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“La industria agroalimentaria debe responder a las exigencias de sostenibilidad y digitalización”
La industria agroalimentaria es estratégica para España por su capacidad de proporcionar bienes esenciales a la población y contribuir a la necesaria autonomía estratégica. Cabe destacar su papel fundamental durante la pandemia (los únicos países en los que no se rompió la cadena de suministro alimentario durante la pandemia fueron Canadá y España) y debe seguir ejerciéndolo también en estos tiempos de transformación e incertidumbre.
Además, la industria agroalimentaria incide en múltiples campos como la cultura, el paisaje, la gastronomía o las tradiciones, y es una fuente de empleo fundamental, impulsando la actividad económica en el medio rural, algo que permite a su vez la existencia de oportunidades de empleo en este ámbito que fomentan y contribuyen a la lucha contra el reto demográfico y la preservación medioambiental. España se sitúa como la octava potencia mundial agroalimentaria y las exportaciones tienen como resultado un balance comercial positivo, que de forma continuada se viene manteniendo todos los años.
En este contexto, la industria agroalimentaria debe responder, al igual que el resto de sectores industriales, a las exigencias de sostenibilidad y digitalización en la producción de alimentos por parte del consumidor.
Desde el Ministerio de Industria y Turismo (MINTUR) se impulsa la transformación de la industria agroalimentaria desde varios instrumentos, de manera recurrente desde hace años. La línea de préstamos ‘Agroinnpulso’ de Enisa es un ejemplo de ello. Desde 2021 ya se han aprobado 170 pólizas por valor de cerca de 30 millones de euros. Más recientemente, en 2022, se aprobó el PERTE Agroalimentario, con la finalidad de promover una transformación de la cadena de valor de esta industria. Los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE) son una nueva figura de colaboración público-privada. En ellos se engloban proyectos tractores con un impacto transformador estructural sobre sectores estratégicos o con fases de investigación e innovación disruptivas y ambiciosas, más allá del estado de la técnica en el sector.
Su primer Eje, cuya ejecución corresponde a MINTUR, tiene por finalidad principal el fortalecimiento de la industria agroalimentaria para mejorar de manera innovadora sus procesos de producción a fin de ganar competitividad, que sean más sostenibles y que aseguren la trazabilidad de la producción de alimentos. Se ha optado por los proyectos en cooperación para promover la transferencia tecnológica entre participantes de modo que se eleve el nivel tecnológico del tejido industrial constituido principalmente por pymes. Se han identificado tres bloques: la competitividad, la sostenibilidad y la trazabilidad y seguridad alimentaria. Los proyectos se han de enfocar en la mejora de los procesos en estas áreas o bloques, para una cadena de valor en el campo de la fabricación.
Este Eje se dotó con 310 millones de euros en forma de subvención y de 200 millones en forma de préstamos blandos. Se han presentado 22 proyectos tractores con 336 entidades que atienden a las diferentes cadenas de valor de la industria agroalimentaria. Tras la evaluación, se han aprobado 13 proyectos tractores, a ejecutar por 224 empresas. La inversión y gasto financiable es de 346,3 millones de euros con un apoyo concedido muy mayoritariamente en forma de subvención (161,6 millones de euros) frente a 19,9 millones en forma de préstamo.
Las empresas en consorcio colaboran estrechamente con centros tecnológicos y universidades, para que los expertos en la investigación las acompañen y asuman con ellas el riesgo que conllevan los proyectos de investigación, dándoles el soporte necesario y el conocimiento y seguridad para que esta investigación se traduzca en resultados positivos para las empresas, con una amplia apuesta por la innovación, que finalmente se extenderá al conjunto de la industria agroalimentaria.
Además, las actividades a realizar por los proyectos tractores tienen gran capacidad de arrastre sobre el sector primario de materias primas de origen local, por ejemplo, leche, porcino y cítricos. Gran parte de las industrias están localizadas en entornos rurales, siendo su fuente principal de materias primas los cultivos y las granjas de proximidad.
Junto con la gestión y pagos a los beneficiarios de la primera edición del PERTE, se está trabajando en la muy próxima publicación de la segunda edición atendiendo a la curva de aprendizaje derivada del primer PERTE, tanto de las empresas interesadas como de la propia Administración responsable de la gestión.
Para terminar, no quisiera acabar sin reafirmar que en la actual estrategia española de impulso de la industria se pretende fomentar, como objetivo último, la competitividad y el peso del sector industrial en nuestra economía. Y esto pasa por conseguirlo, entre otros, en el sector agroalimentario. En esto estamos.
