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El sector alimentario representa el 5% de la inversión nacional en I+D+i
El proyecto de innovación colaborativa para la transferencia e implantación de tecnología en la industria agroalimentaria impulsado por CNTA, Eatex Food Innovation Hub, ha presentado este miércoles su informe ‘Horizonte 2035: Hoja de ruta para la innovación en la industria alimentaria’, un estudio que analiza el estado actual de la innovación en este sector en España. Además de poner sobre la mesa los desafíos y oportunidades a los que se enfrentan las empresas del sector en su labor de I+D+i, el informe también propone un conjunto de medidas orientadas a acelerar la innovación y fortalecer la competitividad del sector a nivel global.
El evento, inaugurado por el director de CNTA, Héctor Barbarin, con un mensaje alentador, apostando por “un futuro más innovador”, ha contado con la participación de representantes de empresas, asociaciones empresariales, entidades públicas, centros tecnológicos y consultoras. Durante la jornada, se han analizado los factores que afectan a la innovación en el sector y se han planteado buenas prácticas para impulsarla.
La presentación del informe también ha contado con la presencia de representantes del ámbito institucional como Elisa Rivera, directora General de Planificación, Coordinación y Transferencia del Conocimiento del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU); Isabel Bombal, directora general de Desarrollo Rural, Innovación y Formación Agroalimentaria del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA); y Juan Luis García Martín, consejero de Universidad, Innovación y Transformación Digital del Gobierno de Navarra, quienes mostraron su apoyo a la iniciativa y se encargaron de clausurar el acto. Tanto MICIU como Gobierno de Navarra son cofinanciadores de esta iniciativa, que se ha llevado a cabo en el marco del Plan Complementario de Agroalimentación Agroalnext, financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU.
El sector alimentario destina solo el 0,5% de su facturación a innovar
Silvia García, directora de Eatex Food Innovation Hub ha sido la encargada de presentar los datos clave del informe sobre la inversión en I+D+i en la industria alimentaria. “En España, esta cifra asciende a 745 millones de euros, lo que representa un 5% de la inversión total en innovación a nivel nacional”, que alcanza 22.379 millones de euros, el 1,49% del PIB. “El sector destina aproximadamente un 0,5% de su cifra de negocio a la innovación, un porcentaje inferior al de otros países punteros en este sector como los Países Bajos, donde la inversión oscila entre el 1% y el 2%”, ha destacado.
Según otros estudios de mercado, la innovación agroalimentaria se centra principalmente en el desarrollo de productos (72%), con un enfoque prioritario en el lanzamiento de nuevas gamas y reformulaciones, mientras que un 11% se destina a la mejora de procesos. “La inversión en prácticas sostenibles es más reducida, alcanzando apenas el 6%, lo que evidencia la necesidad de acelerar la transición hacia modelos más responsables y eficientes”.
Según datos del MICIU, en 2022 se solicitaron 1.791 patentes, principalmente desde universidades españolas, y se suscribieron 266 acuerdos de explotación. Sin embargo, los ingresos generados apenas alcanzaron los 20 millones de euros a nivel nacional, una cifra muy alejada de la inversión total del sector en I+D+i y de los referentes europeos y estadounidenses. En cuanto al ecosistema emprendedor, en 2024 España cuenta con 155 startups activas en el sector alimentario, lo que representa un crecimiento superior al 15% respecto al año anterior. Este dinamismo en el sector emprendedor “es una señal positiva, pero también pone de manifiesto la necesidad de seguir fortaleciendo el entorno innovador”.
