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Entre las industrias proveedoras, la de aromas ha sido siempre ejemplo de adaptación a las tendencias de la demanda, y versatilidad para cumplir con las peticiones de la industria alimentaria. Según el segmento de que se trate tiene unas necesidades u otras, con múltiples matices, muchos de ellos plenamente característicos entre los cuatro sabores básicos: dulce, salado, ácido y amargo. Coinciden conmigo desde los profesionales de la industria alimentaria a los consumidores en que los productos de alimentación y bebidas no podrían existir sin los aromas. Porque los alimentos los necesitan al igual que las empresas necesitan la innovación de sus proveedores de aromas, que invierten un alto porcentaje de recursos en desarrollos de productos, tanto como en aplicaciones y nuevos conceptos. Es tan importante el sabor que más de un 97% de consumidores preguntados por Consumolab al respecto, dicen que “es lo más importante” a la hora de comprar y para el 70% de los encuestados, si un producto le desagrada precisamente por su sabor, no vuelven a comprarlo y en cambio le darían “otra oportunidad” si el desagrado es por otro factor.

Y ya que hablamos de sabores, me gustaría invitarles a opinar sobre el nuevo oleogustus, ese sabor que ha surgido hace unas semanas. Si a los cuatro básicos, se sumó -sin pleno consenso- el umami, cuya palabra se deriva de dos vocablos en japonés, umai (delicioso) y mi (sabor) y se utiliza para referirse a los alimentos cuando tienen un sabor “delicioso” o intenso, ahora viene a sumarse, un sexto: el oleogustus; es decir, el sabor a grasa que bueno es identificarlo, desde luego, para que los productos alimenticios de nueva generación, que intentan satisfacer necesidades como salud, conveniencia y comodidad, y mejor con valor añadido y utilidad, tengan claro el sabor con el que quieren identificarse.

Un sector donde los aromas ayudan a que arraigue el concepto salud entre los consumidores, es el de los aperitivos, un ejemplo de cómo un mercado puede dar la vuelta, con investigación, una comunicación adecuada y adaptando sus formulaciones -en el caso de los snacks, porque los frutos secos ya cuentan con esa merecida identidad- a menos sal y grasa y ser capaces de crecer en un contexto complicado. En esta edición vemos los ejemplos de Grefusa -reconocida en 2014 por Aecosan-, Apex, Risi, Tosfrit, Frit Ravich, Tostaderos Sol de Alba, Tostados de Calidad y Pepsico; son ejemplos de innovación, principalmente en sabores. Y también son ejemplos tanto de seguridad como de calidad, como nos explica magistralmente Andrés Gavilán en su artículo en este número. Y, dado que pueden formar parte de una dieta sana, ahí los tienen entre el on-the-go y el snacking, conceptos que han surgido a petición de los ciudadanos en una sociedad que demanda conveniencia, comodidad, placer y salud en los mismos productos.

En esta edición también nuestro equipo de redacción, liderado por Ana Mula, analiza el sector del vino, un mercado que busca conquistar a nuevas generaciones de consumidores a partir de ofrecer menor graduación y más frescura. En nuestro escaparate de innovación, encontrarán desde selectos caldos y oferta premium, a propuestas bajas en alcohol y sangrías “frizzantes”. Es sin duda un mercado con futuro pleno de oportunidades si se adapta a nuevos momentos de consumo, porque un consumidor bien informado también sabe los efectos beneficiosos del vino sobre la salud, por supuesto, dentro de una ingesta moderada.

Finalmente, les invito a sumergirse en nuestro estudio sobre higiene y desinfección. Estamos en un contexto donde la seguridad alimentaria es imprescindible tanto o más que el cuidado del medio ambiente. Efectividad sin agresividad, para un resultado completo desde la cocina al final de cada línea.

 @LolaFPaniagua

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