Naciones Unidas pide más financiación para reducir el desperdicio de alimentos

Evitar el desperdicio o la pérdida de alimentos está ya en la agenda política de buena parte de los países, como España, que tramita en el Parlamento la aprobación de la primera ley para reducirlo. Y empieza a ser, también, una prioridad para las empresas y una exigencia de los consumidores. Hoy, 29 de septiembre, es el Día Mundial contra el Desperdicio Alimentario y desde Naciones Unidas instan a los gobiernos a ampliar la financiación para reducirlo, tal y como exige el artículo 12 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible
29 de septiembre de 2024, 08:11

El 29 de septiembre se conmemora en todo el mundo el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. Naciones Unidas estima que el 13% de los alimentos producidos se pierden entre la cosecha y la venta minorista. Y el 19% de la producción total de alimentos se desperdicia en los hogares, la restauración y el comercio al por menor.

“En un mundo en el que el número de personas afectadas por el hambre ha aumentado lentamente desde 2014, y en el que cada día se pierden o desperdician toneladas y toneladas de alimentos, es fundamental reducir las pérdidas y el desperdicio”, señalan en la organización coincidiendo con la conmemoración mundial.

El punto 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible contempla reducir a la mitad el desperdicio alimentario per cápita a nivel minorista y de consumo en 2030

Desperdiciar alimentos supone, además, desperdiciar todos los recursos que se utilizaron para producirlos, desde el agua, la tierra, la energía, la mano de obra y el capital. Sin olvidar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que generan en los vertederos, los efectos negativos para la seguridad alimentaria que conllevan y cómo pueden terminar provocando el incremento del coste de los propios alimentos.

En 2015, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecieron en el punto 12.3 la meta de reducir a la mitad el desperdicio alimentario per cápita a nivel minorista y de consumo y disminuir las pérdidas de alimentos a lo largo de las cadenas de suministros en el año 2030. Y solo faltan seis años para el plazo fijado para alcanzarlo.

Por ello este año, la ONU aprovecha la jornada para pedir más financiación para impulsar medidas a nivel mundial y local que contribuyan a agilizar este Objetivo. Estiman que se necesitarían entre 48.000 y 50.000 millones de dólares para costear proyectos efectivos para alcanzar el reto marcado en los ODS.

Y en este proceso consideran claves las innovaciones en tecnología alimentaria. Sobre todo, señalan en la organización internacional, “las plataformas de comercio electrónico para la comercialización y sistemas de elaboración de alimentos replegables y móviles”, así como nuevas prácticas y formas de elaborarlos.

La primera ley española

En España, el Parlamento está tramitando la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, la primera que aborda esta problemática en nuestro país. Los distintos grupos parlamentarios han planteado 278 enmiendas al proyecto de ley presentado por el Gobierno, pero el ejecutivo confía en contar con el respaldo suficiente para sacarla adelante antes de que termine 2024, según se expuso el pasado 5 de septiembre en el Comité de Dirección del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Desde el centro tecnológico Ainia han aprovechado la jornada de hoy para manifestar la necesidad de conseguir una mayor armonización y claridad de los conceptos de ‘desperdicio’ y ‘pérdida’ para garantizar una plena seguridad jurídica. Lo ha explicado José María Ferrer, responsable de Asuntos Regulatorios del centro tecnológico:

El proyecto de ley exige planes para evitar el desperdicio a los distintos agentes de la cadena alimentaria

“Es interesante valorar los planteamientos que apuntan en esa dirección para lograr una definición que comprenda la inmensa mayoría de los supuestos, siendo conscientes de que la casuística es muy extensa y resultará prácticamente imposible reflejar todas y cada una de las distintas situaciones que podrían darse o considerarse susceptibles de pérdida de alimentos o generación de desperdicio alimentario”.

El proyecto de ley prima la prevención para evitar el desperdicio frente a otras medidas por parte de todos los agentes de la cadena alimentaria, y exige planes que contemplen cómo evitarlos. Por otra parte, establece una jerarquía de prioridades para dar otros usos a los alimentos susceptibles de ser desperdiciados.

Entre las obligaciones, prioriza el consumo humano como primera salida a los alimentos que van a desecharse. Bien a través de donaciones o la redistribución de los excedentes. Y para ello, los agentes de la cadena alimentaria deberán suscribir convenios de colaboración con otras empresas o entidades de iniciativa social o bancos de alimentos, en los que especifiquen las condiciones de recogida, transporte y almacenamiento de los productos. Todos, excepto los establecimientos con una superficie útil de exposición y venta al público inferior o igual a 1.300 metros cuadrados.

