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Microalgas y snacks, un futuro conjunto

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Las microalgas son organismos unicelulares fotosintéticos microscópicos que se encuentran en una gran variedad de ambientes. Su mecanismo fotosintético es similar al de las plantas superiores; sin embargo estos microorganismos son más eficientes a la hora de transformar la energía solar en biomasa por una doble razón: su estructura celular es más sencilla y, además, se encuentran completamente sumergidas en un medio acuoso, conformando toda su superficie como un área de intercambio de nutrientes y CO2.

Las microalgas han sido capaces de establecerse prácticamente en cualquier hábitat terrestre. Para sobrevivir en las condiciones más adversas de temperatura, pH, irradiación y salinidad han desarrollado una enorme variedad de mecanismos morfológicos y bioquímicos que se traducen en una diversificación taxonómica excepcional. Por ello, estos organismos constituyen un grupo polifilético de estructuras eucariotas pertenecientes, la mayoría, al Reino Protista con la excepción de las Cianofitas. Estas últimas son células procariotas descendientes directos de los primeros organismos fotosintéticos que originaron la atmósfera en nuestro planeta.

Las microalgas  se clasifican en divisiones según su pigmentación, la naturaleza química de los productos que almacenan y otras características morfológicas. Los grupos más abundantes son las Cianofitas o algas verde-azuladas, las Clorofitas o algas verdes, las Bacilariofitas o diatomeas, las Crisofitas o algas doradas y las Haptofitas (Chacón and Gonzalez-Mariño, 2010).

Desde el punto de vista biotecnológico, las microalgas son organismos sumamente interesantes por la variedad de compuestos con aplicación en alimentación, nutraceutica, farmacia e incluso como fuente de energía (figuras 2 y 3). Las microalgas se consideran fuente de valiosos compuestos (Tabla 1):

√ Pigmentos: una de las características más relevantes de las microalgas es su color. Además de clorofila, estos microorganismos poseen otros pigmentos accesorios como las ficobiliproteínas o los carotenoides que las protegen de los excesos de radiación solar. Por un lado, las ficobiliproteínas (que incluyen la ficocianina y la ficoeritrina), se encuentran únicamente en las algas y tienen un amplio rango de aplicaciones que incluye la industria de la alimentación. Por otro lado, los carotenoides son pigmentos con una elevada capacidad antioxidante que funcionan como provitamina A. Los principales carotenoides que producen las microalgas son el betacaroteno y la astaxantina, sin embargo, existen muchos más como el licopeno, la luteína o la fucoxantina que sin duda tienen (o tendrán) su espacio en el mercado de la alimentación.

√ Proteínas: el elevado contenido de proteína de las microalgas las convierte en una fuente no convencional de este macronutriente. La mayoría de las microalgas contienen aminoácidos esenciales que no pueden ser sintetizados por la célula animal (como lisina, metioninta, triptófano, treonina, valina, histidina e isoleucina) y su contenido es comparable con el del huevo o la soja (Becker, 2007)

√ Ácidos grasos: las microalgas son fuente de ácidos grasos, especialmente de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga como el -linolénico el ácido araquidónico (ARA), el eicospentaenoico (EPA) y el docohexaenóico (DHA) (Borowitzka, 2013). Estos ácidos grasos son fundamentales en la dieta porque mantienen un adecuado equilibrio en la sangre reduciendo el colesterol y los triglicéridos y previniendo enfermedades cardiovasculares, arteriosclerosis, enfermedades de la piel y artritris (Simopoulos, 2002)

√ Vitaminas y minerales: las microalgas representan una importante fuente de vitaminas como el tocoferol y vitaminas del grupo B, de macrominerales (Na, K, Ca y Mg) y macrominerales (Fe, Zn, Mn y Cu)

 

Las microalgas en la dieta humana


Los primeros documentos escritos que recogen testimonio del consumo de microalgas nos llegan, por una parte, a través de los conquistadores que llegaron a México y se sorprendieron al ver consumir a los aztecas unas tortas verdeazuladas que recolectaban en el lago Texcoco y que secaban al sol (Paniagua et al, 1993). Estas tortas se llamaban tecuitlal y hoy en día se sabe que estaban compuestas fundamentalmente por Spirulina. El tecuitlal complementaba una dieta casi exclusiva de cereales ya que su composición es rica en proteínas con un elevado porcentaje de minerales. Por otra parte, al otro lado del océano en el continente africano, a orillas del lago Chad, también se consumía dihé (y aún hoy en día se consume), un alimento similar al de los aztecas, tanto en composición como en aspecto, que ha mantenido a la población local durante siglos (Batello et al, 2004). Probablemente el tecuitlal y el dihé puedan ser considerados los primeros snacks de microalgas de la historia.

 

Tiene a su disposición el informe completo, con amplios artículos técnicos y declaraciones de los principales operadores, en la edición impresa de la revista Tecnifood núm.89 (septiembre/octubre de 2013)

 

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