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“El sector agroalimentario alimentará la reconstrucción económica y social de este gran país”
Además de ser un mercado esencial, es “un potente motor económico que genera un importante número de empleos directos e indirectos”, destaca el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi. Sin olvidar que el sector agroalimentario tiene que “estar muy presente en la gestión de los fondos europeos Next Generation-EU”, que corresponden 150.000 millones para España, “de los que 70.000 son ayudas directas”
Cuando ya hemos sobrepasado ampliamente el primer año de pandemia y seguimos peleando para superar esta situación, mantenemos más viva que nunca la memoria de las víctimas del Covid-19, así como el reconocimiento a quienes dieron lo mejor de sí mismos para ayudar en los momentos más difíciles.
En este agradecimiento, por supuesto, destacan los empresarios y autónomos de este país, que no solo combaten contra todos los elementos para mantener a flote sus negocios y empleos, sino que han sido un gran pulmón de solidaridad en todo lo que se ha ido necesitando.
Y en este compromiso destaca la labor de trabajadores esenciales como los del sector agroalimentario, que ha tenido que ir modificando las necesidades de producción para responder a una demanda que en algunos momentos ha sido mayor a la habitual, con la garantía de protección de la seguridad y salud de sus trabajadores en un escenario de gran incertidumbre.
Sin embargo, ahora que crece nuestra esperanza con el incremento de las cifras de vacunación, es importante tener en cuenta que el sector agroalimentario no solo es un sector esencial, sino que es un potente motor económico que genera un importante número de empleos directos e indirectos. Por ello, ha de estar muy presente en la gestión de los fondos europeos Next Generation-EU (150.000 millones para España, de los que 70.000 son ayudas directas).
Estos recursos son una gran oportunidad que tiene que ser aprovechada al máximo para que nuestro país siga siendo referente mundial en el terreno de la alimentación. Y para no perder esta posición privilegiada, forjada con el esfuerzo de miles y miles de trabajadores, autónomos y empresarios, debemos seguir a la vanguardia utilizando todas las herramientas a nuestro alcance.
Estoy convencido de que el sector agroalimentario demostrará nuevamente su gran capacidad de adaptación a los cambios, abundando en la digitalización que ya viene poniendo en marcha en los últimos años, así como la transición verde que nuestra economía está llamada a liderar.
Capacidad de adaptación
Tampoco podemos olvidar una característica fundamental del sector agroalimentario, como es su aportación a la fijación de la población en la denominada ‘España vaciada’, lo que ayuda enormemente a una mayor cohesión territorial. De este modo, vemos cómo la industria agroalimentaria se revela no solo como un motor económico, sino como generador de inclusión y oportunidades de vida para los ciudadanos, vivan donde vivan. Y sin duda, este factor de inclusión se potenciará todavía más conforme avance la digitalización y la transición verde en el sector.Todos estos son solo algunos de los retos que han de ser transformados en oportunidades, siempre con un alto grado de exigencia al que esta industria está acostumbrada, puesto que, como pocos, se tiene que ir adaptando a los cambios continuos que se producen en la demanda de los consumidores.
Pero el sector no puede hacer solo los deberes, sino que precisa de un mayor apoyo por parte de las Administraciones públicas para poder seguir creciendo y tirando del carro de la recuperación. Así, hay una serie de reivindicaciones que son clave y que no pueden ser desoídas, como la necesidad de reforzar la colaboración público-privada, sumando esfuerzos en aras de un robustecimiento de un sector cuya capacidad de resiliencia está más que demostrada.
Otra de las cuestiones más relevantes es la necesidad perentoria de que se simplifique la burocracia y la disparidad de normativa a nivel nacional, tanto entre comunidades autónomas, como a escala europea. Y es que la unidad de mercado es imprescindible de cara a evitar desventajas competitivas con otros sectores de la Unión Europea y con terceros países.
Desde CEOE venimos alertando reiteradamente de las importantes cargas administrativas que soporta nuestro tejido productivo. No en vano realizamos anualmente un estudio sobre producción normativa en el que ponemos cifras a esta pesada realidad. Como ejemplo, solo el pasado año se editaron en el Boletín Oficial del Estado casi un millón de páginas con normas con rango de ley.
En conclusión, vivimos tiempos de incertidumbre, pero también de esperanza, en los que no cabe duda de que el sector agroalimentario estará en el centro de la recuperación, tanto de forma directa como indirecta, al igual que lo ha estado en los tiempos más duros. Un sector, en definitiva, que construye verdadera ‘Marca España’ y que a buen seguro alimentará la reconstrucción económica y social de este gran país.
