Tecnología al servicio de la alimentación

En todas las fases de la producción y el envasado, la investigación busca una mejora continua para ofrecer unos productos más seguros. Las tendencias de consumo, las nuevas legislaciones, la innovación y una mayor preocupación por la salud están marcando el presente y el futuro

Si la tecnología ha jugado desde siempre un papel preponderante en el desarrollo de la industria alimentaria, hoy en día resulta indispensable para mejorar la eficiencia de las empresas que se debaten ante una situación mucho más aprensiva, producto de la contracción económica y del consumo, así como también de las nuevas legislaciones, más específicas y restrictivas, que buscan mejorar las garantías de seguridad alimentaria.
La actual coyuntura obliga a las empresas a racionalizar sus recursos, adaptar sus cadencias de producción con rapidez a los cambios en el consumo y a reducir los costes derivados de sus líneas. Esto implica un mayor ahorro energético y de materias primas, una mejora en los sistemas de distribución y almacenamiento, y en la utilización de aditivos e ingredientes mucho más atractivos desde el punto de vista funcional, de cara a los cada vez más exigentes consumidores.
Pero, más allá de ser necesarios para mejorar procesos productivos y aligerar costes, el uso de los adelantos tecnológicos por parte de la civilización ha estado siempre ligado a la necesidad de contar con alimentos de forma permanente. Muchos avances son el resultado de una necesidad perentoria: garantizarnos el abastecimiento alimentario. Desde el envasado de alimentos, casi todos los descubrimientos del ingenio humano han podido tener aplicaciones prácticas tendentes a mejorar la producción y conservación de los alimentos.
Con el advenimiento de la revolución industrial y la creciente aglomeración de las personas en ciudades, resultaba indispensable aumentar la productividad en la elaboración de los alimentos, asegurar su correcta conservación y transporte y facilitar su distribución. Las mejoras sanitarias, que han ido acordes con el aumento del nivel de vida de las personas, han jugado también un papel de importancia en toda esta cadena de factores que confluye continuamente. El uso de nuevos materiales y las mejoras en su manipulación, el descubrimiento de los microbios y de la pasteurización y, ya en el siglo XX, la masificación de la industria del frío, el plástico y la mecanización dieron un empuje final al sector que hoy conocemos.
La población mundial necesita cubrir sus necesidades alimentarias. Y como este crecimiento demográfico ha sido más extenso en las ciudades -incapaces de producir materias primas alimentarias, aunque sí de procesarlas-, la progresiva mecanización de los campos permitió seguir satisfaciendo la demanda de productos.
A todo esto debe añadirse la utilización de abonos y fertilizantes, las avanzadas aplicaciones prácticas de la química, que permitió la utilización de insecticidas, por una parte, y la creación de numerosos compuestos capaces no sólo de suplantar o potenciar ingredientes naturales, sino también de ejercer acciones conservantes en los alimentos, aumentando con ello el tiempo de vida útil de los mismos. En un ámbito similar se pueden catalogar los avances en las ciencias biológicas y en la investigación para obtener mejores semillas y plantas más resistentes, acelerando la selección natural para obtener frutos con mejores propiedades gustativas y cosechas más copiosas. 
A pesar de ello, en las últimas dos décadas se ha estado implantando una nueva realidad: los consumidores -y los legisladores- están prefiriendo consumir artículos con cada vez menos ingredientes artificiales, sin que por ello pierdan su conveniencia. Esto ha permitido el desarrollo de nuevos materiales, técnicas y maquinarias de manipulación de alimentos que permitiesen mantener los mismos estándares de seguridad alimentaria, garantizando un envasado adecuado e  inocuo -en muchas ocasiones, sin necesidad de conservantes-, con sistemas que consumen menos energía, generan menos residuos y, además, tienen un diseño depurado y atractivo para los compradores.
En el caso de las recetas, el redescubrimiento de numerosos compuestos naturales, provenientes de plantas y otros ingredientes, sin numeración E, está desplazando paulatinamente a otros aditivos. Esto se ha logrado gracias al buen hacer de los departamentos de investigación de numerosas empresas y centros tecnológicos, cuyas sinergias han resultado indispensables para alcanzar las cotas actuales de modernidad y efectividad.

Nuevos tiempos, nuevos hábitos
Los cambios en los hábitos de consumo: menor tiempo para preparar alimentos en casa, estilos de vida más apresurados, una creciente preferencia por adquirir alimentos con sabores exóticos y una mayor preocupación por los contenidos de los platos preparados (y por la salud misma de las personas), está facilitando la búsqueda de nuevas alternativas y procesos que cumplan con estos requisitos. Para alcanzarlos, es indispensable este desarrollo tecnológico. Desarrollo que también resulta indispensable para atacar otro problema derivado de la masificación de la industria: el destino de los residuos de envases y embalajes producidos para contener y proteger los alimentos. Al respecto, son muchas las iniciativas que se están llevando a cabo para aligerar el peso de los envases, utilizar plásticos con biopolímeros (que se degradan en pocas semanas), aumentar las tasas de reciclado (para lo cual se hace necesario utilizar materiales propensos a reutilizarse) y reducir, por ende, el impacto de este desarrollo en el medio ambiente.
Más allá del creciente éxito de los alimentos funcionales, que permiten, además de nutrir, corregir y minimizar dolencias o, mejor aún, prevenirlas y aportar beneficios a la salud, la nanotecnología ya está encontrando aplicaciones en este campo de la alimentación. Su capacidad para modificar moléculas biológicas, con el fin de proporcionarles funcionalidades diferentes, está abriendo un nuevo campo de investigación. También se está aplicando en la elaboración de materiales para fabricar envases.
Los llamados nanomateriales permiten una mejor encapsulación y liberación de los ingredientes alimentarios activos, si se compara con aquellos agentes de encapsulación tradicionales. Por otro lado, el desarrollo de nanoemulsiones, liposomas y complejos biopolímeros ha conducido al desarrollo de propiedades mejoradas para la protección de compuestos bioactivos, sistemas de administración controlados, integración de matrices alimentarias y enmascaramiento de sabores no deseados.
No obstante, tal y como ocurre con los transgénicos, el uso de la nanotecnología está empezando a ser contestado por algunas organizaciones científicas e institutos tecnológicos, por cuanto, dada su novedad, no existen todavía datos fehacientes que comprueben su completa inocuidad en las personas, por lo que se hace necesario seguir aportando recursos para su investigación.

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