La inocuidad alimentaria es un componente fundamental para la salud pública, ya que garantiza que los alimentos no representen un riesgo para los consumidores. Desde 1992, la OMS ha destacado que un alto porcentaje de brotes de enfermedades transmitidas por alimentos se deben a prácticas inadecuadas y contaminación cruzada. Con los avances en diagnóstico molecular y la secuenciación genómica completa, la identificación de fuentes contaminantes ha mejorado significativamente, fortaleciendo los sistemas de vigilancia y control en la producción alimentaria
