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Transferencia tecnológica. Un aspecto clave en I+D+i

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Jaime Pujol, presidente del Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas); Miguel Blasco, subdirector de ainia centro tecnológico; Daniel Ramón, coordinador del Grupo de Trabajo de Alimentación de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio); Rogelio Pozo, director general de AZTI-Tecnalia, y Ángel Sánchez, presidente del Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (Itene)

La transferencia tecnológica es esencial en la I+D+i de la industria alimentaria. Esto se ha puesto aún más de manifiesto en el escenario de crisis económica de los últimos años, en el que la inversión de las empresas en innovación se ha visto limitada y su apoyo en la labor de los institutos tecnológicos ha cobrado especial relevancia. Gracias a esta sintonía, las compañías del sector alimentario se mantienen fuertes para asumir el reto de satisfacer nuevas demandas del consumidor en frentes como salud, comodidad y sostenibilidad. Así lo expresan los responsables de entidades como el Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas), ainia centro tecnológico, la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO), AZTI-Tecnalia e Itene

AIMPLAS-jaime-pujol-I-Aimplas: “El envase aporta mejoras estratégicas”

En épocas de crisis la supervivencia a corto plazo se convierte en lo más importante y se hace mucho más complicado mantener el compromiso con el medio y largo plazo invirtiendo en I+D+i. Las empresas que lo hayan conseguido, y hayan ido preparándose tecnológicamente, estarán ahora mucho mejor posicionadas para aprovechar la salida de la crisis. En Aimplas lo hemos hecho también y, justamente en estos días, inauguramos un nuevo edificio que amplía nuestras instalaciones en unos 4.000 m2 hasta los 9.000 m2 totales. De este modo, incrementamos la capacidad del Instituto para el eficiente desarrollo de nuestras líneas estratégicas de investigación en las áreas de materiales avanzados y sus procesos de transformación. Esto redundará en una mayor transferencia a las empresas del sector de las últimas tecnologías y aplicaciones en sectores tales como el envase y embalaje alimentario.

“Las principales claves que marcarán las tendencias en I+D+i estarán relacionadas con la competitividad, la sostenibilidad y la responsabilidad social”

Las empresas que han sobrevivido han hecho un importante esfuerzo por aumentar su eficiencia aplicando mejoras en sus procesos, reduciendo costes de no calidad, costes de producción y aumentando su productividad. De ahí que en este sector, al que lo definen la calidad, innovación y competitividad, seamos más eficientes ahora que antes.

Por lo que respecta al futuro, las principales claves que marcarán las tendencias en I+D+i estarán relacionadas con la competitividad, la sostenibilidad y la responsabilidad social. La competitividad requiere de estrategias de I+D+i enfocadas a la reducción de costes, mejoras en los tiempos de producción, velocidad de envasado y nuevos diseños centrados en la funcionalidad del envase y en la satisfacción del consumidor. La sostenibilidad requiere de innovaciones que permitan la minimización de residuos y la gestión de los mismos al final de su vida útil, reduciendo su impacto. Y, por último, la responsabilidad social está relacionada con la seguridad alimentaria y con reducir la cantidad de comida que termina en el cubo de la basura sin ser consumida. En este campo, el sector del envase y embalaje alimentario es un actor que aporta mejoras decisivas con estrategias como aumentar la vida útil de los alimentos a consumir, mejorar las operaciones logísticas o cambios en los formatos de consumo para adaptarse al perfil de cada consumidor.

Alrededor de estas tres claves citadas, se abren numerosas oportunidades para el sector del envase alimentario. Oportunidades tales como la búsqueda de nuevos materiales que aporten mayor funcionalidad a los envases, proyectos de ingeniería que adecuen los procesos productivos a valores más competitivos, la valorización de residuos para incentivar la reincorporación de éstos de nuevo en los sistemas productivos u obtener energía, nuevas técnicas de envasado y mejoras en la funcionalidad de los envases con la intención de alargar el tiempo de conservación del alimento.q

Jaime Pujol, presidente del Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas)

Ainia-Miguel-Blascoainia: “La innovación, motor de competitividad”

Estamos en un fin de ciclo y un cambio de modelo. El sector alimentario, siempre dinámico, lo ha entendido y ha sido uno de los primeros en reaccionar. Las empresas alimentarias han tomado conciencia de la necesidad de internacionalizarse, ganar peso y mejorar su productividad. También de acometer con responsabilidad los nuevos retos: desarrollo sostenible, compromiso social, transparencia y buen gobierno.

