Tecnología del cierre: algo más que barreras de protección adicional

Los envases destinados a contener alimentos y bebidas no sólo deben cumplir con estrictos requisitos de protección y estanqueidad, sino que deben contar también con sistemas de cierre que garanticen la integridad del recipiente ante las presiones y sean fáciles de manipular por los consumidores. Las últimas novedades tecnológicas ahorran costes y materiales

Tan importante como el envase en sí es el cierre que garantiza la estanqueidad del producto envasado. De nada vale contar con un recipiente barrera que permita mantener las propiedades del alimento, sea efectivo y atractivo, fácil de transportar y de producir, si no cuenta con un cierre que garantice la hermeticidad durante un tiempo de vida suficiente. Que sea capaz de soportar las presiones de los gases que pueda contener el líquido, de los golpes y movimientos durante el transporte. Y que, a la vez, sea lo suficientemente manejable y amigable a las manos, para que pueda ser abierto por cualquier persona cuando ésta decida consumir el contenido.
Además, el tapón puede y debe cumplir otras funciones, como es el caso de facilitar la utilización del contenido (en el caso de los aceites, regular el flujo de salida) o cerrar de nuevo el recipiente para que siga siendo estanco y evite las fugas o el deterioro del alimento, sea éste sólido o líquido. Es por ello que debe ser diseñado de forma minuciosa, para que la rosca o el calibre del diámetro coincida plenamente con la boca de la botella, o para que los dos elementos de unión encajen correctamente.
Una de las funciones que está empezando a desarrollarse, y que se espera estará mucho más estandarizada en un futuro (acorde con los nuevos envases que interactúan con los alimentos aumentando con ello la protección de los mismos) son los tapones que tienen, a la vez, un pequeño compartimiento en el cual pueden ir liberando un gas o cualquier otro compuesto, que contribuya a conservar (sin necesidad de aditivos artificiales añadidos al preparado alimenticio) el contenido hasta el momento en que es consumido. 
Existen igualmente algunos envases, varios de ellos están a la espera de que la patente sea admitida, que calientan el contenido justo antes de ser consumido gracias a una reacción exotérmica. O que lo enfrían, mediante una reacción química. Todo esto tendente a facilitarle el trabajo a las personas que los adquieren.
Sin embargo, esto no quiere decir que los tapones tradicionales vayan a ser desplazados por estas maravillas de la tecnología. Los cierres de rosca con su base de goma para facilitar la estanqueidad, el corcho y el plástico que está sirviéndole de sucedáneo en aquellos vinos de menor precio, el metal para las chapas de las botellas y los tapones mecánicos siguen siendo utilizado profusamente por la industria alimentaria, por su conocida calidad, facilidad de producción y precios competitivos.

La técnica de barrera, clave de nuevos mercados

Una cuestión, que siempre ha sido muy debatida por los profesionales de la industria, tiene que ver con la estructura óptima que deben los recipientes de plástico para evitar, o al menos dificultar, que penetre oxígeno y luz en el producto, y, por otro lado, impedir que se escapen el ácido carbónico y los aromas de la bebida, como es el caso de las refrescantes.
Existen diferentes métodos de conseguirlo: utilizando botellas multicapa, combinaciones de diferentes materiales o recubriendo las botellas por dentro o por fuera, por ejemplo con óxido de silicio, semejante al vidrio y, en caso dado, un absorbedor de oxígeno (scavenger) en la tapa. Igualmente se está discutiendo la posibilidad de aplicar una capa protectora con plasmas de baja presión. En cualquiera de los casos, una tecnología de barrera apropiada y rentable podría ser la clave para abrir nuevos mercados y ampliar con ello la oferta de productos existentes.
Pero estas tecnologías, que cuentan con grandes avances en diferentes centros de investigación y en los departamentos de I+D+i de las principales empresas fabricantes de envases del mundo, necesita como aliado un tapón o cierre que complemente las virtudes del recipiente, ofreciendo la misma calidad y seguridad en el efecto barrera.
Las empresas fabricantes, por motivos de superación tecnológica, y gracias a las colaboraciones que establecen con los fabricantes de alimentos y bebidas, están constantemente promoviendo nuevas soluciones que son continuas vueltas de tuerca (o de tapón, en este caso), hacia sistemas más seguros, efectivos, prácticos y acordes con los esfuerzos destinados a minimizar el impacto medioambiental de los materiales utilizados.
Los nuevos cierres, si bien a simple vista parecen no diferenciarse de aquellos producidos hace una década, tienen algunas características que los hacen novedosos. Por ejemplo, aquellos utilizados para botellas PET son más pequeños por lo que usan menos materias primas, se necesita una cantidad menor de energía para producirlos y cumplen la misma función.

