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Itene optimiza materiales para envasar verduras y platos preparados
El proyecto Compolist, liderado por el centro tecnológico Itene, ha permitido optimizar las propiedades de materiales plásticos compostables para su aplicación en envases de verduras frescas listas para consumo y de platos preparados de arroz; además de validar la seguridad alimentaria y la compostabilidad de estas soluciones
El proyecto Compolist se enmarca en la línea de trabajo del centro tecnológico Itene enfocada al desarrollo de nuevos materiales sostenibles y avanzados que puedan procesarse en equipamientos convencionales del sector del envase y embalaje.
“El objetivo ha sido la obtención de materiales compostables para aplicaciones de packaging en las que no se emplean estas soluciones o en las que no se dispone de materiales sostenibles que ofrezcan las mismas funcionalidades que los convencionales”, ha explicado María José Jiménez, la responsable del proyecto.
La solución ofrece una gran sellabilidad para mantener la integridad del producto y un coeficiente de fricción adecuado
A lo largo del proyecto, financiado por el Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial ( Ivace), han conseguido optimizar formulaciones para obtener demostradores para un envase flexible y rígido, mediante la tecnología de mezclado en fundido con configuraciones de husillo a medida. En los laboratorios de Itene, autorizados por ENAC para realizar las cuatro fases de las que constan los ensayos, se ha verificado la compostabilidad.Los investigadores han conseguido, por extrusión soplado a escala industrial, un film flexible compostable a nivel doméstico para el envasado de productos IV gama, como espinacas y ensalada, entre otras verduras troceadas, que mantiene la vida útil en condiciones similares a las de materiales convencionales, gracias a las propiedades barrera adaptadas a cada tipo de producto. Los ensayos se realizaron en las instalaciones de la empresa Inplasba.
Además, la solución ofrece una gran sellabilidad para mantener la integridad del producto y un coeficiente de fricción adecuado para su uso en equipos de envasado industriales.El centro tecnológico tiene previsto validarlo también para el envasado de otros alimentos, como derivados del cacao, congelados, bollería y frutos secos en colaboración con empresas del sector de la alimentación.
Platos preparados
En el mismo proyecto Compolist se ha desarrollado una bandeja inyectada compostable con una resistencia térmica mejorada, que se ha validado a escala industrial para el envasado de platos preparados de arroz. El material ofrece también propiedades barrera mejoradas y permite que los productos envasados puedan alcanzar una vida útil similar a la actual. “Se ha evaluado también su resistencia mecánica, obteniendo buena resistencia al apilamiento y a posibles caídas sin sufrir desperfectos”, indican en Itene.Se ha obtenido una buena resistencia al apilamiento y a posibles caídas sin sufrir desperfectos
Sobre esta solución, María José Jiménez ha explicado que “en general, los materiales compostables no son aptos para envasado en caliente porque se deforman con el incremento de la temperatura. Sin embargo, mediante la mejora de la resistencia térmica, se ha logrado que estos envases no se vean afectados al calentarse en el microondas”.Para validar estos resultados en condiciones industriales reales, el centro tecnológico contó la colaboración de la compañía Sarabia Pack, en cuyas instalaciones se fabricaron las bandejas, y de FoodVAC, que se encargó del envasado de arroz preparado.
Otros proyectos
En esta misma línea de investigación, el centro tecnológico ha desarrollado otros proyectos que han permitido obtener soluciones innovadoras para mejorar el packaging en la industria alimentaria en el último año. Todos ellos financiados también por fondos Feder a través del Ivace.Con el proyecto Recypet han desarrollado nuevos procesos biológicos (despolimerización enzimática) y químicos (despolimerización química) que permiten recuperar residuos de envases multicapa, monocapa y coloreados de plástico PET (tereftalato de polietileno) que hasta ahora eran difíciles de reciclar mecanicamente o no podían reciclarse.
O el proyecto Valocel, que ha permitido mejorar la aplicación en packaging alimentario de papel reciclado y obtener un biopolímero de origen microbiano (celulosa bacteriana) mediante la valorización de residuos de naranja.