Si algo ha traído la crisis en el ámbito de la innovación ha sido un cambio de modelo, donde la cuenta de resultados refuerza su presencia en la toma de decisiones relacionadas con apuestas estratégicas. Los sistemas de I+D+i empresarial han estado estimulados mediante programas de subvenciones públicas que acortan teóricamente el plazo de retorno de la inversión y favorecen la toma de decisiones de riesgo.

El frenazo en seco de los apoyos públicos a la I+D+i está reajustando el sistema y está obligando a un replanteamiento. En estos momentos predomina la visión cortoplacista de la innovación. Se busca el retorno inmediato y el riesgo cero. Esta situación es insostenible en una sociedad avanzada, de manera que revertirá en el medio plazo hacia actuaciones innovadoras para rentabilizar el conocimiento desarrollado. Entramos en un periodo de deconstrucción tecnológica, donde se desarrollarán nuevas soluciones innovadoras por combinación de conocimientos ya existentes y técnicas ya exploradas pero organizadas de manera diferente.

“Las empresas alimentarias han tomado conciencia de la necesidad de internacionalizarse, ganar peso y mejorar su productividad”

La I+D más rupturista y en búsqueda de una verdadera diferenciación se focalizará en compañías que tienen en su ADN la innovación como valor indisociable de su cultura y que aspiran a diferenciarse. Estas compañías apostarán por la integración interdisciplinar, combinando conocimientos procedentes de campos tecnológicos diversos y uniéndolos para encontrar soluciones globales a los retos que tiene delante nuestra sociedad.

Nuestro sector alimentario se ha globalizado, es dinámico y emprendedor. Está demostrando que es fuerte y está preparado para asumir nuevos retos. Las oportunidades de innovación son muchas. Se proyectan nuevas necesidades a las que dar respuesta: El envejecimiento de la población y la necesidad de alimentar a más personas con los mismos recursos obliga sin paliativos a pensar en una gestión más responsable. También a considerar la relación entre alimentación, salud y calidad de vida con una visión global. Hay que empezar a individualizar las necesidades y convertir a la persona en el eje central de la gestión. Y hay que asumir que hoy el mundo es global e interconectado. La innovación sigue siendo motor de la competitividad y el progreso social.

Miguel Blasco, subdirector de ainia centro tecnológico

ASEBIO--Daniel-RamónAsebio: “La genómica marcará el futuro”

Con frecuencia se cree que la biotecnología de los alimentos es el uso de organismos modificados genéticamente en la alimentación. Ese es sólo un pequeño capítulo del libro que venimos escribiendo desde hace años y que tiene un doble argumento. Por un lado cómo la biotecnología puede ayudarnos a producir alimentos mejorados en sus propiedades físico-químicas, organolépticas y nutricionales, y por otro cómo mediante su uso podemos definir mejores dietas e intervenciones nutricionales.

En este sentido conviene destacar que los últimos diez años han dado lugar a avances muy importantes en las disciplinas científicas que componen la biotecnología. Lo más importante es que comenzamos a ver sus primeras aplicaciones industriales, como siempre, primero en el mundo farmacéutico y, posteriormente y de forma más tímida, en la agroalimentación. Hace diez años nadie hablaba de genómica, pero ahora ya hay empresas cotizando en bolsa que se dedican a estos menesteres. Mientras tanto, ¿qué ha sucedido en nuestro país? En los años de bonanza pocos empresarios hicieron una apuesta firme y decidida por la I+D. No valía la pena, era más fácil invertir en otras actividades que generaban retornos más inmediatos. A buen seguro que ahora, tras estos últimos años de crisis, muchos se lamentan de ello. Pero también es cierto que otros sí lo hicieron y ahora empiezan a recoger los frutos. Hay un perfil muy coincidente en todas estas empresas. Casi todas aprovecharon de forma inteligente convocatorias públicas de financiación a la I+D, como CENIT, que les ponían en sintonía con los excelentes grupos públicos de I+D de nuestras universidades y organismos públicos de investigación (fundamentalmente CSIC e INIA), y también con las pymes biotecnológicas nacidas a la sombra de estos centros. Como fruto de ello ya hay varios productos en el mercado que han usado las herramientas biotecnológicas para generar alimentos innovadores cuya venta se expande más allá de nuestras fronteras. Estos éxitos demuestran lo que en muchos países de nuestro entorno inmediato (Holanda, Suiza o países nórdicos, curiosamente los países con mayor cantidad de patentes agroalimentarias transferidas y en uso por millón de habitantes) es evidente: hay que crear espacios comunes donde se produzca esta convivencia entre las personas que generan buena ciencia (la mal llamada ciencia básica) y las que buscan sus aplicaciones desde el mundo industrial (la mal llamada ciencia aplicada).