Mejorar la colaboración externa y la transferencia tecnológica, una necesidad patente
El apartado sobre la explotación de los resultados de la investigación pone de manifiesto que en materia de transferencia de conocimientos “aún existe un amplio margen de mejora para orientar el esfuerzo de investigadores y tecnólogos hacia el mercado y garantizar que llegue de forma efectiva a las empresas”. Esta ha sido una de las ideas centrales de la primera mesa redonda, titulada ‘¿Qué nos dicen los datos?’, en la que han intervenido Eduardo Cotillas, director de I+D+i de FIAB; Jorge Barrero, director general de COTEC; José Luis Cabañero, fundador y CEO de Eatable Adventures; Catalina Martínez, científica titular del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y Aureo Díaz-Carrasco, director gerente de FEDIT.
Jorge Barrero ha abierto el turno de intervenciones, señalando que “todas las definiciones de innovación tienen tres elementos en común: el cambio, el conocimiento y el valor. Nosotros decimos que innovación es todo cambio basado en conocimiento que aporta valor”. Para el desarrollo de esa actividad innovadora, Eduardo Cotillas ha incidido en la conveniencia de la colaboración público-privada y ha recordado que “la mitad de los socios de Food4Life son pymes”, para las que la cooperación con centros tecnológicos y universidades es una buena opción para “abordar la innovación en entornos arriesgados, como es el proyecto de Eatex Food Innovation Hub”. Un mensaje en el que ha insistido también Aureo Díaz Carrasco, al señalar que, aunque aún son pocas, cada vez “hay más empresas que tienen muy claro que necesitan un socio externo que les ayude a mejorar ese componente de innovación”, ya que “el alimentario es el tercer sector donde más ingresos declaran los centros tecnológicos”. Por su parte, Catalina Martínez ha aportado que además de esta colaboración externa, “es necesario también mejorar la capacidad científica interna, debe haber más tecnólogos e investigadores en las empresas, no solo en los centros públicos”.
En este debate, José Luis Cabañero ha puesto la nota comparativa entre la situación en España y otros países, señalando que mientras fuera “el 60% de empresas de nueva creación que abordan los retos sistémicos, utilizan tecnología que proviene de universidades y de centros de investigación institucionales; en España, tenemos un modelo y una concepción de las startups, todavía clásico, sólo el 15% acuden a los centros tecnológicos”. Asimismo, ha señalado que es esencial avanzar para “convertir los desarrollos científicos en tecnología aplicable a la industria agroalimentaria”, y ha ha apuntado que, actualmente, “es difícil llevar la propiedad intelectual al mercado”.
Demanda de políticas que cierren las brechas en I+D+i
A continuación, Cecilia Wolluschek, responsable de Ecosistema y Alianzas de Eatex Food Innovation Hub, ha ofrecido un breve DAFO del estado de la innovación, en base a los resultados del informe, que destaca varios desafíos estructurales que limitan la competitividad global del sector. Entre ellos ha las barreras regulatorias y burocráticas, el déficit de financiación tanto en infraestructuras y tecnologías pioneras como en las etapas de escalado e industrialización, y la desconexión entre la investigación y la industria. No obstante, el sector cuenta con oportunidades clave para impulsar su desarrollo. El auge de la demanda de alimentos sostenibles, la transición hacia la economía circular y la digitalización están redefiniendo el mercado y abriendo nuevas vías de crecimiento. Además, España dispone de una infraestructura de investigación consolidada, una amplia red de centros tecnológicos y plataformas de colaboración que fortalecen su ecosistema innovador.
Entre las medidas planteadas en la hoja de ruta, se plantea un plan específico para modernizar el sector primario, mejorando modelos de gestión, tecnificación e incentivos para fomentar un sector más competitivo y resiliente. Asimismo, se incluye la necesidad de implementar políticas que cierren las brechas en I+D+i, impulsar la transferencia de tecnologías y promover un compromiso con la sostenibilidad. La financiación debe ser prioritaria en todas las fases del proceso innovador, desde la ideación hasta la implementación industrial, y debe ser más accesible y flexible para responder a las necesidades y características de todos los actores, sin olvidar PYMES y startups.
