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Productos lácteos y aceite de oliva, fuentes de salud cardiovasvular
El aceite de oliva y los productos lácteos son alimentos de gran interés científico por su elevada densidad y calidad nutricional y los potenciales beneficios sobre la salud cardiovascular. Durante los últimos años, el paradigma de considerar la grasa como un macronutriente perjudicial para la salud está cambiando. En el siguiente artículo se presentan las últimas evidencias científicas respecto al consumo de aceite de oliva y de productos lácteos sobre las enfermedades cardiovasculares y los diferentes factores de riesgo
A nivel mundial se observa una tendencia en el aumento de la prevalencia de numerosos factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares (ECV), especialmente la obesidad, la diabetes mellitus tipo 2 (DM2), la inactividad física y el tabaquismo. Actualmente, las ECV son la principal causa de defunción prematura en todo el mundo, representando más del 30% de muertes registradas. En 2030 se estima que casi 23,6 millones de personas morirán de una ECV.
Seguir un estilo de vida saludable es uno de los principales factores exógenos y modificables que contribuyen a la prevención de las enfermedades crónicas más prevalentes, tales como la obesidad, la DM2 o bien las ECV. Llevar a cabo un estilo de vida saludable implica diferentes factores, entre los cuales podemos destacar, la actividad física y el ejercicio, el patrón de sueño, evitar el estrés y los hábitos tóxicos como el tabaquismo y seguir un patrón de alimentación equilibrado que contenga todos los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del organismo. Según numerosos datos
científicos, en el contexto de un estilo de vida saludable, los patrones de alimentación y los alimentos se han convertido en potenciales herramientas para disminuir la incidencia de ECV y los diferentes factores de riesgo relacionados con su aparición. Uno de los patrones alimentarios con más evidencia científica para la prevención de la ECV es la dieta mediterránea.
Beneficios del aceite de oliva en la prevención de EVC
La dieta mediterránea se caracteriza por un elevado consumo de alimentos de origen vegetal, frutas, verduras, hortalizas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva. Por otro lado, un consumo moderado de alimentos de origen animal, como huevos, carnes blancas magras, pescado y productos lácteos, destacando los fermentados, y un consumo bajo de carnes rojas, bebidas azucaradas y otros alimentos procesados.Durante los últimos años, uno de los alimentos que ha ganado más protagonismo dentro del patrón de dieta mediterránea es el aceite de oliva virgen extra. A pesar de ser un alimento con un elevado contenido calórico, el aceite de oliva es rico en ácido oleico, contiene cantidades moderadas de ácidos palmítico y linoleico, un bajo porcentaje de ácidos esteárico y linolénico y entre otros componentes destacables como los polifenoles en el caso especialmente del aceite de oliva virgen.
Los porcentajes en ácidos grasos saturados (AGS), monoinsaturados (AGM) y poliinsaturados (AGP) pueden oscilar en torno al 17%, 71% y 11%, respectivamente. El perfil rico en AGM y bajo en AGP caracteriza al aceite de oliva por ser uno de los más estables a nivel culinario, y con menor capacidad de oxidación comparado con otros aceites ricos en AGP. Actualmente, existe un amplio cuerpo de evidencia científica derivada de ensayos clínicos y estudios prospectivos sobre los beneficios del consumo del aceite de oliva, dentro de un patrón alimentario típicamente mediterráneo, sobre la salud cardiovascular.
Además, los resultados principales del ensayo clínico Predimed (PREvención con DIeta MEDiterránea) indicaron que en comparación con la recomendación de seguir una dieta baja en todo tipo de grasas, el grupo de intervención que siguió una dieta mediterránea enriquecida en aceite de oliva virgen o frutos secos (ricos en grasas de origen vegetal) tenía un 30% menos de probabilidad de padecer una ECV. Además, publicaciones más recientes del Predimed también han demostrado el potencial efecto beneficioso sobre la presión arterial, la incidencia de fibrilación auric
ular y un 40% menor riesgo de desarrollar DM2 .
Los efectos del consumo de aceite de oliva sobre la salud cardiovascular también han sido publicados a través de diferentes revisiones sistemáticas y metaanálisis de ensayos clínicos. Una revisión sistemática y metaanálisis que englobaba 30 ensayos clínicos aleatorios sugirieron que el aceite de oliva podía ejercer diferentes efectos beneficiosos sobre la función endotelial y diferentes marcadores inflamatorios. Por otro lado, en otra revisión sistemática y metaanálisis de 42 estudios de cohorte, también se concluyó que el consumo de aceite de oliva se asociaba de forma inversa con la incidencia de eventos cardiovasculares, infarto de miocardio y mortalidad por todas las causas. El aceite de oliva es uno de los principales alimentos que rompe el estigma de que la grasa es perjudicial para la salud cardiovascular. A pesar de que se necesitan más ensayos clínicos de gran envergadura realizados en otras poblaciones del mundo como Predimed, todos los resultados de los diferentes estudios publicados hasta la fecha siguen la misma dirección, concluyendo que el aceite de oliva es un alimento clave para la prevención de enfermedades de gran prevalencia como las ECV y la DM2, entre otros diferentes factores de riesgo.
