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Un libro analiza las nuevas perspectivas de los alimentos funcionales

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La presencia de nuevos alimentos en el mercado con objeto de mejorar la salud o reducir el riesgo de diversas enfermedades está en constante aumento, pero una gran mayoría todavía no reúnen el suficiente número de pruebas que permitan el soporte científico de unas declaraciones de propiedades saludables bien definidas.

Ante esta situación, la Comisión de Vitaminas, Nutrición y Dietética de la Sociedad Española de Bioquímica Clínica y Patología Molecular (SEQC) ha editado la monografía “Alimentos funcionales: importancia del laboratorio clínico y nuevas perspectivas”.

En esta obra, los autores revisan desde el concepto de alimento funcional, los criterios para la valoración del soporte científico de las declaraciones de propiedades saludables de los alimentos, los diseños de los estudios en humanos, los criterios para la selección de biomarcadores, hasta algunos aspectos relacionados con las debilidades y fortalezas en estudios de intervención nutricional.

 “Con esta obra pretendemos dar relevancia a un área de trabajo nueva para el especialista del laboratorio clínico dentro del contexto de la alimentación / nutrición y la salud pública”, explica la doctora Begoña Olmedilla, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y autora de la monografía junto con los doctores

Fernando Granado Lorencio, del Hospital Universitario Puerta de Hierro-Majadahonda; y Gregorio Varela Moreiras, de la Universidad CEU-San Pablo de Madrid.

 

Es necesario un mayor número de estudios científicos

En la actualidad se consideran alimentos funcionales aquellos para los que se haya hecho declaración de propiedades saludables y haya sido aceptada por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

Según apunta la doctora Begoña Olmedilla, “para que pueda constar en el etiquetado de un alimento una declaración de propiedad saludable, hay que hacer una serie de comprobaciones previas, es necesario revisar sistemáticamente las pruebas relevantes y valorar si la redacción del etiquetado es consistente con las pruebas científicas existentes en ese momento”. A lo que añade esta experta que “entre los criterios que se aplican para su evaluación se encuentra la necesidad de tener datos en personas, fundamentalmente a partir de estudios de intervención”. 

En el momento actual, tanto el estudio de la relación entre enfermedades crónicas y la nutrición, como la comprobación del efecto de intervenciones nutricionales en las personas, exige la colaboración de profesionales de muy diversos ámbitos y entre ellos debe tener una participación más activa el especialista del laboratorio clínico, que puede aportar conocimientos metodológicos y bioquímicos, tanto en el diseño adecuado según los objetivos de la intervención, como en la obtención de datos y en la interpretación de los resultados de los estudios nutricionales, en los que se utilizan una gran mayoría de marcadores bioquímicos.

“Además, en muchos hospitales existen unidades de ensayos clínicos para la evaluación de nuevos tratamientos, cuya infraestructura podría ser utilizada en los estudios para valoración de alimentos potencialmente funcionales. Estas unidades cuentan con una infraestructura física y humana (especialistas clínicos, bioquímicos, farmacólogos, dietistas, enfermería, etc.) que  facilita la realización de todo tipo de pruebas analíticas y, por tanto, de este tipo de estudios. Por otra parte, en el caso de que el estudio se haga en pacientes, el ámbito hospitalario facilita su reclutamiento y seguimiento”, añade esta experta.

 

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