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“El impulso de la I+D+i ha favorecido el descubrimiento y creación de nuevos productos con propiedades saludables”
Las implicaciones de la tecnología en el desarrollo y evolución de la industria alimentaria son múltiples y afectan a todas las fases del proceso, desde el campo hasta el lineal, como explica el vicepresidente de la Asociación Española de Fabricantes y Comercializadores de Aditivos y Complementos Alimentarios, Emilio Peña: “Los procesos productivos y logísticos no quedan fuera de su aplicación, asegurando el éxito de la calidad en todas las fases”
La tecnología ha sido y sigue siendo una pieza clave en la evolución del mundo, y la industria alimentaria no es la excepción. Desde la aparición de las primeras herramientas manuales para la recolección y procesamiento de alimentos, hasta los avances más recientes, la tecnología ha sido un dinamizador fundamental en el crecimiento y desarrollo de nuestra industria.
Sin embargo, existen numerosos factores que junto a la tecnología han impulsado a lograr unos niveles de seguridad y calidad de los alimentos sin precedentes en la historia de la humanidad. En este sentido, los aditivos alimentarios han demostrado ser una herramienta muy valiosa para lograr el éxito, además de aportar otros grandes beneficios en términos de calidad.
Los aditivos alimentarios son un elemento tecnológico que permite mejorar la calidad y seguridad de los productos que consumimos. Por ejemplo, los conservantes pueden prevenir el crecimiento de bacterias y otros microorganismos dañinos, reduciendo así el riesgo de enfermedades transmitidas a través de la alimentación y retrasando la caducidad del alimento. Los colorantes, edulcorantes y potenciadores de sabor actúan sobre las cualidades organolépticas, modificando el aspecto o el sabor. Los estabilizantes, por otro lado, pueden prevenir la separación de los diferentes ingredientes que componen el producto final y prolongar su vida útil, lo que ayuda a reducir el desperdicio y mejorar la eficiencia en la producción.
Por otra parte, el avance tecnológico ha impulsado el I+D+i de la alimentación, permitiendo el descubrimiento y/o creación de nuevos productos y alimentos que ofrecen propiedades saludables. Los prebióticos y probióticos son un ejemplo de ello, y cada vez son más populares en nuestras dietas gracias a su impacto positivo en la salud. Otros productos como son aquellos con niveles bajos de grasa o calorías, así como alimentos enriquecidos con vitaminas, minerales u otros nutrientes, también se han apoyado en la tecnología a lo largo de su desarrollo.
La nanotecnología, por otro lado, está permitiendo la creación de materiales y envases que pueden mejorar la seguridad y la vida útil de los productos que ponemos a disposición del mercado. Los nanosensores, por ejemplo, pueden detectar la presencia de bacterias y alertar a los consumidores antes de que se produzca una infección. En la creación de envases mediante el uso de nanomateriales se logra mejorar la resistencia y eficiencia en términos económicos, lo que puede apoyar en la reducción del desperdicio alimentario y, por tanto, da soporte a las iniciativas en materia de sostenibilidad.
La ingeniería genética también ha tenido un gran impacto en la industria alimentaria en las últimas décadas y ha permitido la creación o investigación de cultivos más resistentes a enfermedades y plagas, ayudando a reducir la cantidad de pesticidas y herbicidas utilizados en la agricultura. También se han desarrollado técnicas de biotecnología para producir enzimas y otros compuestos que se utilizan en la producción de alimentos y para mejorar el procesamiento y la conservación de los alimentos. Sin embargo, el uso de la ingeniería genética y la biotecnología en la alimentación es un asunto controvertido y su uso está abierto a debate por sus connotaciones en términos de seguridad, ética y sostenibilidad. Es importante que la investigación y la implementación de estas tecnologías se realicen de manera responsable y se evalúen cuidadosamente sus impactos.
La digitalización de la cadena de suministro, por ejemplo, ayuda en gran medida a mejorar la eficiencia en la producción y la distribución de alimentos, clave para lograr reducir los costes y asegurar la calidad de los productos. Desde el campo, donde se emplea tecnología LiDAR y realidad aumentada para mejorar la precisión y eficiencia en la producción, hasta el lineal, donde empiezan a verse envases y etiquetas inteligentes que permiten un mejor control de los alimentos.
Las herramientas de marketing y ventas, como las redes sociales y las plataformas de comercio electrónico, que están ayudando a las empresas a llegar a nuevos clientes y aumentar sus ventas, también han aterrizado en nuestros negocios gracias a la digitalización. Además de la realidad aumentada que está permitiendo a las empresas reducir considerablemente sus tiempos de parada frente a errores de fabricación, logrando detectar e incluso corregir estos antes de que sucedan. Por otro lado, los sistemas que emplean la inteligencia artificial, como son las herramientas GPT, ya se empiezan a emplear en la creación de informes, en los chats de atención al cliente o en la traducción de textos para agilizar la colaboración de las empresas. Hasta que se logre una fase de madurez suficiente es importante emplear estas herramientas con precaución, pues pueden resultar imprecisas.
Aunque la tecnología ofrece muchos beneficios para la industria alimentaria, existen riesgos que deben ser considerados y ante los cuales se genera el desafío de implementar nuevas medidas de control para garantizar la seguridad de los alimentos a consumir.