“Las empresas que apuesten por herramientas que permitan mayor producción de materia prima en un entorno extremadamente sostenible tendrán ganado buena parte del futuro”

Pero, ¿qué marcará el futuro? Sin duda las nuevas tecnologías de la genómica que nos van a permitir en muy pocos meses secuenciar un genoma humano por 100 dólares y en sólo unos minutos. También los próximos años nos depararán el desarrollo de tecnologías bioinformáticas que nos permitirán desentrañar en segundos el aluvión de datos que la genómica va a deparar. Conoceremos lo más íntimo desde el punto de vista molecular de nosotros, nuestro genoma letra a letra, como conoceremos lo más íntimo de los genomas de todo aquello que utilizamos como materia prima o como fermento en el mundo agroalimentario. Estos avances nos permitirán diseñar nuevos alimentos y nuevas dietas ajustadas a nuestra realidad genómica. Esta conjunción de la biotecnología, la informática y la ingeniería metabólica es la biología de sistemas. Hace dos años, Nestlé creó el Nestlé Institute of Health Sciences sólo para aplicar esta disciplina naciente en el mundo de la alimentación. Así funcionan los líderes.

En el año 1800 poblaban nuestro planeta 880 millones de personas. Hoy, 214 años más tarde somos 7.000 millones y en el 2050 seremos 9.000 millones. En los próximos 25 años perderemos el 10% de la superficie cultivable por erosión, cambio climático y salinidad. La pirámide poblacional, sobre todo en los países desarrollados, seguirá cambiando y cada día tendremos más población senior que precisará de cuidados médicos incrementando el gasto sanitario. ¿Qué respuesta puede dar el sector agroalimentario frente a estos desafíos? Por un lado producir más y mejor, por otro, diseñar alimentos y dietas que, a lo largo del ciclo de vida, nos permitan tener una buena salud y prevenir la llegada de la enfermedad. Las empresas que apuesten por herramientas que permitan conseguir una mayor producción de materia prima para el sector agroalimentario en un entorno extremadamente sostenible, o las que diseñen alimentos innovadores que prevengan de las grandes plagas de la salud (síndrome metabólico, enfermedades neurodegenerativas o, por qué no, cáncer) tendrán ganado buena parte del futuro. Esa será la mayor apuesta de futuro.

Daniel Ramón, coordinador del Grupo de Trabajo de Alimentación de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio)

AZTI-TECNALIA-RogelioPozoAZTI-Tecnalia: “La innovación no tiene límites”

La competencia hoy es feroz, y solo puede esperarse que lo vaya a ser más. La lucha por la competitividad empresarial ha sido una de las palancas clave donde tanto las empresas como las instituciones han puesto el foco. Competitividad que ha venido marcada por un primer objetivo de reducción de costes de todo tipo, con el fin de conseguir unos precios más competitivos en el mercado. Sin embargo, la reducción de costes tiene un límite y en muchas empresas se está o se ha llegado a él, no hay mucho más margen de maniobra en esa dirección.

La lucha por el precio y la eficiencia han sido hasta ahora el foco, pero y a pesar de la crisis, la nueva batalla será, además, por la innovación en todas las áreas de la organización y el “time to market”. Los ahorros de costes por sí solos no hacen las empresas más competitivas. La competencia de costes más bajos debe ser contrarrestada con la innovación de vanguardia en productos, procesos y servicios, no hay otra alternativa para países con altos salarios y mayores costes operativos. La innovación no tiene límites.

Por ello innovar resulta esencial para afrontar cualquier reto actual y futuro. En tiempos de crisis como el actual, muchas organizaciones y empresas pueden tomar la decisión de reducir sus inversiones en I+D. A mi juicio se trata de un serio error, pues resulta más necesario que nunca potenciar toda nuestra capacidad tecnológica e innovadora. El futuro se escribe con caracteres tecnológicos y diferenciación en productos y servicios.

En AZTI-Tecnalia entendimos, desde el inicio de la crisis, que la innovación tecnológica era precisamente el elemento que habría que defender con mayor celo. Como ejemplo de esta apuesta, la Encuesta Nacional de Innovación Empresarial de 2012 situó a AZTI-Tecnalia en el puesto número 41 entre las 20.500 empresas españolas que más invierten en actividades de I+D+i, y en el séptimo puesto en el País Vasco.

