Vanguardia Tecnológica

Ver novedades

Requerimientos de seguridad asociados a los extractos de plantas

Léalo en 11 - 15 minutos
Léalo en 11 - 15 minutos

En los últimos años, se está produciendo un fuerte auge en el desarrollo de alimentos funcionales. El reglamento (CE) nº 1924/2006 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 20 de diciembre de 2006 establece las pautas legales que regulan las declaraciones nutricionales y saludables de los alimentos. Dentro de la amplia gama de ingredientes que pueden ser empleados en el desarrollo de un alimento funcional, los extractos vegetales o compuestos bioactivos extraídos a partir de plantas son los que ofrecen mayores posibilidades desde el punto de la innovación

Desde la entrada en vigor del reglamento de declaraciones saludables, se han escrito muchos artículos sobre  los procedimientos de autorización de las diferentes declaraciones saludables y de reducción de riesgo de una enfermedad.  Sin embargo, poco se ha tratado sobre los requerimientos de calidad y seguridad que se demandan de este tipo de ingredientes. En este artículo, se hace una revisión sobre los aspectos de calidad y seguridad más críticos de los extractos vegetales.

Criterios de seguridad
Identidad botánica.
La importancia de la correcta identificación botánica de las plantas medicinales resulta esencial y evidente, como ya hemos comentado, para el propósito de poder garantizar la calidad del producto y, por lo tanto, su seguridad. La inclusión de otras especies botánicas en un producto, ya sea de modo intencionado o no, puede originar importantes problemas de seguridad y son la causa de muchas de las reacciones adversas producidas por las plantas medicinales. De hecho, actualmente se estima que un porcentaje importante de las reacciones adversas atribuidas en un momento dado a determinada planta, son debidas realmente a la presencia de otra parte de la planta, otra especie botánica de mayor toxicidad o, incluso, a otro tipo de sustancias (principios activos) presentes en el producto .
La tendencia actual en la garantía de la identidad botánica es que las industrias dispongan de una monografía descriptiva o de “material botánico de referencia”, del que exista una absoluta garantía de identidad y pureza y sobre el cual, se basa la identificación de cualquier lote de la planta en cuestión. El examen macroscópico es la prueba inicial, y en ocasiones muy clarificadora, que debe realizarse para la identificación botánica. Otras veces, la mayoría, bien porque se dispone sólo de una parte de la planta que no permite la correcta identificación botánica, bien porque ésta ya haya sido pulverizada o bien porque estemos utilizando un derivado obtenido a partir de la misma (extractos, aceites esenciales…), es necesario recurrir a pruebas complementarias.
El examen microscópico es igualmente revelador, aunque obviamente no es aplicable como ya hemos comentado, a los derivados de las plantas como los extractos. El análisis de la huella cromatográfica es, en la mayoría de las ocasiones, esencial y definitivo, (cuando es apoyado con otra prueba), de cara a la correcta identificación botánica. De forma rutinaria, en la identificación botánica siempre se realizan análisis de cromatografía en capa fina, y en otras ocasiones, es necesario recurrir también a otro tipo de cromatografías como la cromatografía líquida de alta resolución (HPLC) o la cromatografía de gases. Otro tipo de técnicas como la cromatografía asociada a espectrometría de masas y análisis de DNA son actualmente menos utilizadas, aunque sin dudas con interesantes perspectivas futuras. Finalmente, el examen organoléptico y las reacciones químico-colorimétricas son pruebas complementarias que ayudan a la identificación.
Los problemas de identidad botánicos más habituales pueden ser, entre otros, lo siguientes:

Sustituciones.
Las causas que inducen a sustituciones de una especie botánica por otra, pueden ser realmente muy variadas. En ocasiones, la sustitución es debida al intercambio de dos especies botánicas diferentes, cuyo nombre común es idéntico o muy similar, es el caso por ejemplo, de la especie Stephania tetrandra S. Moore (han fang ji o han fang chi) sustituida por Aristolochia westlandii (guan fang ji o guan fang chi) o de la especie Clematis armandii sustituida por A. manshuriensis (ambas con nombre tradicional chuan mu tong). En ambos casos, se originaron importantes problemas de nefrotoxicidad tanto en Europa como en Asia. En otras ocasiones, la escasez de una determinada cosecha promueve la importación de la misma desde otras zonas del planeta con los consecuentes riesgos de sustitución de especies, es el caso sobradamente conocido de la sustitución de Illicium verum  Hook. f. (anís estrellado), por Illicium anisatum L. (anís estrellado japonés).
Afortunadamente, la mayoría de las ocasiones en las que existe una sustitución, la planta que sustituye carece de toxicidad por lo que, únicamente se aprecia una pérdida en la efectividad del producto. No obstante, deben establecerse los mecanismos de control que minimicen el riesgo.

Contaminaciones.
Es la inclusión accidental y no intencionada de una parte equivocada de la planta, de otra especie botánica o de materia extraña. Al igual que describíamos para las sustituciones, la mayoría de las contaminaciones no detectadas por falta de los oportunos controles de calidad, pasan también inadvertidas por falta de toxicidad del contaminante. Sin embargo, en otras ocasiones sí se hizo más evidente, como la famosa contaminación de una partida de Plantago lanceolata  L. (llantén menor) contaminada con Digitalis lanata Ehrh. y distribuida por más de 150 empresas en los Estados Unidos durante dos años.

Adulteraciones.
Es la presencia de otra parte de la planta, otra especie botánica o materia extraña añadida de modo intencionado con el propósito de incrementar el peso o la potencia del producto o disminuir su coste, es el caso por ejemplo, de la adición de excipientes tipo maltodextrina a extractos vegetales con el único propósito de abaratar los costes y la consecuente merma en la efectividad del producto.

