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Ecodiseño, revalorización o nuevas fuentes de proteína, claves en el futuro alimentario
La Memoria sobre sostenibilidad en la industria alimentaria presentada por el centro tecnológico AZTI analiza la actual situación del sistema alimentario, que consume el 70% del agua dulce mundial y emite el 24% de los gases de efecto invernadero, contribuyendo de manera directa al cambio climático; así como los retos inminentes y a más largo plazo a los que se enfrenta.
AZTI propone avanzar hacia un modelo de producción sostenible y equitativo basado en la ciencia
El principal: cómo alimentar a una población mundial que no deja de crecer y que en 2050 necesitará un 60% más de alimentos sin poner en riesgo el medio ambiente y la estabilidad económica y social global. Para abordarlo propone avanzar hacia un modelo de producción sostenible y equitativo de alimentos que se base en la ciencia.
“El camino hacia una industria alimentaria sostenible requiere digitalización, trazabilidad, innovación y, sobre todo, priorizar a las personas: desde quienes trabajan en el sector hasta las personas consumidores, cuyas decisiones impactan directamente en toda la cadena alimentaria” ha señalado Jaime Zufía, coordinador del área de procesos eficientes y sostenibles de AZTI.
Las estrategias propuestas
Entre las estrategias que propone la Memoria, se encuentra impulsar el ecodiseño y el análisis del ciclo de vida de los productos para evaluar y minimizar los impactos en todas las fases de la cadena, desde la extracción de materias primas hasta el fin de la vida útil.
Insectos, microalgas, descartes pesqueros o carne cultivada son claves para incrementar la producción de alimentos
Los criterios ambientales también incluyen prevenir los impactos antes de que ocurran, adoptando planes de ecoeficiencia que permitan reducir el uso de recursos naturales y energéticos y minimicen los desechos generados durante los procesos de producción.
“La economía circular se presenta como una de las soluciones más prometedoras”. AZTI destaca ejemplos de éxito en esta línea, como la reutilización de posos de café para alimentación ganadera o el aprovechamiento de residuos del sector cervecero en acuicultura, “lo que demuestra el potencial de los subproductos como recursos valiosos”.
El informe recuerda que solo en la Unión Europea se desperdician 591 millones de toneladas de alimentos cada año, lo que equivale a 131 kilos por habitante. “Este fenómeno no solo genera graves efectos sociales y económicos, sino que también provoca un impacto ambiental significativo, ya que el desperdicio alimentario representa 254 millones de toneladas de CO2, lo que equivale al 16% de las emisiones totales del sistema alimentario europeo”, explican desde el centro tecnológico.
La búsqueda de nuevas fuentes de proteínas alternativas, como los insectos, las microalgas, los descartes pesqueros o la carne cultivada son también claves para incrementar la producción de alimentos de un modo más sostenible, así como el impulso de la producción local y de proximidad para reducir la huella ambiental asociada al transporte, contribuyendo además a fortalecer las comunidades.
Sensibilizar sobre los riesgos a los consumidores y empoderarlos facilitándoles información clara y accesible en los puntos de venta, también “es fundamental para que la ciudadanía pueda tomar decisiones responsables que generen un impacto positivo en toda la cadena alimentaria”, subrayan en AZTI.