Nueva selladora de opérculos, de PTM
Una de las características más demandadas por la industria es contar con sistemas que le permitan garantizar a los consumidores que el producto no ha sido abierto anteriormente. Para ello se utilizan precintos de seguridad que son fáciles de abrir, pero que alertan cualquier apertura no deseada antes de haber sido adquirido. Para satisfacer esa necesidad, PTM, Productos Técnicos y Maquinarias, presentó recientemente la selladora de opérculo por inducción, con la cual se precinta los envases con una lámina, sin contacto alguno con el producto, conservando íntegras las propiedades del envasado.
El sellado por inducción es un excelente sistema de seguridad antifugas para todo tipo de productos, y está reconocido como precinto de garantía, pues asegura que el envase no ha sido abierto antes de su utilización. Así mismo, se ofrecen máquinas selladoras de opérculos por inducción automáticas, semi-automáticas y manuales para adaptarse a los diferentes requerimientos de los clientes, en cuanto a tecnología, costes y rapidez en la producción. 
Los tapones por inducción son una solución innovadora que, combinados con un profundo conocimiento de los materiales de envasado, tales como la estanqueidad del oxígeno, la humedad y la luz, resistencia a la perforación, utilización de tapas impresas en colores, envases de formas modernas y funcionalidad práctica para el consumidor, permite obtener un resultado que asegura una máxima seguridad en el sellado, una apertura fácil de los envases y una reducción de los costes de embalaje, sin comprometer con ello la calidad.
El proceso de sellado se aplica después de que los envases han sido llenados y tapados. El opérculo se sitúa en el interior del tapón antes de cerrar el recipiente, ya que éste crea una presión al enroscar el tapón que contribuye a sujetarlo con firmeza  al cuello del envase. Posteriormente, éste último pasa bajo el cabezal de sellado de la máquina, que induce una corriente eléctrica en el opérculo, lo cual hace que se caliente con rapidez y, en consecuencia, provoque que la capa de cera, que está encima de la lámina, y el polímero, que está debajo, se fundan. La cera es absorbida por el cartón, lo que libera el opérculo, y a medida que el polímero se enfría bajo la presión de la tapa, se crea un sellado hermético alrededor del borde del recipiente.
Dichos opérculos pueden ser de fácil apertura (o bien con pestaña, o bien con lengüeta), de perforación sencilla (lo que evita la necesidad de usar un utensilio para retirarlo) o de máxima seguridad (lo cual sí necesita un utensilio para abrirlo).
PTM tiene, además, maquinarias para la colocación de etiquetas retráctiles, las cuales pueden funcionar con precinto de seguridad (bien sea anónimos o personalizados), evitando que el producto sea abierto y garantizando la higiene necesaria a los consumidores. También ofrece precintos con pre corte en T, para facilitar la apertura del sleeve, y unidades en bobina para una aplicación automática de cada uno de ellos, lo que facilita la producción, minimiza las paradas y no genera retrasos.