Sector lácteo, prevención de ECV
Otro grupo alimentario que actualmente se encuentra en objeto de estudio en relación a la salud cardiovascular son los productos lácteos. En primer lugar es importante destacar que los lácteos, incluyen diferentes alimentos, según el órgano, institución o reglamento que los define. Por ejemplo, según la USDA, ( United States Department of Agriculture), los productos lácteos se definen en función al contenido en calcio, por lo que la crema, el queso crema o bien la mantequilla no se consideran dentro del grupo de lácteos. En cambio, según el Código Alimentario Español estos alimentos si forman parte del grupo de productos lácteos. En la mayoría de los estudios, los principales productos lácteos que están siendo evaluados son la leche, el queso y
sobre todo el yogur, diferenciándose en su versión desnatada o bien entera. Estos tres alimentos se caracterizan por tener una elevada densidad nutricional, es decir, en poca cantidad de alimento podemos encontrar una gran cantidad y variedad de nutrientes, facilitando así, cubrir los diferentes requerimientos nutricionales en las diferentes etapas de la vida, desde la infancia hasta la vejez.
A través de los últimos estudios, se ha podido evidenciar la importancia de la sinergia entre los diferentes nutrientes que conforman los productos lácteos bajo el concepto de matriz alimentaria. La leche, el yogur y el queso destacan por tener una elevada cantidad de grasa, de las que podemos destacar la grasa saturada, y los ácidos grasos de cadena corta y media. La grasa de los productos lácteos tiene importantes funciones fisiológicas, como la de ayudar a absorber las vitaminas liposolubles (A, E, D y K) que contiene el mismo alimento.
En paralelo, otro macronutriente de la matriz láctea son los carbohidratos, entre los cuales podemos destacar la galactosa y la lactosa, esta última de gran importancia por su relación con la absorción del calcio. Los productos lácteos tienen una elevada cantidad de proteína, a la que se la denomina de alto valor biológico, es decir que contiene los aminoácidos esenciales, elementos necesarios para el crecimiento y desarrollo de la masa muscular. La leche, el yogur y el queso contienen una destacable variedad de vitaminas y minerales, entre los que podemos destacar las vitaminas liposolubles, la B2, B3 y B12 y minerales como el calcio, el fósforo, el magnesio y el yodo, entre otros.
Por último, los lácteos fermentados como el yogur, contienen un ingrediente que lo hacen único, las diferentes cepas de bacterias ácido lácticas a las que se les atribuyen potenciales beneficios para la salud intestinal, modulación del sistema inmune y de la concentración de lipoproteínas plasmáticas, y diferentes propiedades antiinflamatorias.
Los productos lácteos aparecen en la mayoría de las guías alimentarias de todo el mundo. No obstante, en la gran mayoría de ellas solo se recomienda el consumo de la versión baja en grasa o desnatada. Sin embargo, la evidencia científica actual sugiere que no todas las grasas son iguales y que, por otro lado, los productos lácteos, enteros o no, se asocian con las enfermedades crónicas de gran prevalencia o bien se asocian de forma inversa.
Son diferentes las revisiones sistemáticas y metaanálisis de estudios prospectivos los que han evaluado la relación entre el consumo de productos lácteos, los diferentes subtipos y las ECV. Por ahora, los resultados de los mismos son heterogéneos, en algunos de los estudios no se encontró ninguna relación y en otros las asociaciones fueron inversas. Sin embargo, todos los estudios llegan a la misma conclusión: el consumo total de lácteos, enteros, bajos en grasa o bien fermentados no se asocia con un incremento del riesgo de padecer ECV.
En relación a factores de riesgo asociados a las ECV, las investigaciones siguen la misma línea. Los resultados de los estudios que han evaluado si el consumo de productos lácteos, ya sean enteros o desnatados, se relaciona con la obesidad, son escasos. Las revisiones más actuales sugieren que el
consumo de lácteos, en general, y especialmente de yogur no se asocia con el incremento de peso ni con el riesgo de padecer sobrepeso u obesidad. En cambio, la evidencia epidemiológica en relación al consumo de productos lácteos y la incidencia de diabetes es más sólida. Tanto una revisión de ensayos clínicos aleatorizados como el resultados de seis revisiones sistemáticas y metaanálisis concluyen que el consumo de productos lácteos se asocia con un menor riesgo de desarrollar DM2. Los resultados de los estudios fueron más robustos en relación al consumo de los diferentes subtipos bajos en grasa y específicamente de yogur. En cambio, con el consumo de leche entera los resultados mostraron asociaciones neutras.
Los productos lácteos forman parte de nuestra dieta historicamente, a pesar de que las guías alimentarias fomentan el consumo de su versión baja en grasa, cada vez son más los estudios que sugieren que no todas las grasas son iguales y que la matriz del alimento puede influir en los potenciales efectos sobre la salud del que lo consume. Los lácteos y el aceite de oliva son claros ejemplos de alimentos con una elevada densidad en nutrientes y calorías con potenciales beneficios cardiovasculares. Su consumo, dentro de un patrón de alimentación saludable, puede ser totalmente recomendable, inclusive para aquellas personas que tienen un elevado riesgo de padecer una enfermedad del corazón. No obstante, se precisan de más ensayos clínicos correctamente, diseñados como Predimed, para poder establecer si por una parte el consumo de aceite de oliva es efectivo para reducir el riesgo de padecer una ECV fuera del patrón de dieta mediterránea y, en el caso de los productos lácteos, para poder establecer una relación de causa-efecto con el consumo de cada uno de los diferente subtipos y la aparición de una ECV.
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