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Importaciones, falta de autonomía estratégica y conflictos amenazan al sector plástico
El sector de transformación de plásticos está resistiendo en un entorno complejo en el que la industria española acusa la pérdida de competitividad europea, las consecuencias de la guerra en Irán y la volatilidad en los precios que provoca. Estas son las principales conclusiones de la jornada abierta celebrada por Anaip este jueves 21 de mayo tras su 81ª Asamblea General en el Instituto Eduardo Torroja de Madrid.
El encuentro comenzó con la parte privada de la reunión, exclusiva para los asociados de Anaip, en la que se repasaron los principales hitos de la entidad de 2025 y las líneas estratégicas de 2026.
A partir de las 12.30 comenzó la jornada abierta. Bajo el título La competitividad de la industria y el contexto internacional, fue inaugurada por Alejandro Tortosa, consejero técnico en la Subdirección General de Estrategia y Ecosistemas Industriales del Ministerio de Industria y Turismo. En su intervención, Tortosa remarcó que la industria es necesaria para fomentar la autonomía estratégica. “Venimos de un tiempo en el que no existía la política industrial, pero ahora la UE se ha dado cuenta de su importancia −afirmó−. La competitividad tiene que ser un objetivo de la política industrial europea, que tiene que influir también en otras políticas, como la medioambiental o la económica”.
Tras su intervención, la directora general de Anaip Isabel Goyena presentó los datos del sector de la transformación de plásticos del último informe que ha elaborado la asociación con la consultora especializada DeepView4P. Un informe que muestra la recuperación del empleo del sector en 2024, superando los 82.400 trabajadores y trabajadoras, pero que deja también patente un problema estructural: “Desde 2020 las importaciones de productos de países de fuera de Europa han crecido mucho, hay una clara deslocalización de la industria. A partir de 2021, las importaciones se disparan y la previsión es que sigan creciendo”, explica Isabel Goyena.
El estudio de Anaip analiza también el caso concreto del film estirable, uno de los productos más afectados por la llegada del impuesto a los envases plásticos no reutilizables. “Debido al efecto del impuesto, se han triplicado las importaciones de filmes desde 2023, especialmente desde tres países: Brasil, Egipto y Arabia Saudí”.
“Está claro que las importaciones suponen el mayor riesgo para nuestro sector”, concluyó la directora de Anaip, que avanzó un paso más en su diagnóstico: “Sin una industria fuerte en España y una demanda local sólida, no puede existir una verdadera economía circular de los plásticos.”.
El último ponente fue Álvaro Schweinfurth, director adjunto del departamento de internacional y organismos multilaterales de CEOE, que amplió el foco y habló del comercio internacional en el contexto actual. “En los años 90 y en los 2000 todos estábamos convencidos de que el comercio mundial se iba a regir por unas normas globales y que los conflictos se iban a resolver entre las propias empresas o con la mediación de organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio. Ahora estamos en una etapa diferente −explicó Schweinfurth− en la que impera el unilateralismo y el imperialismo”.
En este contexto, afirmó, la Unión Europea está cambiando su estrategia “para diversificar el comercio y potenciar cadenas de suministro alternativas que sean más resilientes y estén sometidas a normas que permitan garantizar el suministro”.
El presidente de Anaip, Luis Rodrigo, fue el encargado de cerrar el encuentro haciendo hincapié en la versatilidad de los productos plásticos y lo necesarios que son para nuestra sociedad: “El mundo no va a dejar de consumir productos plásticos; la pregunta es si los vamos a fabricar aquí o si acabaremos dependiendo de su producción en otros continentes. Si Europa deja de producir estos materiales y productos, su fabricación se trasladará a países con estándares ambientales menos exigentes y con una mayor huella de carbono, tanto por los procesos de fabricación como por el transporte posterior de los productos hasta Europa. Además, esta deslocalización industrial supondrá la pérdida de empleo de calidad y un duro golpe para muchas zonas de la España vaciada donde la industria del plástico sigue siendo motor económico y social”.