Tapones para una amplia variedad de usos

Bericap es uno de los fabricantes de tapones y cierres de plásticos para la industria alimentaria con una mayor variedad de productos y alta tecnología. Tiene soluciones para los sectores de bebidas refrescantes y aguas envasadas, cervezas, vinos y otras bebidas con contenido alcohólico, zumos y lácteos, y aceites.
Una de las novedades de reciente introducción es un tapón diseñado para la compañía de siropes francesa Monin, llamado Transatlantique. Este tipo de cierre con boquilla proporciona un diseño ergonómico y cómodo que permite su uso con la mano abierta, un flujo constante del producto con gran facilidad de control y un cierre automático, para asegurar integridad del contenido.
Por otro lado, esta empresa cuenta con la gama Galileo I, que utiliza una patente que consiste en una moldura de bisagra de tapa en posición cerrada, que permite una relativamente alta velocidad de moldeo, no requiere ninguna operación adicional de cierre (que suele ser necesaria para aquellos sistemas tradicionales con bisagras) y ha ofrecido una manipulación eficiente en las pruebas de rendimiento.
Esta tecnología ha sido utilizada por Bericap para desarrollar diversos cierres, dentro del sector de bebidas y aceites comestible, o para la renovación de algunas de sus tradicionales bisagras de cierre, con dos versiones básicas: de una pieza tipo CTC destinada para el nuevo cuello de peso ligero de 38 mm acabado en la propia prensa; y de dos piezas, con bisagras overcap PP transparente, para poder así visualizar la membrana desprendible, y, a su vez, con un dispensador.
Este diseño abarca el cierre del cuello de prensa, pero puede ser usado en combinación con el nuevo peso ligero que esta empresa presentó como parte de su compromiso con la fabricación de envases que tengan menor impacto en el medio ambiente. Este cierre está dirigido principalmente a la industria envasadora de aceite comestible, que debe cumplir con dos pretensiones: facilidad de utilización y garantía de protección a un alimento que se oxida con facilidad y que, por regulaciones sanitarias, no puede tener conservantes añadidos.
Esta empresa, además, mejoró  la capacidad de purga del tapón PCO 1881 SuperShorty de Crown y Supershorty CSD para garantizar que cuando las botellas de 2.5 litros se llenan con CO2, en concentración de hasta 4,7% del volumen, éstas se mantengan íntegras. Este aumento de seguridad significa que se ha reducido drásticamente el peligro de expulsión, incluso cuando un consumidor desenrosca violentamente el tapón. Todos los tapones de esta serie llevan el sistema DoubleSeal, para obtener un sellado seguro, incluso en condiciones de calor.
Dos envasadores de cerveza ya han comenzado la utilización de PCO 1881 en sustitución del PCO 1810. En breve, otras compañías seguirán los mismos pasos, no sólo del mercado de la cerveza, sino también de bebidas carbonatadas y agua.

LifeTop: probióticos al momento del consumo
Pero el producto que ha obtenido un buen recibimiento por parte de la industria alimentaria es el LifeTop Cap, desarrollado recientemente por Bericap y por BioGaia, una empresa sueca especializada en biotecnología. Ambas alcanzaron un acuerdo con el objetivo de promover los probióticos para bebidas envasadas con un sistema de cierre de plástico, Lifetop Cap, que permite la mezcla del ingrediente probiótico en el líquido al momento de ser éste consumido..
BioGaia desarrolla cepas probióticas del Lactobacillus reuteri y las combina con otros ingredientes (minerales, vitaminas, sabores, colores), que se dispensan en el momento de tomar la bebida.
Los probióticos son extremadamente delicados y difíciles de mantener con vida. Esta es la razón por la cual la mayoría de los productos con estas bacterias suelen ser de base láctea, porque tienden a mantenerse vivos por más tiempo en un medio como éste a temperatura ambiente. El problema con estos productos es que los probióticos se mueren con el tiempo y es difícil determinar la cantidad que el consumidor realmente está ingiriendo en el momento en el que abre el recipiente e ingiere el contenido.
El sistema de dispensación de la tapa, fabricada a partir de un polietileno de baja densidad, consta de un tornillo de cierre de plástico que cumple la norma de cuello 30/25, 38 mm, y, sellado en el interior del plástico, se encuentra un blíster con una barrera de aluminio laminado, que contiene los ingredientes probióticos (200 µl en forma líquida o 200 mg en polvo), ofreciendo una solución única contra la humedad, lo que garantiza la vida útil durante el tiempo estimado de utilización del envase.
Una cúpula flexible, protegida por una bisagra overcap, es el sitio en el cual se debe presionar para, con ello, romper la parte inferior de la ampolla y permitir que los ingredientes se mezclen con el líquido en la botella.

Tapón mecánico, también para botellas PET
Edard, uno de los mayores fabricantes de tapones mecánicos, presentó recientemente un concepto hasta los momentos inédito: una botella PET equipada con uno de esos cierres tradicionales de metal. La botella con su tapón es disponible bajo la configuración de preformado, o en botella soplada, en los tamaños medio litro y un litro, para su uso tanto en el envasado de cervezas como de refrescos.
La novedad consiste en el uso de un tapón con casi 200 años de historia, que siempre se utilizado para botellas de vidrio. Las nuevas tecnologías permiten ahora que el cuello de las botellas PET tengan la rigidez y resistencia suficiente para soportar la presión mecánica del dispositivo, impidiendo que se deforme -tanto uno como otro- o que pierda la necesaria estanqueidad. Esto da como resultado un producto de menor precio, lo cual es ideal para aquellas empresas que manufacturen artículos de gama baja, como es el caso de las marcas del distribuidor.

