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“Uno de los grandes retos que el sector debe afrontar es el vinculado a la economía circular”
El sector agroalimentario se enfrenta a corto plazo a “nuevos desafíos”, según el CIAL (CSIC-UAM), “conducentes a la transformación de ciertos aspectos de la cadena alimentaria; en particular, los ligados con los ODS”. En este sentido, el artículo describe aspectos tan reseñables como “el alto potencial de los residuos como fuente de compuestos con propiedades saludables”, “la problemática generada por los envases plásticos y multicapa” y la búsqueda de “nuevas fuentes de proteínas como sustitutas de la proteína animal”
Resulta incuestionable que la industria alimentaria constituye uno de los pilares fundamentales de la economía española. En este sentido, la reciente pandemia ocasionada por el virus SARS-CoV 2 ha puesto de manifiesto la robustez de esta industria siendo uno de los sectores más valorados por los consumidores. No obstante, el sector agroalimentario debería afrontar en un futuro cercano una serie de nuevos desafíos conducentes a la transformación de ciertos aspectos de la cadena alimentaria; en particular, los ligados a los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU.
En este sentido, uno de los grandes retos que el sector debe afrontar es el vinculado a la economía circular. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se desperdicia alrededor de un 30% de los alimentos que se producen a nivel mundial, de los cuales aproximadamente la mitad se corresponden con productos desechados en la fase de poscosecha o venta minorista. En este sentido, los sistemas de producción y logística deben rediseñarse desde un enfoque sostenible, a la vez que social, de tal manera que promuevan un aprovechamiento más eficaz de las materias primas producidas, habilitando, en última instancia, canales de distribución alternativos que permitan el aprovechamiento de estos productos. Por otro lado, se debe recordar que el procesado de los alimentos a lo largo del sistema agroalimentario da lugar a la generación de un volumen igualmente importante de subproductos, como los generados en el sector vitivinícola, oleícola, lácteo, u hortofrutícola, por citar sólo algunos de los sectores que mayor repercusión tienen en nuestro país.
En las últimas décadas son numerosos los estudios de I+D+i que han puesto de manifiesto el alto potencial que estos residuos presentan como fuente de compuestos con propiedades saludables y/o tecno-funcionales tales como compuestos fenólicos, carbohidratos no digeribles, péptidos, etc. Con el fin de aprovechar estos subproductos como fuente de compuestos de alto valor añadido sería necesario tener en cuenta los postulados de la química sostenible, lo que implica el uso de técnicas de extracción que permitan una obtención más eficaz de los compuestos de interés, más eficientes desde un punto de vista energético o en menor tiempo, junto con el uso de disolventes respetuosos con el medioambiente. Así, en la actualidad algunas empresas del sector ya están apostando por el uso de extracción asistida por ultrasonidos utilizando agua y/o etanol como disolvente de extracción o extracción con CO2 supercrítico, por poner sólo dos ejemplos, para la valorización de subproductos procedentes de la industria agroalimentaria en ingredientes de alto valor añadido.
Por otro lado, el sector debe trabajar con ahínco para dar respuesta a la problemática generada por el uso de envases de plástico o multicapa, lo que ha generado no sólo un importante problema medioambiental de difícil solución, sino también de salud, con la generación de microplásticos que pueden estar interfiriendo en nuestro sistema endocrino. En este sentido, la industria alimentaria ya está apostando por envases biodegradables con la inclusión de enzimas que degraden el material de embalaje una vez eliminado de la cadena, el uso de bioplásticos con base a polihidroxialcanoatos obtenidos por fermentación microbiana a partir de ácidos grasos, o la generación de nuevos polímeros a partir de subproductos del sector lácteo, azucarero o cerealístico, entre otros.
Otro de los desafíos relacionado con los ODS que el sector debe abordar es la búsqueda de nuevas fuentes de proteínas como sustitutas de la proteína animal. Uno de los motivos que impulsan esta búsqueda es la previsión de crecimiento de la población para las próximas décadas, lo que hace insostenible el actual sistema de consumo de proteína del consumidor español, basado en gran medida en las fuentes de origen animal. Sin embargo, no es el único. Si nos fijamos en los datos de consumo de alimentos proporcionados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación vemos cómo en los últimos años existe una tendencia creciente a consumir productos de origen vegetal como fuente de proteínas. De esta manera, el desarrollo de nuevos alimentos formulados a partir de proteína de origen fúngico (micoproteína), de legumbres, de cereales, o de insectos, se presenta como una oportunidad a explorar y explotar como fuentes más sostenibles de proteína.
Sin duda alguna, todas estas aproximaciones serán de gran ayuda al sector de cara a cumplir con el nuevo marco legislativo estatal, en concreto la Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, así como la nueva normativa que se está tramitando sobre envases y residuos de envases que se prevé que salga a lo largo del año 2022.
Asimismo, la industria alimentaria debería hacer más esfuerzos para aumentar la confianza del consumidor en el sector. En este sentido, la realización de jornadas de puertas abiertas vendría a reforzar la labor divulgadora que en la actualidad se está llevando a cabo a través de distintos canales audiovisuales. A ello se podrían sumar la generación de etiquetas inteligentes que aporten información sobre el origen y el proceso de elaboración del producto, entre otras posibles iniciativas.