Además, la colaboración debe intensificarse entre empresas, centros de investigación, startups y administraciones públicas para maximizar los recursos y acelerar el desarrollo tecnológico. Se destaca la importancia de crear un ecosistema robusto de empresas tecnológicas y fomentar el emprendimiento mediante incentivos específicos y marcos regulatorios adaptados.
Por último, el informe subraya que la innovación debe integrarse en la educación y la cultura empresarial, promoviendo valores como la creatividad, la iniciativa y la tolerancia al riesgo. La formación del talento y la concienciación social sobre la importancia de la I+D+i serán claves para construir un sector alimentario dinámico, resiliente y con proyección de futuro.
Muchos de estos desafíos se han abordado también en la segunda mesa redonda bajo el título ‘Innovación en acción’, en la que han intervenido exponiendo los ejemplos de sus compañías: Marta Fernández-Golfin, Head of Innovation EMEA de Grupo Bimbo; Inés Sagrario, CEO y Cofundadora de Ekonoke; Ángel Alba, fundador de Innolandia, y Alejandro González, director de Innovación, Calidad, N&S e I+D de Grupo Calidad Pascual. Todos ellos coincidieron en el beneficio de buscar colaboración externa para un mejor desarrollo de la innovación en las empresas, la necesidad de una regulación que permita utilizar la investigación que se realiza entre países y “ser humildes para ver lo que se hace fuera”.
Como conclusión, de la jornada, Silvia García de la Torre, directora de Eatex Food Innovation Hub, ha declarado que “nuestro país tiene la capacidad de consolidarse como un referente global en innovación en áreas como la reducción del impacto ambiental, la adaptación a las nuevas tendencias de mercado, la alimentación saludable y la economía circular”. De este modo, “la hoja de ruta presentada hoy es un llamamiento a la acción para todos los actores involucrados, con una visión constructiva y colaborativa, para avanzar hacia ese objetivo”.
Mejorar la colaboración externa y la transferencia tecnológica, una necesidad patente
El apartado sobre la explotación de los resultados de la investigación pone de manifiesto que en materia de transferencia de conocimientos “aún existe un amplio margen de mejora para orientar el esfuerzo de investigadores y tecnólogos hacia el mercado y garantizar que llegue de forma efectiva a las empresas”. Esta ha sido una de las ideas centrales de la primera mesa redonda, titulada ‘¿Qué nos dicen los datos?’, en la que han intervenido Eduardo Cotillas, director de I+D+i de FIAB; Jorge Barrero, director general de COTEC; José Luis Cabañero, fundador y CEO de Eatable Adventures; Catalina Martínez, científica titular del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y Aureo Díaz-Carrasco, director gerente de FEDIT.
Jorge Barrero ha abierto el turno de intervenciones, señalando que “todas las definiciones de innovación tienen tres elementos en común: el cambio, el conocimiento y el valor. Nosotros decimos que innovación es todo cambio basado en conocimiento que aporta valor”. Para el desarrollo de esa actividad innovadora, Eduardo Cotillas ha incidido en la conveniencia de la colaboración público-privada y ha recordado que “la mitad de los socios de Food4Life son pymes”, para las que la cooperación con centros tecnológicos y universidades es una buena opción para “abordar la innovación en entornos arriesgados, como es el proyecto de Eatex Food Innovation Hub”. Un mensaje en el que ha insistido también Aureo Díaz Carrasco, al señalar que, aunque aún son pocas, cada vez “hay más empresas que tienen muy claro que necesitan un socio externo que les ayude a mejorar ese componente de innovación”, ya que “el alimentario es el tercer sector donde más ingresos declaran los centros tecnológicos”. Por su parte, Catalina Martínez ha aportado que además de esta colaboración externa, “es necesario también mejorar la capacidad científica interna, debe haber más tecnólogos e investigadores en las empresas, no solo en los centros públicos”.