Sistema rotativo de llenado y sellado

La empresa Cap Sealing Products presentó el sistema RMD-Monobloc para el envasado y sellado totalmente automático de llenado y sellado de opérculos de aluminio precortados en envases de plástico, vidrio e, incluso, metálicos, para aplicaciones de baja a media producción en la industria alimentaria.
La RMD es un sistema “todo en uno” que integra los diferentes procesos de llenado, sellado y marcaje (este último es opcional). Los envases apilados en un almacén de suministro son introducidos en la estrella rotativa. Luego, en una primera estación, el envase es llenado por un sistema volumétrico. En la siguiente etapa el opérculo de aluminio es colocado sobre el envase para ser inmediatamente sellado. Una vez los envases han sido rellenados y cerrados, estos son depositados en una mesa de acumulación.
La máquina es modular, por lo que permite adaptarse a una gran variedad de envases de diferentes formas y tamaños. Y es de muy fácil manejo, permitiendo regular todos los parámetros (llenado, presión neumática, temperatura, tiempo y velocidad) de un modo sencillo y rápido para cada formato de envase a utilizar.
Entre sus características destaca la colocación automática del envase y del  opérculo, el sellado automático del recipiente, el llenado del envase volumétrico, un cabezal de sellado exclusivo e intercambiable, la regulación electrónica de temperatura y tiempo, el control manual de la presión neumática y de la altura del cabezal de sellado, la posibilidad de que funcione de forma automática o manual, así como una construcción en acero inoxidable y bajo mantenimiento, lo que repercute favorablemente en la cadena de costes.

Nuevo cierre para latas

Una nueva generación de cierres de aluminio extraíbles fácilmente fue presentado recientemente por Impress. Se trata del Easip, que se ha diseñado y probado en las operaciones en las cuales la presión y la alta velocidad de procesamiento de alimentos son factores importantes a considerar.
 Es una evolución del Easy Peel, lanzado al mercado en los años 60, con un notable éxito y aceptación por parte de los consumidores. La nueva y revolucionaria patente del Easip se ha desarrollado para aguantar mayores presiones durante el procesamiento. El cierre está disponible en una amplia gama de diámetros, lo cual refuerza su flexibilidad y pertinencia para acoger una gran variedad de alimentos, sólidos o líquidos.
Como el Easy Peel, está compuesto por una membrana de aluminio sellada al anillo de metal mediante calor. Dicho anillo está  sujeto al envase, utilizando una tecnología estándar de cierre. La novedad reside en su capacidad para resistir la presión final de hasta 1,3 bares en continuo, comúnmente utilizada internacionalmente por los envasadores de alimentos. Para compensar la diferencia de presión durante la esterilización, la membrana flexible está diseñada para acomodarse a los cambios de presión que se producen en la lata.
El resultado es un sistema muy cómodo para abrir por los consumidores de todas las edades, es ligero y conserva los atributos tradicionales del envase de metal, como es su total barrera al oxígeno y a la luz, así como una larga vida, resistencia a las deformaciones y capacidad de apilación en los estantes de los establecimientos.

Cierre de boca ancha para cervezas y vinos

Finn-Korkki ha puesto en marcha la fabricación de un nuevo cierre de boca ancha que se adapta a la cerveza embotellada. El RipCap boca ancha es un tipo de envase muy atractivo para los consumidores, por su diseño y facilidad de uso. Se está utilizando en mucho países para contener vino, cerveza y otros líquidos.
Este nuevo cierre consiste en anillo de cierre de aluminio con un diámetro de 42 mm, con una lámina que se tira con facilidad. Puede ser utilizado en envases de metal, plástico o vidrio.
Existe una demanda, tanto en los sectores de la cerveza y sidra, por ofrecer productos envasados en contenedores premium, lo cual no sólo implica un aspecto que va más allá de los tradicional, sino también que sea práctico y fácil de usar. Con este cierre de boca ancha, esta empresa ofrece una solución una solución que permite a los fabricantes expender un producto que pueda dar a los consumidores la sensación de estar bebiendo directamente de un vaso, por cuanto el diámetro hace que el líquido fluya suavemente, sin borbotones.

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