La industria láctea propone ocho medidas para reforzar su autonomía y atajar el déficit de abastecimiento

La Federación Nacional de Industrias Lácteas, Fenil, presenta su “Radiografía de la Industria láctea: motor nutricional, territorial y económico”, un informe donde ponen en valor el valor esencial de sus productos, y donde señalan la “alarma” por el incremento exponencial de las importaciones. Un 30% de la demanda interna se cubre con productos procedentes de otros mercados, siendo el queso la categoría clave: “Tenemos un consumo en España que está muy por encima de la producción de leche que tenemos en el país”
4 de noviembre de 2026, 15:00

Reforzar la industria láctea es reforzar la autonomía alimentaria de España. Ese es el lema que ha planteado Fenil, Federación Nacional de Industrias Lácteas, durante la exposición de la Radiografía de la Industria Láctea: motor nutricional, territorial y económico. Se trata de un minucioso informe elaborado por la patronal para evaluar el impacto del sector en nuestro país, a cuya presentación ha acudido Tecnifood.

Dicha investigación establece una serie de ocho conclusiones, fruto del análisis integral del sector, si bien destaca una por encima del resto. Aun tratándose de un sector que ejerce efecto “tractor” en la industria alimentaria, cuyos beneficios nutricionales quedan fuera de toda duda con el respaldo científico, se encuentra en una situación complicada que deriva de la alta demanda: mientras que la producción se mantiene estable en los últimos años, el consumo ha dado un salto y provoca un desequilibrio.

Una alerta ante la progresión de las importaciones

La industria láctea propone ocho medidas para reforzar su autonomía y atajar el déficit de abastecimiento

“Tenemos un problema de abastecimiento. Hay un consumo muy por encima de la producción de leche del país, y no somos capaces de abastecer con la industria española. Es la alerta que nos anima a esta radiografía. Debemos tener cuidado: a medida que pasa el tiempo, tenemos una dependencia exterior mayor”, advierte Javier Roza, presidente de Fenil. “España es un país netamente exportador de productos agroalimentarios. Es el tercero de Europa, pero está muy enfocado al sector porcino, al aceite de oliva y otros sectores muy importantes, pero no en el caso de los lácteos”; añade, para explicar la situación, que centra la atención de un trabajo exhaustivo que abarca de forma integral el sector.

La fuerte dependencia de las importaciones se concreta en datos: un 30% de la demanda interna se cubre con productos procedentes de otros mercados, lo que convierte a España en el estado de la UE más deficitario en este ámbito. “Tenemos un consumo en España que está muy por encima de la producción de leche que tenemos en el país”. Alemania, Francia y Países Bajos, productores “excedentarios” en lo que a leche se refiere, son los principales exportadores para España; en especial, de queso, el artículo que más se trae a nuestro país.

Esa es la categoría que centra la preocupación de la asociación. Algo que se explica desde el puro nivel productivo: “Cuando consumimos un kilo de queso, para elaborarlo se necesitan ocho litros de leche. Y precisamente su demanda ha crecido muchísimo. Eso hace un efecto multiplicador en las necesidades de leche, para dar respuesta a esa demanda”.

Durante 2025, España importó 434.844 toneladas y exportó 131.696 toneladas, lo que refleja esa discrepancia. No solo eso, pues a tenor de las proyecciones que desde la asociación plantean, hay motivos para anticipar una situación de “alarma”: “Si la producción de leche sigue estable y el consumo creciera solo al 2%, este déficit llegaría al 46%”, pronostica Roza, que ve por otro lado un horizonte de posibilidades.

La alarma que plantea una oportunidad

Desde una perspectiva económica e industrial, existe margen para reforzar la producción y la transformación en España y aumentar el valor añadido dentro del país. El desarrollo del futuro de la industria pasa por reforzar la capacidad productiva nacional y avanzar hacia un mayor nivel. De autoabastecimiento, reduciendo progresivamente el peso relativo de las importaciones en categorías en las que exista capacidad para desarrollar una oferta competitiva.

Ahora bien, desde la federación plantean esta tesitura como un desafío para revertir la situación y crecer. “Estamos por debajo de la media en el consumo de queso de la UE, lo cual nos da oportunidad”, agregaba Luis Calabozo, director general de Fenil.

La innovación es una de las fortalezas que la industria láctea puede aprovechar. De acuerdo con los datos de la radiografía, los lanzamientos lácteos representaron el 13% de las innovaciones de gran consumo durante los últimos cuatro años, por encima del peso del sector en el valor de mercado, que se sitúa en torno al 10%. Además, alcanzaron una tasa de éxito del 50%, frente al 29% del promedio del gran consumo.

