria a medio plazo.

Para consolidar y reforzar esta tendencia, disponer de un adecuado ecosistema de I+D+i es clave.

La ciencia española tiene un gran reconocimiento internacional, su evolución en la última década ha sido muy relevante y actualmente ocupa la novena posición a nivel mundial y la cuarta a nivel europeo en cuanto a producción científica. La inversión pública en porcentaje de PIB se encuentra algo por debajo, pero en niveles similares a la de otros países (0,67% del PIB frente al 0,75% de la media UE-27). Además, por primera vez después de un lustro, este año se produce un punto de inflexión que marca un cambio hacia el incremento de las dotaciones presupuestarias, garantizando la estabilidad de nuestra ciencia.

El tejido investigador del país en el ámbito alimentario se puede considerar que es sólido y amplio

Aun así, España es clasificada como un país “moderadamente innovador” según el Innovation Union Scoreboard 2014 de la Comisión Europea, ocupando el puesto 17 dentro de la Unión.

Esta modesta posición refleja precisamente nuestras principales debilidades, entre ellas, una baja inversión privada (0,68% del PIB comparado con el 1,31% de la media UE-27), una escasa transferencia de conocimiento y movilidad del talento entre el sistema público y el sector privado, un bajo nivel de patentes y royalties, o una alta dispersión o falta de especialización en la I+D+i. Conseguir un modelo eficaz de I+D+i exige actuar y perseverar sobre estas fragilidades.

Contamos con una sólida base sobre la cual se puede vertebrar un sistema más equilibrado: instituciones científicas de reconocido prestigio, acceso a las más avanzadas infraestructuras nacionales e internacionales, buen posicionamiento internacional, elevados retornos en Programa Marco de I+D, acceso a fondos estructurales, así como liderazgo  tecnológico y empresarial en varios sectores. Sin embargo, es necesario continuar incidiendo en la colaboración público-privada, en orientar la investigación a resolver los actuales retos de la sociedad y en el fomento de la inversión empresarial, verdadera asignatura pendiente.

Crecen las ayudas

Se han realizado grandes esfuerzos para reducir estas debilidades. Se han desarrollado nuevos instrumentos de financiación para crear un entorno más favorable al desarrollo de la I+D+i pública y privada, motivando que trabajen de manera conjunta, y se ha dotado de un mayor volumen de ayudas para las empresas. En particular, en 2013 el CDTI incrementó sus ayudas en un 21% respecto al año anterior, alcanzando los 833 millones, y durante este año se espera llegar a los 1.100 millones. Adicionalmente, la Ley de apoyo al emprendedor y a su internacionalización ha introducido importantes incentivos fiscales, pudiendo monetizarse deducciones del impuesto de sociedades por I+D+i hasta un límite de 3 millones anuales. También es importante, dentro de esta ley, el visado científico que permite atraer talento e inversiones a España agilizando la concesión de visados y autorizaciones de residencia.

En 2013 el CDTI incrementó sus ayudas en un 21% respecto al año anterior, alcanzando los 833 millones, y durante este año se espera llegar a los 1.100 millones de euros

La industria alimentaria española es un ejemplo notable de adaptación a los años de crisis, habiendo experimentado un crecimiento de las exportaciones por la combinación de múltiples factores. Pero sin duda ha sido esencial que dispusiera de un elevado nivel de desarrollo tecnológico que, en algunos nichos, es superior al de los países de nuestro entorno.

El ecosistema en este sector ha ayudado a este desarrollo. El tejido investigador del país en el ámbito alimentario se puede considerar que es sólido y amplio. Este tejido está constituido por investigadores de distintos centros del CSIC (Institutos CIAL, ICTAN, IPLA, IIM, IATA, CEBAS, GRASA, ICVV), de los centros tecnológicos de las distintas comunidades autónomas, de centros de investigación dependientes del INIA, y de los múltiples departamentos de las distintas universidades españolas, dedicados de forma específica al avance del conocimiento y del desarrollo tecnológico en alimentos.

La investigación pública en ciencia y tecnología de alimentos en España es un referente, destacando especialmente en el desarrollo de tecnologías para mejorar la producción, conservación de alimentos y en el estudio de su calidad, seguridad y saludabilidad.  Así, España se sitúa en la tercera posición a nivel mundial en cuanto al número de publicaciones científicas en esta área, precedida únicamente por Estados Unidos y Japón, y en octava posición en cuanto al índice H de calidad de estas publicaciones.

Este esfuerzo ha ayudado al sector alimentario español a su consolidación como uno de los motores de la economía nacional. Con aproximadamente 30.000 empresas, el sector alimentario actualmente genera el 20% de las ventas netas del conjunto de la industria española y un 2,7% del PIB.

Pero competir y hacer sostenible la comercialización de los productos de alimentación y bebidas españoles en un mercado global con exigentes demandas, exige a las empresas mejorar en productividad e incorporar valor a sus procesos de elaboración y a sus productos, lo que supone la puesta en marcha de programas de investigación específica que conlleven una innovación y evolución tecnológica constante. El sector alimentario español dispone de un gran activo para ello y podrá seguir haciendo frente a los desafíos del mercado globalizado.

María Luisa Poncela, secretaria general de Ciencia, Tecnología e Innovación

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