Cómo impulsar el consumo de gusanos y otros alimentos alternativos

La actitud de los consumidores europeos ante los alimentos producidos a partir de proteínas alternativas como los guisantes, la colza, setas, krill o gusanos de la harina varía en función del país, de la edad y, también, de la base empleada para elaborarlos. Son las conclusiones de un estudio enmarcado en el proyecto europeo Like-A Pro, que busca impulsar el consumo de estos productos
11 de agosto de 2024, 08:09

Para muchos consumidores los alimentos y bebidas que combinan proteínas convencionales y alternativas son más sanos, más éticos y más respetuosos con el medio ambiente que los productos cárnicos, aunque esto no significa que estén dispuestos a comprar estos productos híbridos. Entre los daneses, que muestran una actitud muy positiva hacia los alimentos proteicos alternativos, solo el 46 % estaría dispuesto a carne híbrida, elaborada con carne de animales y vegetales.

Los datos se desprenden de un estudio realizado por la Universidad de Ciencias Sociales y Humanidades SWPS de Polonia, respaldado por Like-A Pro (From Niche to Mainstream - Alternative Proteins for Everybody and Everywhere), un proyecto financiado con fondos europeos que busca visibilizar y hacer más accesibles y aceptados los alimentos proteicos alternativos entre consumidores en Europa. Sus trabajos finalizarán en 2026.

El estudio se ha realizado a partir de investigaciones realizadas en ocho países: España, Alemania, Chequia, Dinamarca, Finlandia, Italia, Polonia y Reino Unido, durante las que se analizaron once bases de datos de revistas revisadas por expertos.

Diferencias por países y edad

El estudio refleja también diferencias relevantes entre países. En cualquier caso, los daneses, junto a los alemanes, son los más abiertos hacia este tipo de alimentos.

En el otro extremo, los consumidores de Chequia y Polonia son los que menos información tienen sobre los alimentos y bebidas elaborados a partir de proteínas alternativas. Y, por tanto, son también los menos dispuestos a consumirlos.

La producción local de un alimento proteico alternativo podría aumentar la probabilidad de que consumidores lo probaran

Hanna Zaleśkiewicz, autora principal del estudio y estudiante de doctorado en la Universidad SWPS, ofrece una explicación: “Estos patrones deben considerarse en el contexto de una ingesta persistentemente alta de carne (en comparación con las legumbres) per cápita en los años comprendidos entre 2018 y 2020 en países como Polonia”.

Diferencias también en función de la edad. En Alemania, el 73% de los jóvenes compran alimentos nuevos poco después de que estén disponibles (innovadores de alimentos) o después de pensárselo un poco (seguidores tempranos). Y solo entre un 24% y un 36% de los jóvenes de Chequia, Eslovaquia y Polonia están dispuestos a hacerlo.

El equipo investigador, sin embargo, no ha apreciado grandes diferencias teniendo en cuenta otros factores como el entorno rural o urbano, aunque en grandes ciudades como París y Helsinki sí hay una actitud más positiva hacia estos alimentos alternativos.

“Por ejemplo, los parisinos consumen más alimentos proteicos alternativos a base de algas que otras ciudades francesas, probablemente debido a la gran población asiática de París. Por último, en el estudio se demostró que la producción local de un alimento proteico alternativo podría aumentar la probabilidad de que las personas lo probaran”, destacan en el estudio.

Alimentos a base de insectos

La mayor novedad de los últimos años la han protagonizado los alimentos basados en proteína obtenida de insectos. También en el norte de Europa estos productos cuentan con mayor aceptación que en el este o en el sur del continente.

En Finlandia y Suecia son más abiertos respecto a estos alimentos que los checos y alemanes. Solo el 18 % y el 22 % de los consumidores británicos y españoles están dispuestos a comprarlos. Y los italianos todavía se muestran muy reacios a probarlos.

“La cultura alimentaria y los patrones de alimentación en el norte de Europa podrían haber cambiado en las últimas décadas, mientras que la cultura alimentaria italiana se considera una de las más sólidas de Europa, con más de doscientos productos alimenticios en los que la carne desempeña un papel importante”, explica Zaleśkiewicz.

El estudio sugiere que las diferencias apreciadas requieren distintos mensajes para promover el consumo de alimentos proteicos alternativos en las distintas regiones y europeas y dependiendo del colectivo al que se dirijan. Y todos teniendo en cuenta factores motivacionales como la salud y los beneficios relacionados con el medio ambiente y el bienestar animal.

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