Esa capacidad de creación de valor se manifiesta en distintas categorías: la leche líquida sigue teniendo un papel primordial, con un consumo muy superior respecto al resto de la Unión Europea; además, las propuestas sin lactosa, enriquecidas, funcionales o con aditivo proteico añadido amplían las ocasiones de consumo. Los yogures y leches fermentadas también mantienen un nivel en línea con el de la comunidad económica europea, siendo el queso, por tanto, el principal motor de crecimiento a futuro. Propuestas como el cottage, saludable y con poca grasa, están experimentando un notable crecimiento y sirviendo como símbolo de las nuevas capacidades, como anteriormente lo han sido la mozzarella y la burrata.

Las ocho medidas para el crecimiento

Para favorecer una cadena competitiva, desde Fenil plantean ocho puntos clave:

- Reforzar la base productiva y el relevo generacional, facilitando la continuidad, modernización y crecimiento de las explotaciones viables y preservando los sistemas de recogida.
- Reducir las cargas burocráticas y favorecer la actividad rural, mediante simplificación administrativa, mejores condiciones fiscales y apoyo a la inversión.
- Mejorar el acceso al talento, la vivienda y los servicios, facilitando la incorporación de profesionales a explotaciones e industrias y el mantenimiento de actividad en los territorios rurales.
- Impulsar la modernización y la competitividad, apoyando la automatización, la digitalización, la eficiencia y el desarrollo de modelos productivos viables y competitivos.
- Proteger y promover el consumo de alimentos lácteos, especialmente entre los jóvenes, mediante información basada en evidencia científica y propuestas adaptadas a nuevos hábitos.
- Reforzar la internacionalización, ampliando los instrumentos de apoyo a las exportaciones y la apertura de mercados para los productos lácteos españoles.
- Favorecer la adquisición de escala empresarial, eliminando los límites a las explotaciones, siempre que cumplan con los requisitos de bienestar animal y medioambientales, e impulsando fórmulas de colaboración e integración que permitan ganar escala, invertir y mejorar la competitividad.
- Promover un pacto por la innovación con la distribución, que facilite el acceso al mercado y la consolidación de nuevos productos, incentivando la inversión industrial en I+D+i.

Un sector vertebrador, ordenado con sensatez

Más allá de la cuestión estratégica del abastecimiento, la radiografía sirve para comprobar que el sector cumple cinco de los seis grandes ejes indicados para una estrategia nacional de alimentación sensata: los lácteos son un ejemplo de alimentación saludable, trabajada en sistemas sostenibles, que a su vez priorizan y promueven proyectos de innovación, y que estimulan el tejido económico de las áreas rurales; y que, por último, dan suficiente información al consumidor.

La industria láctea propone ocho medidas para reforzar su autonomía y atajar el déficit de abastecimiento

En 2025, la industria alcanzó una cifra de negocio estimada de 15.888 millones de euros, con 1.577 empresas y 30.648 empleos industriales directos. Es la segunda mayor industria alimentaria española. Su actividad tiene además un importante efecto tractor sobre la producción ganadera, la logística, el transporte y las industrias auxiliares.

Su arraigo territorial refuerza esta contribución. La cadena integra a más de 14.800 ganaderos y una amplia red de recogida y transformación. Concretamente, el 55% de los centros lácteos se encuentra en municipios de menos de 5.000 habitantes, donde la actividad industrial contribuye a mantener empleo, inversión y tejido empresarial en el medio rural. Por otro lado, la industria láctea transforma diariamente una materia prima perecedera en una amplia diversidad de alimentos de consumo habitual y elevado interés nutricional, conectando la producción con los mercados y contribuyendo a garantizar el abastecimiento.

La penetración sigue siendo universal. En 2025, estuvieron presentes en el 100% de los hogares nacionales, 19,3 millones, 700.000 más que en 2022 y 148.000 más que en 2024. Además, estos productos representan 10 de cada 100 euros que se gastan en las economías domésticas en gran consumo, estando presentes en el 37% de las cestas de la compra. El gasto por hogar anual alcanzó un promedio de 529 euros, un 13% más que en 2022, con un aumento de la frecuencia de compra del 6%.

Estamos ante un producto esencial, defienden, por su capacidad nutritiva para todas las edades. De ahí, la reiteración de las tres raciones de lácteos al día para cubrir las necesidades nutricionales en las distintas etapas vitales, que marca la Fundación Española de la Nutrición; y la importancia de que las empresas reaccionen ante las necesidades de los distintos grupos de edad para mantener esa presencia.

“La leche y los lácteos son esenciales para una vida sana. Tienen grandes ventajas desde el punto de vista nutricional más allá de lo que implica ser fuente de calcio”, pone en valor Roza. “Hay un consenso científico total. Si solo pudiéramos tomar un alimento durante el resto de nuestra vida, seguramente los lácteos serían aquel con el que podríamos sobrevivir. Nuestra industria tiene una labor importantísima”. Tan importante como el reto que ahora tienen por delante.

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