También contempla el impulso a la venta de productos de consumo preferente o de caducidad próxima. Cuando esto no sea posible, la ley contempla la transformación de los alimentos que no se hayan vendido y se mantengan en condiciones aceptables para su consumo. Por ejemplo, dándoles otros usos como la elaboración de mermeladas o zumos, piensos para animales o compost para abonar la tierra o para biocombustibles.

Y, entre otras medidas, exige al sector hostelero que facilite a sus clientes el que puedan llevarse los alimentos que no hayan consumido en los restaurantes.

El texto que debe aprobar el Congreso prevé un régimen sancionador, pero José María Ferrer considera que “el factor conciencia social es fundamental para lograr la disminución progresiva de las pérdidas y el desperdicio alimentario. La regulación ha de incentivar buenas prácticas y medidas que fomenten una reducción progresiva de las pérdidas y el desperdicio alimentario, consiguiendo en consecuencia una reducción de los residuos alimentarios y apoyando la construcción de un sistema alimentario más resiliente”.

A nivel europeo también existe una Plataforma sobre Pérdidas y Desperdicio de Alimentos y la Estrategia de la Granja a la Mesa también contempla recomendaciones para prevenir la pérdida de alimentos.

El desperdicio alimentario en España

El número de hogares que no desperdició ningún alimento aumentó un 4,4% en 2023 respecto al año anterior. Un dato que confirma la tendencia positiva y decreciente del desperdicio a largo plazo si se compara con ejercicios anteriores, según los datos del ‘Informe del Desperdicio Alimentario en España 2023’ del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. En 2023, los hogares españoles desperdiciaron un 13,2% menos que en el año 2020.

La cifra global (desperdicio dentro y fuera de casa) alcanzó el pasado año los 1.214,76 millones de kilos/litros, un 1,1% más que en el año anterior. De esa cantidad, 1.183,42 millones de kg/l se desperdiciaron dentro del hogar.

Luis Planas ha destacado que el Ministerio continuará trabajando para que ese porcentaje se reduzca, porque ‘Aquí no se tira nada’, como reza la campaña institucional para evitar el despilfarro de alimentos. A la vez, ha resaltado el importante papel que jugará la futura Ley de Prevención de Pérdidas y Desperdicio Alimentario, que se encuentra actualmente en trámite parlamentario.

Según el último informe 2023 sobre desperdicio alimentario, los productos sin elaborar, tirados tal cual se compraron, representan un 76,4% del total, frente a los platos cocinados desperdiciados (el 23,6%). Aun así, el desperdicio de estos últimos aumenta más de 2 puntos con respecto al año anterior.

En lo referente a alimentos, durante el año 2023 se observó un mejor aprovechamiento de frutas, hortalizas y pasta –28.520 kilos menos de desperdicio– frente a la leche y derivados lácteos, legumbres y carnes fresas –4.920 kilos más de desperdicio–.

Además, el desperdicio fuera del hogar (31,34 millones de kg/l) se redujo un 0,4% durante 2023. Continúa así el rumbo decreciente observado desde el año 2021. De igual forma, el porcentaje de consumidores que desperdiciaron fuera del hogar disminuyó un 4,7% respecto al año anterior.

Una tendencia que, según el informe, se debe al cambio de hábitos de los españoles. Ejemplos de ello son el auge del teletrabajo, aprovechar mejor los alimentos por la subida de los precios y una mayor conciencia de la sociedad que conlleva a una mejor planificación de los menús.

Un compromiso de todos

La cadena alimentaria se muestra comprometida con la reducción del desperdicio y algunos sectores reivindican su contribución, como el sector de los platos preparados. Desde la Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados (Asefapre), destacan como las nuevas tecnologías para la producción de la comida preparada han permitido alargar la vida útil de sus productos y con ello optimizar la planificación de su consumo.

Álvaro Aguilar, su secretario general, asegura que las empresas del sector “trabajan activamente en la mejora de sus procesos logísticos, implementando soluciones tecnológicas que optimizan la cadena de suministro y minimizan el desperdicio en todas las etapas de producción y distribución”.

Sin olvidar “la flexibilidad que ofrecen los platos preparados para ajustar las raciones a las necesidades específicas de cada situación, ya sea una comida rápida individual, un plato para compartir, o una opción diseñada para varias personas. De esta manera, se disminuye el riesgo de alimentos sobrantes que acaban desperdiciándose”. La organización recuerda en un comunicado que los hogares españoles desperdician casi 3 millones de toneladas de comida cada año, unos 61 kg por persona.

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