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“Dar nuevos usos a lo que no se estaba utilizando es el objetivo de muchas empresas”
La implementación de medidas “personalizadas por sector, tamaño de empresa o tipología de productos”, es uno de los fundamentos citado por José María Fernández Ginés, presidente de Innofood I+D+i, para avanzar hacia una economía circular en la que “la regla de las tres R es clave: reducir todo lo posible los residuos, intentar reutilizar el generado y reciclar el resto”
Desde hace años una de las principales estrategias empresariales que se están consolidando en la industria agroalimentaria abarca el concepto de “Economía Circular” o de “aprovechamiento o revalorización de subproductos” que, a su vez, están sustentadas en políticas públicas, nacionales y europeas, orientadas hacia modelos convergentes de economía circular, con objetivos de mejora de la sostenibilidad y competitividad de las cadenas agroalimentarias. Sin embargo, no debemos olvidar que bajo estas directrices se engloban a su vez conceptos más internos y de gran peso, vinculados a la productividad, rentabilidad, imagen empresarial, exigencias por parte de los consumidores y gestión eficiente de los recursos limitados, que caracteriza a la industria agroalimentaria.
“Una Europa que utilice eficazmente los recursos” es una de las siete iniciativas simbólicas que forman parte de la estrategia Europa 2020, que pretende generar crecimiento inteligente, sostenible e integrador. Para ello, la regla de las tres R es clave: primero reducir todo lo posible los residuos, en segundo lugar, hay que intentar reutilizar el generado y, para terminar, reciclar el resto.
Sin embargo, estas estrategias o implementaciones deben ser totalmente personalizadas por sector, tamaño de empresa o tipología de productos que se utilizan como materias primas o aquellos que se generan como subproductos. Por ejemplo, en el caso de las industrias hortofrutícolas, podemos destacar el consumo de agua para su cultivo, los altos volúmenes de productos que se descartan en la fase de destrío o selección con calidades o aquellos productos que no llegan a la cadena alimentaria por problemas de vida útil. En almazaras, los altos niveles de vertidos líquidos generados durante el proceso de elaboración del aceite de oliva. En las industrias de frutos secos, la generación de pieles o cáscaras en las fases de elaboración y manipulación. Por lo tanto, es necesario analizar cada sector, cada empresa y cada proceso productivo para averiguar qué se genera, en qué cantidad, qué compuestos de valor añadido pueden contener esos subproductos, si es rentable su extracción y reutilización, si son productos aptos para consumo humano…
Aprovechar los subproductos
A nivel mundial, en torno a un tercio de todos los alimentos producidos se pierde o desperdicia en algún punto de la cadena alimentaria. En la Cumbre Mundial de la Alimentación de 2017 organizada por la FAO sobre “El futuro de la alimentación y la agricultura: tendencias y desafíos” se identificaron los retos necesarios para alcanzar la estabilidad alimentaria y la disponibilidad de alimentos y se propuso una hoja de ruta para reducir el 50% del desperdicio alimentario para el 2050.Entre los retos que se plantean, sobresalen distintas actuaciones, por ejemplo, la valorización de los residuos en las diversas etapas del proceso productivo y la logística, o la utilización de los productos de desecho como materia prima de partida para síntesis de productos de un mayor valor añadido.
De acuerdo con la información publicada por el MAPA (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación), alrededor del 42% del desperdicio alimentario es doméstico, seguido del 39% en la industria y del 14% en restauración, siendo el resto imputable a la distribución y al sector primario. En el caso de la industria, se debe, entre otros motivos, a la necesidad de eliminar de la cadena todo aquello que no responda a unos estándares de calidad, aspecto y forma, por lo que la incorporación de nuevas tecnologías más versátiles y capaces de minimizar dichas pérdidas resulta de alta utilidad. El darle nuevos usos a lo que actualmente no se estaba utilizando, es el objetivo de muchas de las empresas del sector sensibles con su sostenibilidad.
Merece especial atención la reciente iniciativa de futuro sostenible “España Circular 2030” y la estrategia “Más alimento, menos desperdicio”, dirigida a reducir las pérdidas y el desperdicio alimentario y a la valoración de los alimentos desechados, y a fomentar técnicas de consumo responsable y eficiente. Otro ejemplo reciente, que permite avanzar hacia una economía circular es la aprobación y publicación de una nueva norma para facilitar el aprovechamiento de los subproductos de la industria alimentaria en alimentación animal.
En septiembre de 2018, la Junta de Andalucía ha aprobado la “Estrategia Andaluza de Bioeconomía Circular Horizonte 2030”, que establece las políticas autonómicas para impulsar esta nueva forma de producción y consumo sostenible basada en el aprovechamiento integral de los recursos biológicos generados por los sectores agroalimentario, pesquero y forestal.
En Innofood, llevamos más de 15 años llevando a cabo estudios de viabilidad de aprovechamiento de subproductos, implantación de estrategias de valorización, desarrollo de productos a partir de subproductos/destríos aptos para consumo humano, evaluar salidas para diferentes sectores al agroalimentario (energético, alimentación animal, farmacia, cosmética…), estando convencidos de que además de desarrollar productos innovadores y saludables, es muy importante avanzar en su sostenibilidad, rentabilidad y viabilidad industrial.
José María Fernández Ginés,
presidente de Innofood I+D+i, S.L.