“La competencia de costes más bajos debe ser contrarrestada con la innovación de vanguardia en productos, procesos y servicios”

La inversión de AZTI-Tecnalia en tecnología está orientada a dotar de mayor competitividad a la industria alimentaria, sin olvidar que es el consumidor el destinatario final de toda investigación en materia de alimentos. Según nuestros cálculos, por cada euro invertido por nuestro centro tecnológico en investigación, la industria alimentaria moviliza 15 euros, lo que supone que las empresas que han colaborado con nosotros han generado inversiones y actividad por valor de 82 millones de euros.

Para el futuro inmediato, en AZTI-Tecnalia hemos detectado seis desafíos globales que van a condicionar el entorno competitivo y, por tanto, la I+D+i de la industria alimentaria:

1. Recesión económica profunda y duradera: la eficiencia en costes de toda la cadena de valor.

2. Incremento de la demanda energética y encarecimiento de la energía.

3. Globalización: deslocalización industrial y competidores globales.

4. Envejecimiento de la población en Europa e incremento del gasto social y sanitario.

5. Incremento de la población mundial: aumento de la demanda y encarecimiento de las materias primas.

6. Cambio climático y necesidad de adaptación: cambios en acceso a fuentes de materias primas y reducción de emisiones.

Así pues, la industria alimentaria se enfrenta a importantes desafíos, pero también tiene por delante nuevas oportunidades. Los cambios en la demografía y en los comportamientos de los consumidores abren la puerta al desarrollo de nuevos productos, caracterizados por la facilidad de su preparación. Otra oportunidad llega de la mano de los nuevos productos más saludables y de mayor valor nutricional, dirigidos a un público cada vez más preocupado por la salud y la prevención de enfermedades.

Rogelio Pozo, director general de AZTI-Tecnalia

_ITENE-Angel-sanchez-presidenteItene: “Respondemos a los retos de la industria”

El envase y embalaje ha sufrido los años duros de la crisis, pero poco a poco va sobreponiéndose gracias a la apuesta por la innovación tecnológica. Las empresas relacionadas con el envase y embalaje han sabido potenciar su competitividad a través de la innovación en producto, tecnología, procesos, etc., además de una paulatina internacionalización.

El objetivo que mueve la innovación es dar respuesta a las necesidades y demandas de los consumidores, lo que origina estos nuevos desarrollos de envase, y de forma muy activa en el sector alimentario. Toda la actividad de Itene como centro de investigación está orientada a las necesidades que detectamos del mercado y a las oportunidades que encontramos para las empresas, y ello marca las tendencias actuales y futuras.

Por ejemplo, los materiales inteligentes incorporados al envase a través de etiquetas que cambian de color en función del deterioro del alimento garantizarán científicamente si éste puede ser consumido o no, acabando con el problema de interpretación de las fechas de caducidad y de consumo preferente.

“Los envases activos suponen una revolución científica en las tecnologías de conservación tradicionales”

También estudiamos el desarrollo de materiales que interactúen sobre los alimentos que compramos para alargar su vida útil. Los envases activos suponen una revolución científica en las tecnologías de conservación tradicionales.

Con ambas tecnologías existen nuevas oportunidades para las empresas. Las ventajas del envase activo es que podemos alargar la vida útil de los productos contenidos sin detrimento de las características organolépticas o visuales. Esto facilita la puesta en mercado, ya que se pueden alcanzar localizaciones lejanas y nuevos mercados, así como la puesta en mercado de productos que por sus características de conservación son muy restrictivos.

En el caso del envase inteligente permite detectar manipulaciones incorrectas en la cadena de suministro, así como proporcionar información directa al consumidor o a la empresa.

Otra tendencia es la investigación en nuevos materiales 100% biodegradables, que permitirá al envase descomponerse de forma natural. La aplicación de nanotecnología a los materiales bioplásticos hace posibles propiedades increíbles de los materiales de envase con una cantidad mínima de materias primas. Los nanomateriales son un avance de la ciencia con implicación directa en el impacto ambiental y la calidad de vida de las personas.

Son sólo algunos ejemplos del dinamismo, innovación e impulso de un sector del envase y embalaje que sigue respondiendo con tecnología y avances científicos a los retos que plantea de forma progresiva la alimentación.

Ángel Sánchez, presidente del Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (Itene)

 

Más información en la edición impresa de la Guía de la Tecnología Alimentaria 2014

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