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Zumo de fruta: lo que afirma la ciencia
Existe un gran desconocimiento con respecto a los zumos en cuanto a sus propiedades nutricionales, procesos de elaboración, aspectos legales, su influencia en nuestra salud e, incluso, en la propia definición de los productos. Un vaso de 200 ml de zumo de naranja permite cubrir prácticamente las necesidades diarias de vitamina C y un 35% de las necesidades diarias de folato. Este artículo descubre mucho más
- Zumo de frutas: producto obtenido de exprimir una o varias especies de frutas u hortalizas sanas y maduras, frescas o conservadas por el frío, pasteurizado y envasado asépticamente.
- Zumo de frutas a partir de concentrado: producto obtenido a partir de un zumo concentrado, restituyéndole el agua extraída en su proceso de concentración.
- Néctar de frutas: producto obtenido por adición de agua a un porcentaje de zumo fijado por la normativa. También puede añadirse azúcar, miel o edulcorantes en cantidades limitadas por dicha legislación.
Los datos del estudio Anibes reflejan que el consumo de zumos de frutas y vegetales suponen un 2,8% del aporte diario de agua y un 1,3% del aporte calórico diario a la dieta en población española
Actualmente, existe un debate abierto a la hora de considerar el total de azúcares libres o el contenido en azúcares intrínsecos y azúcares añadidos por separado. En Europa, es obligatorio declarar el contenido total de azúcares, mientras en Norteamérica se declara el contenido de azúcares especificando la cantidad de azúcares añadidos. Cabe recordar que la Organización Mundial de la Salud recomienda ingerir un máximo del 10% de azúcares libres en una dieta de 2000 kcal, lo que equivale a 50 g de azúcar al día (OMS, 2015).
¿Qué pasa con la fructosa?
Recientemente, se ha relacionado una ingesta excesiva de azúcares (especialmente fructosa) con enfermedades como obesidad, diabetes o síndrome metabólico. La hipótesis plantea que toda la fructosa se convierte en grasa en el hígado, pero hay que considerar la realidad fisiológica. Después de ser absorbida en el intestino delgado, alrededor de una cuarta parte de la fructosa se usa como sustrato energético o se almacena en forma de glucógeno después de transformarse en glucosa, mientras que el 1-4% se convierte en ácidos grasos (lipogénesis de novo en el hígado). A diferencia de la glucosa, no se requiere insulina para metabolizarla. Un meta-análisis de 2014 muestra que altas cantidades de fructosa (175g/ día, >25% de la energía diaria (E)) hacían aumentar la trigliceridemia postprandial en el marco de una dieta hipercalórica (Wang y col, 2014). En los estudios realizados con dietas isocalóricas, no se observaron efectos significativos (ingesta de fructosa <20%E), lo que sugiere que la elevación postprandial de lípidos se debe más a un exceso de calorías que a la fructosa.Estas bebidas también aportan micronutrientes, sobre todo vitamina C, folato y potasio. Un vaso de 200 ml de zumo de naranja permite cubrir prácticamente las necesidades diarias de vitamina C y un 35% de las necesidades diarias de folato.
En los zumos hay también componentes bioactivos con capacidad antioxidante (carotenoides, fitosteroles, polifenoles, etc.) que se consideran protectores frente a enfermedades crónicas no transmisibles. Los datos del estudio Anibes reflejan que el consumo de zumos de frutas y vegetales suponen un 2,8% del aporte diario de agua y un 1,3% del aporte calórico diario a la dieta en población española. El consumo de estos disminuye con la edad. Así, entre las mujeres, en niñas y adolescentes se sitúa en 94 y 90 g/día, respectivamente, descendiendo a 37 y 35 g/día en adultas y mayores, respectivamente.
En el caso de los varones el consumo es menor. En niños y adolescentes es 92 y 87 g/día, respectivamente, y en adultos y mayores, de 51 y 34 g/día, respectivamente. La proporción de azúcares totales que aportan los zumos a la dieta, en niños y adolescentes es entre el 11,5% y el 12,5%, descendiendo notablemente en población adulta (6,2%) y mayor (4,4%). Considerando el aporte de azúcares intrínsecos, estas bebidas suponen en torno al 22% en niños y adolescentes, mientras que en adultos desciende al 10,5% y en mayo- res al 6,7%. Entre el 29% y el 56% de la población española tiene ingestas deficitarias de vitamina C, y el 90%, una alimentación deficitaria de folatos. Los zumos y néctares aportan el 8% de la vitamina C diaria a la población española, y en el caso de los adolescentes, el 3,8% del folato.
Analizando los hábitos de hidratación en población española mayor de 55 años, el grupo de activos y poco sedentarios resultó ser el que bebía más agua, y también más zumo, leche, café, cerveza y bebidas para deportistas (Aparicio-Ugarriza y col.2016).
Papel del zumo en un estilo de vida saludable
Diversos grupos de investigación han estudiado el papel del zumo de naranja en el marco de un estilo de vida saludable. Kurowska y col. (2000) observaron que 750 ml diarios de zumo de naranja durante cuatro semanas mejoraron el perfil lipídico en hipercolesterolemia leve a moderada, incrementando significativamente las concentraciones de HDL-c y reduciendo la relación de LDL-c/HDL-c. Además, aumentaron significativamente las concentraciones plasmáticas de vitamina C y folato.Aptekmann y col. (2010) estudiaron el efecto de ingerir 500 ml/día de zumo de naranja más una hora de entrenamiento aeróbico, tres veces/semana en mujeres con sobrepeso, y encontraron una disminución del riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV) al reducirse los niveles de LDL-c y aumentar los de HDL-c. En 2012, Wang y col. concluyeron que los consumidores de zumo de naranja tenían un índice de masa corporal (IMC) menor y un estilo de vida más saludable (menor consumo de alcohol y tabaco; más ejercicio físico), que los no consumidores.
Rampersaud (2016) observó que en niños y adolescentes (2 a 18 años), el consumo de zumo de naranja se asociaba con una dieta más rica en proteínas, fibra, vitamina C, folato, potasio, magnesio y vitamina B6, que entre los no consumidores.
Ribeiro y col. (2016) mostraron que la inclusión de zumo de naranja en una dieta reducida en calorías no inhibe la pérdida de peso y mejora la sensibilidad a la insulina, el perfil lipídico o el estado inflamatorio, contribuyendo nutricionalmente a la calidad de la dieta.
Analizando los datos de la encuesta nacional de salud de Estados Unidos (Nhanes 2013-2016), Agarwal y col. (2019) descubrieron que el 15,6% de lapoblación adulta consumía zumo de fruta. Los consumidores presentaban menor riesgo de sobrepeso y obesidad (-22%) y de síndrome metabólico (-27%), así como dietas de mejor calidad, con ingestas mayores de energía, calcio, magnesio, potasio, y vitaminas C y D que los no consumidores.
Bibliografía
Real Decreto 781/2013, de 11 de octubre, por el que se establecen normas relativas a la elaboración, com- posición, etiquetado, presentación y publicidad de los zumos de frutas y otros productos similares destinados a la alimentación humana
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