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A pesar de que la evidencia científica avala que los alimentos no son vía de transmisión del virus SARS-Cov-2, la seguridad alimentaria ha pasado a ser este último año una de las prioridades del consumidor. La pandemia ha provocado cambios muy significativos en hábitos de compra y consumo, y también en la percepción respecto a los riesgos alimentarios. Ahora, la gestión eficaz de la seguridad alimentaria en los procesos productivos es básica para generar mayor confianza en los consumidores, que valoran especialmente la transparencia, la integridad y el conocimiento. Pero para la industria alimentaria, siempre en continua evolución, el riesgo cero no existe, y como ejemplo se puede señalar el óxido de etileno que este año ha sido responsable de la alerta europea más preocupante