Contaminaciones bióticas y abióticas (pureza).
Al igual que comentábamos en el epígrafe anterior, a la hora de analizar los problemas de impurezas bióticas y abióticas, resulta interesante diferenciar los términos contaminación y adulteración. Así, entendemos como contaminación biótica o abiótica en una planta medicinal, la presencia no intencionada o accidental de una sustancia que potencialmente puede ser perjudicial para la salud, incluyéndose microorganismos, metales pesados, residuos de pesticidas, plaguicidas y fungicidas, toxinas microbianas, dioxinas, benzopirenos o materiales radiactivos, además de hierbas desconocidas o no identificadas o sus partes tal y como hemos visto en el epígrafe anterior.
Por el contrario, hablamos de adulteración cuando las sustancias presentes en la planta medicinal son añadidas de forma intencionada y no figuran en el etiquetado, dichas sustancias pueden ser fármacos, marcadores químicos u otras especies botánicas con el único fin de incrementar la potencia de planta medicinal. También se considera una adulteración la presencia de plantas agotadas en su extracción, rehidratándose con posterioridad para favorecer el aumento de peso y la disminución en el precio de venta.

Contaminación microbiana.
La contaminación bacteriana y fúngica puede originar un problema importante de salud además de una pérdida económica para todo tipo de operadores sean alimentarios y/o farmacéuticos. Afortunadamente, la mayoría de las contaminaciones microbianas son asintomáticas o producen síntomas menores, pero en cualquier caso, es necesario establecer un control microbiológico de modo rutinario para minimizar el riesgo asociado a este tipo de contaminaciones.
Normalmente, las sustancias responsables de la actividad farmacológica o fisiológica de una planta son metabolitos secundarios que pueden experimentar variaciones importantes en su concentración como consecuencia del estrés producido por factores bióticos o abióticos. Por ello, es importante tener en cuenta que la contaminación microbiana puede originar variaciones en la concentración de los principios activos e incluso generar metabolitos de carácter tóxico.

Toxinas microbianas.
Las contaminaciones microbianas pueden producir en determinadas situaciones, por ejemplo, semillas con malas condiciones de almacenamiento, la aparición de toxinas microbianas, tales como endotoxinas bacterianas producidas por Escherichia coli o micotoxinas, como las aflatoxinas producidas por el hongo Aspergillus sp.

Pesticidas y plaguicidas.
La tendencia de consumo de plantas es la de “producto ecológico de cultivo orgánico”, pues éste está exento de residuos de plaguicidas y pesticidas. Son bastantes los productos que en su etiquetado figura el certificado de agricultura ecológica, que garantiza la ausencia de los mismos. Sin embargo, es relativamente frecuente encontrar este tipo de contaminantes, así por ejemplo, son varios los estudios realizados en Europa que han encontrado un porcentaje significativo de plantas cuyos límites de residuos exceden los límites permitidos para la alimentación.

Metales pesados.
Este tipo de contaminación puede causar graves problemas de salud, hay que detectar no solamente las plantas contaminadas con metales pesados sino también aquellas que por su naturaleza acumulan específicamente dichos metales. Estudios europeos han detectado niveles significativos de dichos metales por encima de los permitidos en alimentación.
4 Variaciones en la concentración de principios activos.
La finalidad de los productos naturales fabricados a base de plantas o  sus preparados es ejercer una actividad fisiológica en el organismo. Para la consecución de este objetivo, es necesario garantizar la calidad del producto en términos cualitativos y cuantitativos de principios activos y/o marcadores.
Las plantas son organismos vegetales cuya composición es susceptible de variaciones debidas a las condiciones de cultivo, recolección, secado, almacén o condiciones de conservación. De manera adicional, la amplia variedad de especies vegetales, así como de las partes de las mismas empleadas en la fabricación de estos productos, hace necesario considerar, dentro de los criterios de calidad, la correcta identificación y cuantificación de los principios activos o marcadores para garantizar un efecto beneficioso.
En base a lo anterior y en función de que los constituyentes responsables de la actividad sean conocidos o no, el correcto cumplimiento de este criterio de calidad debería implicar los siguientes pasos:
1.- Identificar los constituyentes responsables de la actividad o principios activos.
2.- En caso de que los principios activos no sean conocidos, identificar un marcador  que nos permita determinar la variabilidad de los componentes de planta y sus extractos.
3.- Seleccionar uno o varios métodos analíticos que nos permitan cualificar y cuantificar el contenido de principio activo o marcador en la materia prima y/o en el producto terminado.
4.- Establecer y justificar una especificación en contenido de principio activo o marcador, en base a la bibliografía publicada, farmacopeas, fichas técnicas, etc. En los casos en que una cantidad específica no esté justificada, como por ejemplo determinados aceites esenciales, la identificación y cuantificación del mismo sería suficiente.    

Conclusiones
Los extractos vegetales ofrecen unas amplias posibilidades para el desarrollo de nuevos alimentos funcionales. En la actualidad, la EFSA evalúa un gran número de solicitudes de nuevas declaraciones saludables para este tipo de ingredientes. Las industrias alimentarias que utilicen los extractos vegetales como nuevos ingredientes funcionales deben tener presente la importancia de elegir proveedores expertos y que ofrezcan las máximas garantías de seguridad en sus procesos , máxime teniendo en cuenta las dificultades intrínsecas de calidad que soportan este tipo de ingredientes.

 

Publicado en Tecnifood Nro. 64

Mostrar comentarios (No hay comentarios)

Deja un comentario

Noticias relacionadas