En este debate, José Luis Cabañero ha puesto la nota comparativa entre la situación en España y otros países, señalando que mientras fuera “el 60% de empresas de nueva creación que abordan los retos sistémicos, utilizan tecnología que proviene de universidades y de centros de investigación institucionales; en España, tenemos un modelo y una concepción de las startups, todavía clásico, sólo el 15% acuden a los centros tecnológicos”. Asimismo, ha señalado que es esencial avanzar para “convertir los desarrollos científicos en tecnología aplicable a la industria agroalimentaria”, y ha ha apuntado que, actualmente, “es difícil llevar la propiedad intelectual al mercado”.
Demanda de políticas que cierren las brechas en I+D+i
A continuación, Cecilia Wolluschek, responsable de Ecosistema y Alianzas de Eatex Food Innovation Hub, ha ofrecido un breve DAFO del estado de la innovación, en base a los resultados del informe, que destaca varios desafíos estructurales que limitan la competitividad global del sector. Entre ellos ha las barreras regulatorias y burocráticas, el déficit de financiación tanto en infraestructuras y tecnologías pioneras como en las etapas de escalado e industrialización, y la desconexión entre la investigación y la industria. No obstante, el sector cuenta con oportunidades clave para impulsar su desarrollo. El auge de la demanda de alimentos sostenibles, la transición hacia la economía circular y la digitalización están redefiniendo el mercado y abriendo nuevas vías de crecimiento. Además, España dispone de una infraestructura de investigación consolidada, una amplia red de centros tecnológicos y plataformas de colaboración que fortalecen su ecosistema innovador.
Entre las medidas planteadas en la hoja de ruta, se plantea un plan específico para modernizar el sector primario, mejorando modelos de gestión, tecnificación e incentivos para fomentar un sector más competitivo y resiliente. Asimismo, se incluye la necesidad de implementar políticas que cierren las brechas en I+D+i, impulsar la transferencia de tecnologías y promover un compromiso con la sostenibilidad. La financiación debe ser prioritaria en todas las fases del proceso innovador, desde la ideación hasta la implementación industrial, y debe ser más accesible y flexible para responder a las necesidades y características de todos los actores, sin olvidar PYMES y startups.
Además, la colaboración debe intensificarse entre empresas, centros de investigación, startups y administraciones públicas para maximizar los recursos y acelerar el desarrollo tecnológico. Se destaca la importancia de crear un ecosistema robusto de empresas tecnológicas y fomentar el emprendimiento mediante incentivos específicos y marcos regulatorios adaptados.
Por último, el informe subraya que la innovación debe integrarse en la educación y la cultura empresarial, promoviendo valores como la creatividad, la iniciativa y la tolerancia al riesgo. La formación del talento y la concienciación social sobre la importancia de la I+D+i serán claves para construir un sector alimentario dinámico, resiliente y con proyección de futuro.
Muchos de estos desafíos se han abordado también en la segunda mesa redonda bajo el título ‘Innovación en acción’, en la que han intervenido exponiendo los ejemplos de sus compañías: Marta Fernández-Golfin, Head of Innovation EMEA de Grupo Bimbo; Inés Sagrario, CEO y Cofundadora de Ekonoke; Ángel Alba, fundador de Innolandia, y Alejandro González, director de Innovación, Calidad, N&S e I+D de Grupo Calidad Pascual. Todos ellos coincidieron en el beneficio de buscar colaboración externa para un mejor desarrollo de la innovación en las empresas, la necesidad de una regulación que permita utilizar la investigación que se realiza entre países y “ser humildes para ver lo que se hace fuera”.
Como conclusión, de la jornada, Silvia García de la Torre, directora de Eatex Food Innovation Hub, ha declarado que “nuestro país tiene la capacidad de consolidarse como un referente global en innovación en áreas como la reducción del impacto ambiental, la adaptación a las nuevas tendencias de mercado, la alimentación saludable y la economía circular”. De este modo, “la hoja de ruta presentada hoy es un llamamiento a la acción para todos los actores involucrados, con una visión constructiva y colaborativa, para avanzar hacia ese objetivo”.
